Juana la Desventurada

Acabo de finalizar la lectura de un libro magnífico, un libro sobre Juana la Loca escrito por el académico de la Real Academia de Historia Manuel Fernández Álvarez.
Libro Juana la Loca
Manuel Fernández demuestra su excepcional conocimiento de la época, de los personajes, de los avatares que sufrió doña Juana y de los detalles del transcurso de su vida. Es para mí el mejor ejemplo en que puedo pensar cuando quiero ilustrar lo que es un experto. Este académico escribe de forma apasionante, porque siente pasión por la Historia. Antes de escribir el libro, no era experto en la vida de Juana la Loca. Para serlo, Manuel Fernández realizó un trabajo de investigación: fue a Tordesillas, a Simancas, en fin, a los lugares donde él sabía que podía encontrar documentación al respecto.
Su autor confiesa que desde el principio quiso titular el libro Juana la Desventurada, pues es lo que se deduce que fue a la luz de los acontecimientos penosos de su vida.
Y es que, la que fue de hecho la primera Reina de España como unidad, fruto de la unión que realizaron los Reyes Católicos, nunca pudo gobernar, y pasó más de 30 años en cautiverio, es decir, presa, recluida primero por su marido Felipe el Hermoso, luego por su padre Fernando, y después por su hijo Carlos V.
Pero, ¿qué le pasaba a esta mujer, cuál era su locura? Los estudiosos apuntan a graves depresiones a las que le predisponía su genética. Juana primero trataba de mostrar la máxima pasión amorosa con su marido, y después, cuando veía que aun así él perseguía a otras mujeres de la corte, caía en depresión, se negaba a comer, a cambiarse de ropa, a asearse.
El genetista Dean Hamer, que visitó hace tiempo el programa de Punset, lo explicó con claridad: el 50% de las personas nacen con su “prozac genético”, que interfiere con la libido, al igual que el famoso medicamento. Y ocurre lo mismo al contrario: los que nacen sin este “prozac”, están más predispuestos a las relaciones sexuales, más interesados, tienen más pasión en ellas. Creo que el caso de Juana lo ilustra a la perfección.
Su supuesta locura se mantuvo durante toda su larga vida, pues vivió más de 70 años. Tal como nos cuenta Manuel Fernández, incluso después de muerto su marido (y embalsamado y llevado de un lado a otro con la intención de enterrarle en Granada), su locura se mantuvo activa. Los que la rodeaban la martirizaban de una u otra forma. El comportamiento tan apasionado que había mostrado en vida de su marido, entre los 16 y 26 años, y tras tener 6 hijos, fue suficiente para justificar su encierro de por vida. De por vida.
Miento, para ser exactos y siguiendo al autor, Juana tuvo dos oportunidades de gobernar, una durante un año en el que Felipe el Hermoso había muerto y su padre Fernando se encontraba ausente (su madre había muerto tiempo atrás) y otra en la que los comuneros fueron hasta su cautiverio en Tordesillas y trataron de que apoyara su causa, puesto que se rebelaban ante el gobierno de su hijo Carlos, que al fin y al cabo era extranjero.
En ninguno de los casos quiso ella gobernar, tal vez afectada por la depresión grave, tal vez preocupada por las consecuencias que podía tener esta acción contra su hijo, en el caso de la rebelión de los comuneros.
Varias cosas se me ocurren a raíz de la lectura de este libro tan sumamente bueno, entretenido, erudito, documentado, intrigante y, al final, muy triste.
Una es esta de apartar a una mujer por el simple hecho de ser apasionada. Ya escribimos alguna entrada sobre el fundamento del dicho popular: “o virgen o puta”.
Otra es la de la relatividad de la riqueza y la abundancia. ¿Qué había hecho Juana para merecer esa vida? ¿Qué había hecho la mujer con más poder de la época para que se lo arrebataran de las manos los más cercanos a ella?
Pienso en la sistémica, las constelaciones familiares, y me digo que a Juana le tocó pagar por crímenes realizados por sus ancestros. Y muchos tuvieron que ser, y muy graves, para explicar esto.
De nuevo, recomiendo vivamente la lectura de este libro, y me anticipo recomendando leer a Manuel Fernández Álvarez en todo aquello que escriba, pues promete ser igualmente asombroso, entretenido y vívido.

Referencias: FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, MANUELJuana la Loca. La cautiva de Tordesillas. Espasa Calpe, 2000.

Juana la Desventurada

Acabo de finalizar la lectura de un libro magnífico, un libro sobre Juana la Loca escrito por el académico de la Real Academia de Historia Manuel Fernández Álvarez.

Juana la Loca

Manuel Fernández demuestra su excepcional conocimiento de la época, de los personajes, de los avatares que sufrió doña Juana y de los detalles del transcurso de su vida. Es para mí el mejor ejemplo en que puedo pensar cuando quiero ilustrar lo que es un experto. Este académico escribe de forma apasionante, porque siente pasión por la Historia. Antes de escribir el libro, no era experto en la vida de Juana la Loca. Para serlo, Manuel Fernández realizó un trabajo de investigación: fue a Tordesillas, a Simancas, en fin, a los lugares donde él sabía que podía encontrar documentación al respecto.

Su autor confiesa que desde el principio quiso titular el libro Juana la Desventurada, pues es lo que se deduce que fue a la luz de los acontecimientos penosos de su vida.

Y es que, la que fue de hecho la primera Reina de España como unidad, fruto de la unión que realizaron los Reyes Católicos, nunca pudo gobernar, y pasó más de 30 años en cautiverio, es decir, presa, recluida primero por su marido Felipe el Hermoso, luego por su padre Fernando, y después por su hijo Carlos V.

Pero, ¿qué le pasaba a esta mujer, cuál era su locura? Los estudiosos apuntan a graves depresiones a las que le predisponía su genética. Juana primero trataba de mostrar la máxima pasión amorosa con su marido, y después, cuando veía que aun así él perseguía a otras mujeres de la corte, caía en depresión, se negaba a comer, a cambiarse de ropa, a asearse.

El genetista Dean Hamer, que visitó hace tiempo el programa de Punset, lo explicó con claridad: el 50% de las personas nacen con su “prozac genético”, que interfiere con la libido, al igual que el famoso medicamento. Y ocurre lo mismo al contrario: los que nacen sin este “prozac”, están más predispuestos a las relaciones sexuales, más interesados, tienen más pasión en ellas. Creo que el caso de Juana lo ilustra a la perfección.

Su supuesta locura se mantuvo durante toda su larga vida, pues vivió más de 70 años. Tal como nos cuenta Manuel Fernández, incluso después de muerto su marido (y embalsamado y llevado de un lado a otro con la intención de enterrarle en Granada), su locura se mantuvo activa. Los que la rodeaban la martirizaban de una u otra forma. El comportamiento tan apasionado que había mostrado en vida de su marido, entre los 16 y 26 años, y tras tener 6 hijos, fue suficiente para justificar su encierro de por vida. De por vida.

Miento, para ser exactos y siguiendo al autor, Juana tuvo dos oportunidades de gobernar, una durante un año en el que Felipe el Hermoso había muerto y su padre Fernando se encontraba ausente (su madre había muerto tiempo atrás) y otra en la que los comuneros fueron hasta su cautiverio en Tordesillas y trataron de que apoyara su causa, puesto que se rebelaban ante el gobierno de su hijo Carlos, que al fin y al cabo era extranjero.

En ninguno de los casos quiso ella gobernar, tal vez afectada por la depresión grave, tal vez preocupada por las consecuencias que podía tener esta acción contra su hijo, en el caso de la rebelión de los comuneros.

Varias cosas se me ocurren a raíz de la lectura de este libro tan sumamente bueno, entretenido, erudito, documentado, intrigante y, al final, muy triste.

Una es esta de apartar a una mujer por el simple hecho de ser apasionada. Ya escribimos alguna entrada sobre el fundamento del dicho popular: “o virgen o puta”.

Otra es la de la relatividad de la riqueza y la abundancia. ¿Qué había hecho Juana para merecer esa vida? ¿Qué había hecho la mujer con más poder de la época para que se lo arrebataran de las manos los más cercanos a ella?

Pienso en la sistémica, las constelaciones familiares, y me digo que a Juana le tocó pagar por crímenes realizados por sus ancestros. Y muchos tuvieron que ser, y muy graves, para explicar esto.

De nuevo, recomiendo vivamente la lectura de este libro, y me anticipo recomendando leer a Manuel Fernández Álvarez en todo aquello que escriba, pues promete ser igualmente asombroso, entretenido y vívido.

Si lo quieres leer:

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, MANUEL. Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas. Espasa Calpe, 2000.

A punto de salir del armario

He recibido el ferro.
Y el ferro es el ensayo para que las imprentas trabajen con un modelo del libro que van a producir.
Este ferro, sin embargo, no es igual a la obra definitiva; es una prueba.

Gracias a mi equipo motivador, que ha estado ahí cuando era necesario leer las pruebas del libro, hemos descartado esta portada, porque no reflejaba bien lo que se quiere transmitir con Humedades en el desván.

Tengo la sensación de que cuando se publique este libro saldré del armario. Y no el sentido que se le suele dar, sino en otro, pero de igual forma, había algo que escondía en el armario y con este libro lo voy a airear bien.

El título se lo debo a Marta Jiménez, compi coach del segundo curso de coaching que hice. Entre las dos, hablando sobre el tema, salió esta expresión. En el dibujo del ferro que nunca verá la luz se refleja precisamente el significado de este título.

En breve, podré compartir con vosotros/as el de verdad.

Mario Balotelli

Me encanta este hombre.
Mario Balotelli se llama. Lleva el pelo rapado al cero y lleva una cresta parcialmente teñida de rubio platino.
Y por más que se llama Mario, y por más que se apellida Balotelli, a mí me parece que se llama Warrior. Warrior, el guerrero.
Es curioso, porque, una vez decidida a escribir este artículo, oigo decir que “parece un gorila” y que “si me lo encuentro por la calle salgo corriendo”. Y es cuando ya veo obligatorio escribirlo.
Porque a mí me parece una escultura, un dios de la guerra, una belleza llena de fuerza.
Y cuando hizo su postura de: “aquí está el guerrero; llamadme Warrior” se quedó como en estado de trance hasta que un compañero se lanzó encima de él a abrazarle. Antes de eso, estaba inmutable, y después, comenzó a moverse como recuperando la humanidad; bajando de los cielos.