Autónomo, ¿eres tu propio esclavo?

Si eres un trabajador autónomo sin trabajadores a cargo como yo, ya sabrás que el autónomo/a integra dentro de sí al jefe y al empleado.

Cómo eres como jefe y cómo eres como empleado definen tu día a día como autónomo.

Es una posición extraña: integrar dos perfiles que tradicionalmente han sido “opuestos” puede llevar a tensiones que ni siquiera se perciben claramente, mientras que es mucho más fácil y cómodo ser simplemente uno de los dos.

Como autónomo, puedes observarte y percibir que tienes palpitaciones, tics nerviosos, ansiedad, insomnio… Puedes a veces tener un atisbo de consciencia al darte cuenta de que te estás atando a unos horarios demasiado rígidos, extensos o exigentes, y puedes convencerte a ti mismo/a de que esto es mejor que trabajar por cuenta ajena.

Un verdugo con una espada amenaza con decapitar a un ángel arrodillado.

Cosas de las que un autónomo es capaz

En contra de la opinión popular de que el autónomo se levanta tarde, trabaja en pijama y se distrae haciendo labores del hogar, yo he conocido autónomas que:

  • Se levantan a las seis de la mañana, salen de casa y no vuelven hasta las ocho o diez de la noche.
  • Se conectan y completan tareas desde remotos países en los que están trabajando además en otros proyectos.
  • Ofrecen una calidad excelente a un precio en ocasiones demasiado bajo.
  • Se van de vacaciones a la playa con sus hijos y su ordenador portátil, y se turnan con su marido y los abuelos de los niños para poder darles unas vacaciones mientras trabajan al mismo ritmo.
  • Nunca enferman.
  • Siguen adelante con sus proyectos aun con muchas dificultades para cobrarlos.
  • Comen delante del ordenador, incluso en Navidad.

Así que los titulares de El Mundo Today son para tomárselos en serio…

Llevar dentro la lucha jefe-empleado

Dice Watzlawick: “hay personas que se excluyen de su propia bondad”.

En su libro Lo malo de lo bueno se habla de la historia de un hombre que, al cumplir los 55 años, comienza a repasar su vida y de pronto se siente insatisfecho consigo mismo.

“Desde fuera” (…) quizá hubiese dado la impresión de que se trataba de un conflicto perverso entre dos personas: entre un potentado medieval cruel y su víctima desamparada, a la que el potentado mantiene prendida, amenazada de continuo, le hace padecer hambre y le quita el sueño.

“Desde dentro”, el hecho de que se sintiese amenazado de un modo impreciso, que adelgazase y padeciese insomnio, no eran más que efectos concomitantes sin explicación para él. En todo caso, su médico no halló causa física alguna.

A pesar de la necesidad de ser productivo, lo cierto es que un autónomo/a puede estar excluyéndose de su propia bondad como si tuviese dentro a este verdugo esclavista que tortura a la víctima indefensa haciéndole llevar una vida bastante peor que la que se tiene en un trabajo por cuenta ajena, con un “jefe” interiorizado que es un esclavista, y con unos horarios que hacen palidecer a las habituales horas extra no pagadas (estas tampoco están pagadas, por cierto).

¿Cómo podemos solucionar esto?

Si te identificas con esta situación, puedes pensar que lo mejor es “luchar contra” ese verdugo medieval. Lo que pasa es que no puedes eliminarlo porque forma parte de ti.

Es quizá mejor solución “convivir con” tu propia tendencia inconsciente a autoesclavizarte, integrando a ambos (verdugo y víctima) desde una posición más consciente y adulta.

Precisamente ser autónomo permite algo que muy pocos trabajos por cuenta ajena permiten: ser un adulto. Se puede dejar atrás el juego paternalista en que los jefes y la empresa son los padres y los empleados son los niños; se puede tomar las riendas e integrar ambas posturas.

El camino es dejar de lado esos juegos, estar en la acción, percibirte como una sola persona adulta que es al tiempo responsable y quien trabaja, quien se compromete con el cliente y factura, quien organiza y sigue o ajusta su propia planificación, quien aporta valor y paga impuestos.

Puedes comenzar hoy: permítete no trabajar durante el puente. 🙂


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Te identificas con esta dualidad? ¿Cómo haces para organizarte y “no excluirte de tu propia bondad”?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

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Ser Autónomo es ser Adulto

¿Cómo ser autónomo y no morir en el intento?

Escribo este post para derribar algunos mitos sobre trabajar por cuenta propia, muchos de los cuales están explicados en posts y artículos escritos por personas que nunca han trabajado por cuenta propia. Al ser así, al desconocer de primera mano de qué se trata todo esto de ser freelance, se han creado una imagen del autónomo que no comparto.

Yo voy a hablar del autónomo que trabaja desde casa y cuyas herramientas de trabajo son un ordenador y a veces un teléfono.

¿Cuáles son los mitos de los que se habla?

El autónomo trabaja en pijama

El desayuno de un autónomoBien, habrá muchos que lo hagan, no es mi caso. La descripción habitual es que el autónomo prácticamente se arrastra como un ser invertebrado desde su cama a su escritorio, sin vestirse, sin ducharse y sin desayunar.

Esta creencia da por hecho que el que trabaja por cuenta propia no es capaz de concebir otra forma de vivir que “dormir más” y luego hacer como cualquier trabajador por cuenta ajena: sentarse en una silla.

Pero el autónomo puede: pasear a su perro, llevar a sus niños al colegio, trasladarse a un espacio de trabajo, trabajar documentándose en bibliotecas, trabajar desde una cafetería, si tiene un trabajo creativo, dar un paseo para inspirarse en busca de nuevas ideas.

La jornada del autónomo no tiene fin

La jornada del autónomo no es infinitaEn efecto, si seguimos considerando que el autónomo es ese ser que busca ante todo la comodidad (no se viste, no sale, duerme más), pues su jornada no tendrá fin porque se tratará de una persona incapaz de organizarse. Además, parece la única razón por la que se piensa que un autónomo no tiene horarios: hace falta “muchísima” disciplina. Algún autónomo incluso asegura que se pone horarios y que se viste como si fuese a la oficina.

Por suerte, hace muchos años que leí por primera vez a Ernie Zelinski, que afirma:

La moral del trabajo es la moral del esclavo

El esclavo piensa que hay que tener un horario porque si no, no se rinde, y hay que vestirse de pimpollo porque si no, no se trabaja.

Tengo dos objeciones al tema de la jornada del autónomo, una por defecto y otra por exceso:

  1. ¿De verdad, de verdad “hay que” trabajar 8 horas al día? ¿O diez, o doce? Me parece que esto arrastra un concepto de la era industrial. Lo importante es ser productivo, no estar sentado delante de un ordenador durante horas, como ocurre en una oficina. Si en países avanzados se defienden jornadas de 6-7 horas, es porque es posible, y probablemente más racional.
  2. ¿De verdad que es tan grave que un trabajo se viva como una pasión? Muchos autónomos “de ordenador” somos “creativos”, es decir, trabajamos inventando, pensando, imaginando, fantaseando. Y esto mola hacerlo hasta las tantas, o los fines de semana. En mi caso no trabajo hasta tarde, pero sí los fines de semana: si la inspiración me encuentra un sábado por la mañana, la sigo. Eso de tener que poner barreras entre la vida personal y la laboral significa que lo laboral es malo, es algo que hay que mantener enjaulado.

El autónomo se pone a hacer tareas del hogar

El hogar de un autónomoEsto es muy gracioso. Las explicaciones habituales es que claro, teniendo tan cerca la cocina, pues te vas a ella, te pones a comer… O bien, te pones a limpiar, o te vas a comprar el pan… Como si estas tareas fuesen placeres preferibles al hecho de trabajar y ser útil. O como si en la oficina no comieras nada, ni atacases la máquina del vending.

Esto responde a la creencia de que los trabajadores somos como niños, y necesitamos por tanto un supervisor (padre) que nos vigile, no sea que nos distraigamos y nos pongamos a jugar. En cambio, “nunca” nos distraemos en una oficina, estamos “todo el rato” rindiendo al 100%…

En mi opinión, un Autónomo Adulto se distribuye el tiempo como quiere porque el que trabaja por cuenta propia es el responsable. Aquí otra palabra clave, la responsabilidad. En un trabajo por cuenta ajena, la responsabilidad es del empleador, nosotros somos niños tratando de escaquearnos, ¿verdad? Pues bien, si uno se escaquea de su propio negocio y no cumple fechas, lo más probable es que acabe “en la calle”, con la diferencia de que no tendrá derecho a paro.

He trabajado con muchos freelance porque el sector e-learning se apoya mucho en ellos: diseñadores, productores de vídeo, informáticos, guionistas… Y suelen ser hiperresponsables, entregan sus trabajos con antelación, y con los estándares de calidad que se les marca. No creo que estas personas se pongan a hacer tareas del hogar, y si lo hacen, será para descansar, repartirse sus tiempos o porque consideran, como yo, que no es necesario autoexplotarse.

La soledad del autónomo

telefono-996-min¿La soledad del autónomo? Pensaba que solo existía la soledad del líder.

Bien, es cierto que el autónomo que trabaja desde casa frente a un ordenador no está viendo personas, a menos que conecte su webcam cuando mantiene conversaciones a través de Skype, por ejemplo. Lo que sí es probable es que “oiga” personas, ya que mantiene habitualmente conversaciones telefónicas con sus clientes. Además, el autónomo gusta de comer al menos tres veces al día, pudiendo ser algunas o todas ellas fuera de su casa: desayunos de empresa, comidas con clientes…

Es el freelance quien tiene en principio la disponibilidad de asistir a eventos que como trabajador por cuenta ajena están vetados, como son muchas ferias y exposiciones que se dan en “horario laboral”.

Además, volvemos a la creencia de que somos niños, y por tanto necesitamos a nuestros amiguitos del cole. Un trabajador por cuenta ajena está igual de solo que un trabajador por cuenta propia, lo que pasa es que puede hacerse la ilusión de que está acompañado por sus colegas de trabajo, que en realidad no están ahí para mitigar su soledad, sino para trabajar también, cada uno en lo suyo. Hay ciertas conversaciones informales que se pierden trabajando desde casa, cierto. Pero también se gana algo que no tiene precio: la libertad.

Si aun no te convence esto, puedes escuchar este audio de Brigitte Champetier de Ribes sobre cómo el Adulto camina solo en su vida.

¿Cuál es tu experiencia? Me encantaría saber cómo te va trabajando desde casa por cuenta propia. Deja tus comentarios abajo.