Homenaje a la rutina

La rutina, ¿recordáis?, es lo que siempre queríamos dejar atrás. La expresión utilizada era:

Escapa de la rutina.

Y luego nos vendían un coche. O cualquier otro producto.

Sin embargo, cuando nos han quitado la rutina, nos hemos desorientado por completo.

Ha habido largas semanas en las que tratábamos de adaptarnos a la nueva situación. El ¿quién se ha llevado mi queso? ha sido el motor de la búsqueda por los laberintos.

Después, poco a poco, hemos encontrado rutinas y citas diarias que nos han ayudado a estructurar el tiempo. Los expertos las aconsejan. Se nos dice que es mejor tener una rutina diaria y, curiosamente, nadie se plantea “escapar de la rutina”, sino que la reacción ha sido buscar la rutina y mantenerla.

Esta es la enorme capacidad adaptativa del ser humano: parece que ahora hasta nos sentimos cómodos/as en la nueva situación, “inexperimentada” (tomo esta palabra de Emilio Lledó, perfecta para describir la situación).

Expertos en confinamiento

Antes he dicho que los expertos aconsejan las rutinas diarias. Me gustaría conocer la composición del grupo de expertos: quién lo dice, cuál es su experiencia, por qué lo contrario de la rutina no sería aconsejable…

Quizá los mejores expertos en cuanto a encierro son los presos, o las personas que tienen que vivir en aislamiento por algún motivo.

Fotograma de la película Cadena perpetua, en la que los presos parecen estar habituados a la rutina de la cárcel
Fuente: https://vandal.elespanol.com/noticia/r4749/cadena-perpetua-no-se-podria-haber-hecho-hoy-en-dia-dice-frank-darabont

La evocación de los presos me trae el recuerdo de frases de la película Cadena perpetua, como “lo único que tenemos es tiempo” o cuando dicen del que se ha adaptado por completo a la cárcel, hasta el punto de no poder vivir fuera de ella, “se ha institucionalizado“.

Otro ejemplo de aislamiento son los científicos que están a solas en una base en lugares remotos como el Polo Norte, o personas como Roberto Saviano, a quien Iñaki Gabilondo entrevistó el pasado jueves en Volver para ser otros. Roberto Saviano es un periodista perseguido por la camorra por haber revelado sus actividades en distintos libros y artículos. Está amenazado de muerte y va con escolta desde los 26 años; ahora tiene 40.

El propio Saviano afirma que ha aprendido de las personas encarceladas y de las que están postradas en una cama. Y sus conclusiones son que (parafraseando a Saviano):

Lo mejor para vivir confinado, aislado, es tener una rutina exactamente igual cada día, estar disciplinado a esa rutina como forma de medir el tiempo, de estructurarlo y de pasarlo.

Encuentra tu rincón

Roberto Saviano también nos recomienda encontrar nuestro propio rincón, hacer nuestro un espacio para vivir la casa de forma profunda, no como estando de vacaciones, sino buscando una comodidad que nos puede aportar paz. Esto me ha recordado a uno de los libros que he retomado estos días, La poética del espacio de Gaston Bachelard.

Según Bachelard, el rincón es ese espacio reducido donde nos gusta acurrucarnos, agazaparnos. Es como el germen de la habitación o de la casa. Nos dice:

El rincón “vivido” restringe la vida, la oculta, es una negación del universo.

Este refugio a modo de caparazón parece adaptarse a la restricción impuesta desde fuera: si tengo que permanecer en este espacio llamado casa, puedo a mi vez recogerme  en un espacio aún más restringido, más íntimo, que será mi rincón.

La libertad es movimiento

Siendo esta situación un “Atrapados en el espacio (de mi casa)”, parece que las rutinas son las que ayudan a trascender ese espacio, especialmente cuando conllevan una relación con otras personas a través del teléfono y las distintas redes sociales, o bien cuando se trata de meditar y evadir la mente.

Sin embargo, Roberto Saviano comentaba en la entrevista antes citada que la libertad es movimiento. Deseamos salir y movernos libremente, esa es una esperanza lícita, que sin embargo mantenemos enfriada de todas las maneras posibles.

Gracias a la creación de nuestros pequeños rincones, la práctica de ejercicio que quepa en nuestro espacio, y el vivir con plenitud y confianza el momento presente, podemos aparcar el fuerte deseo de libertad a través del movimiento.

Gracias a la rutina

A pesar de que lo más creativo es responder a cada momento a lo que está sucediendo, y estar en la acción y en lo que se necesita, lo cierto es que tenemos que dar gracias a la rutina, que nos permite apoyarnos en ella y estar cómodos en nuestros rincones, en nuestros espacios, en nuestro día a día.

Así, sentimos que hay menos incertidumbres y que dejamos de ir a ciegas. Por ello, este homenaje a nuestra amiga la rutina.


Aquí puedes ver la entrevista completa a Roberto Saviano:

El apego a las costumbres

Los grandes gurús suelen decir que el apego es malo, por ejemplo, dicen:

El apego corrompe.

El apego es el origen del sufrimiento.

Y yo me pregunto: si no hay apego, ¿seguimos siendo humanos? ¿Cómo reacciona una persona sin apego cuando pierde a un ser querido?

¿Apego a las costumbres?

 

Una pareja pasea a su perro por el campo

Pienso que una buena parte del apego no está dirigido a los seres queridos sino a las costumbres, rituales o rutinas relacionados con ellos.

De esta manera, es fácil comprender por qué una persona puede echar más de menos a su perro que a un familiar, ya que sus costumbres, rituales o rutinas están asociados a su mascota con una frecuencia diaria y de forma intensa: se levanta pronto porque tiene que sacar al perro, cuando vuelve a su casa es el primero que le recibe y el que más alegremente lo hace, está pendiente de la hora que es para sacar de nuevo a su perro por la tarde o por la noche… Algunos rituales son muy sutiles (y frecuentes), como dirigir la mirada al cacharro del agua a ver si hay que rellenarlo o recorrer con la mirada el salón a ver dónde está durmiendo el animal.

Hay entonces dos factores en el apego a las costumbres: la frecuencia y la intensidad.

Una pareja que los primeros meses tiene muchas relaciones sexuales luego puede observar que la intensidad va disminuyendo y con ella la frecuencia, con lo que el ritual se desdibuja, el hábito se pierde.

Incomodarse para explorar el mundo

Cualquier costumbre, aunque no esté relacionada con nuestros seres queridos, nos produce el mismo apego y por tanto la misma incomodidad cuando nos vemos obligados a abandonarla. Por ejemplo, cuando se viaja, cuanto más apegado se esté a las rutinas diarias, peor se pasará estando fuera de casa, incluso sin salir del país.

Sin embargo, nuestra facilidad para estar cómodos en la incomodidad es asombrosa: simplemente se trata de repetir una conducta durante unos segundos. En seguida nos acomodamos a esa conducta, por molesta que pareciese en un principio. Con el tiempo, automatizamos rutinas que hacen más fácil la vida.

Incomodarse renueva y refresca las vivencias. Si retomamos la pareja que los primeros meses hacía el amor apasionadamente, veremos cómo pronto establecen una serie de rutinas muy cómodas y agradables. Estas mismas rutinas, poco a poco, sustituyen la creatividad de improvisar a cada momento, se va perdiendo “la chispa”, lo que era agradable se convierte en la primera objeción que se les viene a la mente cuando piensan en el otro. En seguida afirmamos:

Es que siempre (hace/dice) esto o lo otro…

…mientras que la otra persona está pensando exactamente lo mismo de nosotros/as. Nos convertimos en personas muy aburridas cuando nos apegamos a la rutina.

A mi perro le gusta la rutina

Es una afirmación que puede hacer cualquiera que tenga mascotas: su perro o su gato hacen siempre lo mismo, a las mismas horas. Los rituales se repiten, el perro oye “¡Vamos a calle!” y salta y hace las mismas manifestaciones de alegría cada vez.

Así que nos podemos sentir tranquilos: otros mamíferos también repiten sus conductas. En el caso de estos animales, no parece que les aburra o les irrite, al revés, parece que les gusta. Viven por rutinas, de manera robótica, y parecen felices con ello.

Debe de ser que no somos perros después de todo… A la pareja que se conoció en el primer bloque, le diremos que procure seguir incomodándose, sorprendiéndose mutuamente, explorando cosas nuevas, variando las costumbres que son tan agradables, recomenzando cada día como si hubiera que conquistar a esa persona de nuevo.

Y al dueño del perro/gato le digo que disfrute de las costumbres asociadas a su mascota mientras explora el mundo en otros momentos, en esos momentos especiales que nos distinguen un poco del resto de animales.