La vida te lleva

Quizá has observado que en los últimos tiempos este blog ha cambiado. Y es así. Hay dos tipos de cambio: la forma de escribir y el contenido. En cuanto a la primera, algún lector avezado ya me ha comentado que alguna entrada no tiene el mismo nivel de maduración y desarrollo que las anteriores. Y tiene razón: tengo mucho menos tiempo para dedicar al blog. En cuanto a la segunda, me está pasando como con la primera época del covid: los acontecimientos actuales no me permiten seguir adelante con mi línea de escribir sobre lo atemporal y universal, sino que constantemente me piden escribir sobre lo que está pasando, sobre lo que estamos viviendo; sobre el destino colectivo. Y por eso me he enfocado en temas económicos, que de lo presente, es de lo que sé algo.

Esta podría ser yo escribiendo, reflexionando sobre esto. Imagen de StockSnap en Pixabay.

Vivir la vida…

Estoy viviendo al máximo lo que me propone la vida. ¿Y qué pide? Acción, acción, acción. Resolver, avanzar sin conocer el camino, solo atisbando el siguiente paso, con una idea general y poco definida del objetivo, que además cambia y se remodela a cada paso.

No hay una forma mejor de estar en el adulto que actuar. Y cada línea de actuación se abre en muchas otras líneas, muchos pasos que dar. Es cansado. Y motivador.

…con lo que toca

Creo que ahora mismo, el nivel de incertidumbre y ambigüedad es máximo. Escucho a unos, leo a otros, tomo nota con reserva. Un experto financiero que aconseja mantener dinero en efectivo (en casa, en el calcetín) como para cubrir un mes de gastos. Un gurú que cuelga en YouTube vídeos perturbadores sobre cómo nos están manipulando. Iker Jiménez y lo que va mostrando en Horizonte gracias a distintos expertos. Europa y mi sensación de que no saben controlar la situación ni reparan en las consecuencias de sus decisiones. Esos telediarios que dan por hecho que ya no nos llega el dinero.

Todo eso es lo que vivimos de forma global, mientras surgen ideas peregrinas de todo tipo porque ya no hay donde agarrarse y ya nada es verdad, ni la tierra es redonda, ni fuimos a la Luna, ni existe el covid. Pues con todo este escenario de confusión, de desinformación, la vida nos demanda (no solo a mí, claro) estar en la acción, en el presente, seguir adelante con todo tal y como es, imperfecto, mejorable.


Que no me vengan con expertos. Estos escenarios tan inciertos, impredecibles y extraordinarios no los hemos vivido. La humanidad sí, ha vivido de todo. Los que estamos aquí y ahora, Fulanito de Tal y Peranganita de Cual, no: no conocíamos una pandemia, las guerras siempre estaban muy lejos, en el espacio o en el tiempo, hemos vivido alguna que otra crisis, pero no tan grave como las que salen en los libros. También hemos leído sobre la caída del Imperio romano. Y evoca la sensación como de derrumbe de lo que hasta ahora funcionaba, de pérdida absoluta de las referencias «de siempre». Y esto no es malo. Normalmente, la despedida de lo viejo da lugar a algo nuevo. La vida siempre va hacia adelante, nos obliga a despedir el pasado casi a cada respiración. Solo que a veces cuesta seguirle el ritmo.

Gracias por leer. Gracias por compartir.