El futuro

El futuro imaginado

Hace poco visité una exposición en el Espacio Fundación Telefónica. Eran los futuros imaginados, los futuros escritos en novelas, dibujados en viñetas o proyectados en películas. Me llamó la atención que en la mayoría de estos futuros, se utilizaban medios de transporte aéreo personales e individuales, algo que no ha ocurrido y no tiene visos de realizarse.

También me gustó ver que mi profesión ya se había aventurado en forma de viñeta, a pesar de que hoy en día sigan preguntándome «¿De qué das clase?» cuando digo que trabajo en la formación online.

Visto en la exposición de Espacio Fundación de Telefónica. Viñeta de Arthur Radebaugh. Yo soy la que escribe lo que pone en el Electronic Notebook, en las preguntas de test y, en ocasiones, lo que dice el TV Instructor.

Me gustó mucho la reflexión que se hacía en esta exposición a lo largo de todo el recorrido: ¿Por qué las proyecciones de futuro solo comienzan hacia el S. XVIII y antes de eso no se habla de futuro? ¿Por qué el futuro contemplado es, en general, cada vez más lejano? Más adelante voy a aventurar una respuesta.

Por cierto, han ampliado el plazo de esta exposición, puedes ir a verla hasta el 26 de junio. Puedes ir abriendo boca con este abecedario del futuro.

También he visitado recientemente la exposición de Stanley Kubrik, uno de mis directores de cine preferidos. Y ahí está su película 2001: una odisea del espacio. Es esta una película del futuro que habla sobre nuestro pasado: el año 2001 no fue tan «futurista» ni apareció un monolito (ni un mono listo) en medio de la nada. Lo que sí ocurrió y cambió el mundo fue el suceso de las torres gemelas, un auténtico cisne negro.

Para esta película, Kubrik se tomó la molestia de pedir a un diseñador de moda vestimentas que pareciesen del futuro. Eso, y otra «molestia»: la construcción de un enorme disco giratorio con una cámara fija y otra móvil para crear las hipnóticas escenas de dentro de la nave.

A la izquierda, imagen de la maqueta real que se construyó, creo recordar que con un diámetro de 12 metros. A la derecha, una maqueta de ejemplo. Si te fijas en su interior, verás a uno de los astronautas sentado a la mesa.

También La naranja mecánica es una historia del futuro, un futuro en el que se habla una jerga extraña: uno de los errores habituales en cualquier historia del futuro es que el vocabulario es el mismo que en el presente. Sin embargo, el idioma cambia muy rápido: ya os comenté la dificultad de entrar en los mundos que describe Galdós porque el vocabulario comienza a parecer antiguo. Por eso es especial esta novela de Anthony Burgess.

Parte de la exposición dedicada a La naranja mecánica.

El futuro desde el pasado

En los Episodios nacionales, los personajes de Galdós también piensan en el futuro. Hay que tener en cuenta que el autor conoce ya ese futuro, puesto que los episodios tratan en su mayor parte de acontecimientos anteriores al nacimiento del escritor. Por ejemplo, en Luchana, don Ildefonso Negretti cae enfermo y empieza a desvariar. Dice entre otras cosas que los barcos del futuro se van a construir de hierro y que van a ser enormes, propulsados por una hélice en la parte central del barco. A esto, sus familiares responden con dolor, les parece que ha perdido la razón por completo. Pero claro, el autor sabe que en «el futuro» de Negretti sí van a existir estos barcos.

Pensar en el futuro aceptando el destino…

La razón por la que creo que antes del S.XVIII no se proyectaba tanto al futuro y nunca muy lejano, es porque el Destino lo marcaba Dios. Digamos que el futuro era lo que Dios nos trajera. Los acontecimientos se desarrollaban conforme dispusiese Dios, por lo que no tenía mucho sentido imaginar futuros de ningún tipo: llegaría lo que hubiera de llegar, los designios divinos son inescrutables.

Así, en De Oñate a La Granja, cuando se habla del Destino, Fernando Calpena dice:

Pero, en fin, sea lo que Dios quiera, y cúmplase el destino que está marcado a cada criatura.

Fernando Calpena, personaje protagonista de la 3ª serie de EN

Por otro lado, sí reconoce que se puede comprender la sucesión de acontecimientos, si bien no su «existencia misteriosa»

…así como los males vienen siempre encadenados, tirando unos de otros, al iniciarse el bien vienen asimismo de reata y en creciente progresión los sucesos favorables. La ley de este fenómeno se esconde a nuestra penetración; pero su existencia misteriosa revélase a todo el que sabe vivir por duplicado, esto es: viviendo y observando la vida…

Benito Pérez Galdós en De Oñate a La Granja

Palabra aprendida o recordada: reata

…aprovechando lo que nos es dado

En línea con las dos citas anteriores, hay una enseñanza que nos da don Beltrán de Urdaneta, un personaje mayor y «corrido» (conocedor de mundo) que acompaña a Fernando en su odisea personal atravesando el norte de España en plena guerra carlista:

Mire, hijo, cuando el destino nos pone al pie de un árbol de buena sombra cargado de fruto, y nos dice: «siéntate y come», es locura desobedecerle y lanzarse en busca de esos otros árboles fantásticos, estériles, que en vez de raíces tienen patas… y corren. Yo desobedecí a mi destino, y por aquella desobediencia no he tenido paz en mi larga vida. Créalo: donde no hay raíces, no hay paz.

don Beltrán de Urdaneta, personaje en Luchana

Predecir el futuro es en cierto modo absurdo. Lo hemos visto con el ejemplo más claro: imaginar el año 2001 en 1968, como hizo Arthur C. Clarke, y encontrarse luego en el 2001 real con sucesos como el 11S, que echan por tierra lo proyectado. De alguna manera, estos fenómenos inesperados y de gran impacto nos muestran que el Destino del que nos habla Galdós es el que establece el camino.

Por otro lado, la gran creatividad de autores como Julio Verne o da Vinci al imaginar y diseñar elementos del futuro, permite que se creen innovaciones basadas directamente en esos futuros imaginados, desviando también la trayectoria de los acontecimientos.

¿Cómo te imaginas el futuro? ¿Cuál es tu distopía favorita? Muchas gracias por leer y por compartir.