Tanta luz

Hace poco leí a un escritor español que se quejaba de que ahora todo el que sabe leer y escribir publica una novela. Escribir una novela, un trabajo que para muchos escritores supone años de documentación, redacción y corrección, parece ahora al alcance “de cualquiera”.

Al alcance de cualquiera

La mala noticia es que esto es cierto. No se trata tanto de que cualquiera pueda escribir una novela, se trata de que hay muchísimas más personas capacitadas para hacerlo con respecto a épocas anteriores. No es que sepan leer y escribir, es que tienen dos másteres.

Carlos Saura afirmó que no podía distinguir qué es lo bueno entre tanta luz.

En un documental de Imprescindibles sobre Carlos Saura, el genial director dijo algo como:

“Yo antes sí sabía qué era bueno y qué no, podía señalarlo. Ahora hay miles de publicaciones, de películas, y no puedo decir qué es lo bueno, no puedo distinguirlo”.

Este es “el problema”: hay tanta luz que ya no se distingue entre unas luces y otras.

Cuando sucede un acontecimiento importante, entro en Twitter y leo los tuits al respecto, porque encuentro genialidad, talento, creatividad, originalidad, muy por encima de la ingeniosa frase que se me habría podido ocurrir a mí.

El cementerio de las letras

¿Habría destacado Balzac en nuestra época de tanta luz?

En El cisne negro, Nassim Taleb ilustra este tema con un ejemplo: Honoré de Balzac. En un capítulo con el descriptivo y a la vez poético nombre de “El cementerio de las letras”, Taleb explica que pueden haber existido cientos de autores tan buenos como Balzac cuyas obras hubieran desaparecido: entonces Balzac ya no sería tan singular, solo tuvo mucha suerte.

Su talento es menos exclusivo de lo que pensamos, puesto que no vemos las toneladas de originales rechazados por las editoriales.

El tema es que ahora no hay que pasar por el rechazo de una editorial, todo se publica en el océano inconmensurable de Internet, y por tanto tengo la sensación de que Balzac (por decir) y muchos otros quizá no habrían sido conocidos en esta época, más que por unos cuantos.

Luz efímera

Al mismo tiempo, la luz ahora es efímera. Por sonoro que sea un acontecimiento virtual, desaparece al poco tiempo, como el caso del “cara anchoa” o el hilo de suspense de Manuel Bartual. Todo se diluye, por eso se habla de sociedad líquida. Las gotas, por originales y únicas que sean, desaparecen en cuanto caen al océano y nadie ya se acuerda porque siguen cayendo, cada vez más, en un crecimiento exponencial que parece no tener fin.

Lo global vuelve a ser local

Yo cumplo hoy 43 años, y me doy cuenta de que, ante tanta luz, la batalla global acaba de nuevo siendo local, y que las aspiraciones han de ser más modestas, como llegar a hacer muy bien tu trabajo, que verán unos pocos, y que quedará obsoleto y olvidado en muy poco tiempo.

Cuando andaba por los veintitantos, tuve mucho contacto con personas que rondaban los 40 que decían cosas similares a lo que te estoy diciendo ahora: habían aceptado su mediocridad. Yo me rebelaba:

“¡No, no puede ser! ¡Tienes que seguir luchando!”

Pero parece ser que es algo que te dan los años, junto con una cara más seria que a veces no reconoces, presbicia y otra perspectiva de la vida, más calmada.

¿Luchando?

Entonces cada vez soy más escéptica con todos estos trucos que hay que hacer para que un artículo sea leído, una página web se posicione alto, una cuenta de Facebook o Twitter crezca en usuarios e interacciones. Porque, de nuevo, todo el mundo que conoce los trucos hace lo mismo. Resultado: si todo es lo mismo, nada destaca, y volvemos a caer de lo global a lo local.

Creo que el desafío real para todos, y más incluso para los que vivieron mejores épocas, es aceptar la esfera a la que se puede influir, llegar, con la que te puedes relacionar, aceptar que es más pequeña de lo que habrías supuesto.

El siguiente paso es saber darse a esta esfera más modesta.


Me gustaría conocer tu opinión. ¿Cómo lo vives tú? ¿Eres de los que todavía alberga esperanzas de trascender? ¿Te sientes realista y conoces tu ámbito de influencia?

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

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Los niños de hoy trabajarán en profesiones que ahora no existen

A veces, hay modas de hacer y reproducir afirmaciones que luego justifican decisiones. Una de ellas es decir:

“Los niños de hoy trabajarán en profesiones que ahora no existen”

y justificar entonces la necesidad de invertir en asignaturas STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics), como se comenta en este artículo.

Bien, no es mala idea, es importante apoyar asignaturas científicas y dar acceso a los niños a la tecnología.

Esto ya era así…

Solo me gustaría decir que yo tengo 43 años y trabajo en una profesión que no existía cuando era pequeña: diseñadora instruccional e-learning (todavía suena raro y sigo teniendo que explicar en qué consiste).

El salto es “mortal de tres bucles”: cuando era pequeña, ni siquiera existían los ordenadores (existirían, pero no eran accesibles ni siquiera a la mayoría de las empresas). Era imposible que mis profesores me preparasen para este futuro de los años 2010s y 2020s; era imposible imaginar cómo iba a ser el trabajo de la mayoría de la población.

Cuando tenía 11 años, en 1985, a mi hermano le regalaron un Amstrad, un ordenador en el que se podían hacer modestas programaciones en ASCII de un reloj con apariencia analógica (en una pantalla monocromo, esto es, fondo negro y letras verdes). También se podían cargar videojuegos que venían en cintas de casette. Tardaban unos 15 minutos en cargarse, y a veces (bastantes) fallaban y había que empezar de cero.

Tener un Amstrad no nos preparó para este futuro
De Bill Bertram – Trabajo propio, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=133247

 

Por otro lado, unos dos años después mis padres tuvieron que adquirir equipos informáticos para su trabajo, muy poco parecidos a lo que existe ahora. Como tenían su propio negocio, yo pude aprender a manejarlos muy pronto. No solo no eran táctiles. No existía el ratón. No, no existía, ¡de verdad!

Posteriormente, en el instituto me dieron clases de informática, para prepararme para las profesiones del futuro. ¿Sí? Pues… Era MS-DOS lo que nos enseñaban, el primer sistema operativo de Microsoft, que no se parecía a nada que tuviera ventanas ni tampoco windows.

Observa el aspecto de MS-DOS:

El aspecto de MS-DOS no me preparó para este futuro
Fuente: https://www.lifewire.com/dos-commands-4070427

 

Y ahora, en el futuro…

Esa es mi trayectoria… Y ahora, “en el futuro”, estoy creando cursos con herramientas de autor, desarrollando páginas web en WordPress, analizándolas con Google, y más. Me manejo perfectamente. Y no, no me podían haber preparado para esto ni he aplicado nada de ninguna asignatura que tuviera relación con STEM. Nada. De ninguna. De verdad.

pero

siempre hay un pero…

Sí que habría agradecido mucho que me formasen en lo que nunca cambia, porque es justo esto lo que necesitas para salir adelante en el mundo laboral, en el mundo adulto: competencias emocionales, asertividad, empatía, que me enseñaran a pensar, a seguir mis intuiciones, y que me hubieran explicado por encima lo que decían algunos clásicos, y me hubieran ayudado a tener un espíritu crítico con las ideas ajenas, incluidas esas de los grandes clásicos. En fin, todo esto.

(Y si se puede seguir pidiendo, habría sido ideal que, en vez de obligarme a hacer gimnasia, algo que para mí fue una pesadilla, me hubieran facilitado hacer baile, que eso sí me gustaba).

¿De verdad?

Bueno, ahora en el presente sé que los niños muy pequeños trabajan ya con las emociones y las habilidades. Después, cuando van creciendo, es triste observar cómo esos temas van saliendo del currículum escolar y van entrando otros relacionados con la tecnología. Me sigue pareciendo muy chulo que los niños programen un robot, pero ¿de verdad pensamos que podemos adelantarnos unos 20 años a lo que los niños de hoy harán en el futuro? Lo que sí podemos predecir es que seguirán siendo cromañones, que seguirán teniendo las mismas necesidades de relación y los grupos se organizarán en el mismo tipo de jerarquías. Pues mejor sería invertir en todo esto…

Nuestro cerebro tiene la capacidad para adquirir los conocimientos que sean necesarios para trabajar: somos supervivientes a miles de años de evolución.

 

Hoy, anticiclón

Hoy hace más frío. Y el cielo ofrece de nuevo la misma respuesta: anticiclón. Vaya, que las danzas de la lluvia no están funcionando.

La temperatura oscila entre los 7 y los 18 grados, más o menos. El cielo está completamente despejado. La tierra, seca, crujiente. Los árboles están de otoño y primavera.

Nos quejamos de la sequía, no podemos evitarlo

Hay que quejarse.

Y si lloviera a mares y no viéramos un rayo de sol y el cielo estuviese encapotado y gris, habría que quejarse.

¿Cómo no quejarse? Al fin y al cabo, la crítica y la queja son la forma de conversación más habitual, ya sea en persona o en las redes sociales. Y esto no es ni una crítica ni una queja, tan solo una observación subjetiva.

Este eterno anticiclón aumenta la sensación de vivir en el día de la marmota, o de protagonizar el Show de Truman.

Cada día, al elegir la ropa que ponerte vuelves otra vez a lo mismo: la “ropa de entretiempo”, que nunca dio tiempo a utilizar. Cuando pasas delante de un escaparate con abrigos, te da un sarpullido, y ya no recuerdas dónde pusiste el paraguas. Alargas la “mid-season” y esperas.

Esperar se nos da fatal. El ser humano tiene dificultades para adaptarse al cambio, siempre se dice esto, pero más aún para adaptarse al no cambio. Aquí no se mueve una hoja, nunca mejor dicho, está todo como en suspenso, amanece otro anticiclón que es el mismo y la espera se alarga.

La espera desespera sobre todo porque los acontecimientos no se desarrollan según lo deseado, que es fruto de la costumbre en este caso: en otoño, llueve. Entonces, como es otoño, tiene que llover. Aplicamos la lógica racional a la naturaleza, que puede tener un funcionamiento que parece lógico, pero que no es tan predecible como aparenta, que de pronto se presenta con un huracán, o de pronto retira todas las aguas.

Mientras hay inconvenientes para unos, los que viven de la tierra, hay ventajas para otros, los que viven del sol. Y siendo domésticos, vemos la ventaja y la disfrutamos de los que ponen terrazas en verano, que ahora las ponen a finales de noviembre, y vemos la ventaja de los chiringuitos playeros, y de actividades al aire libre, no todas, la nieve no, claro.

El anticiclón es lo que hay ahora. Puede deberse a muchos factores, pero ya está aquí, ya llegó, no hay escapatoria. Quiero decir que es inútil quejarse sobre el anticiclón. Tan inútil como quejarse de la lluvia. Simplemente, sucede. Solo cabe aceptarlo, adaptarse, quizá contribuir a que la contaminación sea menor. Pero el anticiclón no se va a ir por ello. No va a empezar a llover por odiar la sequía.

Aquí podría encajar un refrán:

Si la vida te da limones, haz zumo con ellos.

Más sobre la queja

¿Criticas, sugieres o haces?

El triángulo del amor

Las palabras y el mundo que inventan

Hace años yo coleccionaba las columnas que escribía Daniel Samper Pizano, en una sección llamada “La madrastra patria”, dentro de un semanario de algún periódico.

Y creo que las coleccioné a raíz de una de ellas: “La Academia del Oído”.

En aquella columna, que todavía conservo, Samper Pizano decía que el español carece de algo tan importante como la Academia del Oído, que cuidaría que las palabras tuviesen un sonido, una música, acorde con su letra, con su significado.

No he necesitado releer ese artículo para recordar una con la que estaba muy de acuerdo: la palabra crepúsculo, por su sonido, parece más propia de una enfermedad eruptiva. Mientras que la palabra convólvulo, que designa una enredadera, podría referirse más bien a determinadas partes íntimas.

Por cierto, ¿de verdad que ósculo ha de significar beso?

Las palabras son rótulos que se superponen a la realidad

Las palabras son etiquetas que nos vienen de lejos

Las palabras no son más que etiquetas, rótulos, como dice Krishnamurti en El conocimiento de uno mismo, hastags, como decimos ahora. Esas etiquetas tienen un origen etimológico, que a veces se remonta a Grecia, otras a Roma, otras aún a Al-Andalus, y muchas otras, más que remontarse, cruzan el charco sin su debida traducción, y acabamos  hablando de marketing, e-learning y coaching y no nos convence ninguna traducción de estos términos. Esto también lo decía Samper Pizano en aquella misma columna, mencionando que miramos con algo de vergüenza la lengua que inventamos hace mil años.

Conocer el origen de una palabra es interesante para saber por qué el crepúsculo se llama así, y ahí está la RAE para decirnos que viene “Del lat. crepuscŭlum”. Pero no sirve para conocer el crepúsculo en sí, ni tampoco para comprender lo incómoda que nos puede sonar una palabra que designa algo en principio bello.

La palabra se superpone a la realidad que denota

La palabra se superpone sobre el hecho, sobre el objeto, y lo limita, lo acota y lo enlata, de manera que nos es mucho más fácil manejar estos rótulos que manejar los objetos reales que mencionan. Nuestro cerebro llega a creérselo: oímos o leemos o pensamos “pan” y vemos en nuestra mente el pan, casi lo olemos, lo oímos crujir, lo saboreamos. Por cierto, parece que la palabra pan no está mal puesta, es corta y simple, la decimos rápido y nos acerca un alimento de primera necesidad, no necesitamos decir algo más complicado como malvavisco o como vincapervinca, una palabra que descubrí hace poco porque en inglés la utilizan para designar un tono del azul.

Entonces, cada uno de nosotros se ve utilizando palabras que le provocan molestias e incomodidades a la altura de las cervicales, y se ve privado de utilizar palabras que le suenan mucho mejor pero que señalan y evocan objetos no tan agradables. Un ejemplo que pone Samper Pizano es el “lobanillo”, que acaso podría ser el cachorro de la loba.

Las reglas caprichosas

Por la calle escuchas a un niño pequeño decir a sus padres:

Ayer andamos por el patio del recreo.

Y el padre le corrige: “Se dice anduvimos”. ¿Y por qué, de dónde sale esa irregularidad? Ya hace tiempo que distintos grandes autores prescindieron de ciertas molestias en el lenguaje, por ejemplo Pablo Neruda en Confieso que he vivido prescinde del signo de interrogación y de exclamación que van delante de la pregunta o exclamación, y Juan Ramón Jiménez convierte en jota los sonidos de la jota.


Vuelvo a Krishnamurti: ¿qué son esos rótulos? ¿Por qué esos y no otros? ¿Cómo esos rótulos tienen el poder de formar una imagen mental similar a la real? ¿Son los rótulos los que nos guían, los que nos dominan, los que determinan la realidad? ¿Podemos expresar algo sin ellos?

Me gustaría conocer tu opinión. ¿Qué te evocan las palabras? ¿Hay palabras cuyo sonido te horroriza? Al contrario, ¿hay palabras que te parece que tendrían que significar algo más bello? Como siempre, agradecida por los comentarios y opiniones. 🙂

La bruja mala del cuento

Nunca la invitan a los festejos, se les olvida y ella se venga.

Pero resulta que ella no puede evitar ser como es…

Existe una mujer con poderes que se queda sin invitación a eventos tan importantes como el nacimiento de la bella durmiente.

 

Los cuentos no existen sin la bruja mala

Llevo un tiempo dándole vueltas a esto: sea porque no la invitan o sea porque es la madrastra de la protagonista, lo cierto es que muchos cuentos tienen una figura femenina muy poderosa y malvada, que es la principal dificultad a la que se enfrenta la protagonista.

Esta mujer suele ser mayor y su poder suele ser mágico, es decir, es como un hada, pero el hecho de utilizar su poder para perjudicar a otros la convierte en bruja.

Muchos cuentos no existirían sin esta figura: La bella durmiente es el primero que se me viene a la cabeza y en el que baso este post, pero también tenemos El mago de Oz, Hansel y Gretel y toda la serie de madrastras de Blancanieves, La Cenicienta y demás.

¿La bruja mala nace o se hace?

Es decir: ¿el hecho de no invitarla al acontecimiento clave es lo que la convierte en un ser resentido o bien ella era así y el hecho de que no la invitaran le sirve de excusa? O yendo más allá, ¿acaso no la han invitado adrede porque tienen miedo de su presencia?

El cuento tampoco existiría si el rey, ese hombre bonachón y despistado que suele casarse en segundas nupcias con una mujer que le domina, se parase a pensar un poco. Tiene que invitar a la bruja mala con el fin de evitar que se vuelva en contra (ten cerca a tus amigos, ten más cerca a tus enemigos), y tiene que invitarla para enfrentar la dificultad que supone relacionarse con ella.

De nuevo, si la hubiesen invitado, tal vez no habría cuento.

¿Qué saca la bruja mala de todo esto?

Quizá esta poderosa mujer es así. Quizá no pueda evitar pensar mal, sentirse excluida cuando los demás no la tienen en cuenta, quizá tiene una tendencia a hacer magia para perjudicar a otros porque su estructura cerebral es de esta manera y no de otra.

Porque, ¿qué saca ella de todo esto? No parece que mucho: la bella durmiente se duerme cien años, incluso si otra bruja buena no matiza el hechizo con la sugerencia de que un príncipe ha de llegar y romperlo, ¿qué saca la bruja mala de que esta niña duerma cien años? No parece que mucho.

Tal vez esa figura está tratando de mostrar algo, de señalar hacia dónde hay que mirar. Equivocadamente, el rey y su reino se fijan en el huso y la rueca, o en la espina de la rosa, o bien el rey está ausente y no ve. ¿Quién está dispuesto a ver a la bruja mala?

Feliz Halloween

Pájaro en mano: la recompensa inmediata

Más vale pájaro en mano que ciento volando

Esto dice el refrán, y no solo se trata de la “sabiduría popular”, sino que realmente nuestro cerebro está estructurado para pensar así y tomar decisiones en ese escenario.

Pájaro en mano: la recompensa inmediata

El pájaro (la recompensa) es mío ahora

La forma de expresarlo desde un punto de vista financiero se llama valor del dinero en el tiempo: un euro hoy siempre vale más que un euro en una fecha futura. Esto se debe a dos efectos: los intereses que dejan de obtenerse por ese euro invertido entre hoy y esa fecha futura y la posible inflación, que hará que en el futuro un euro tenga menos valor real.

Si lo tomamos desde este punto de vista, la aplicación de esta idea en el Libro del Buen Amor es más aproximada a este concepto: “No dejes lo ganado por lo que has de ganar (Libro de Buen Amor 994)”.

Recompensa inmediata frente a recompensa pospuesta

Desde el punto de vista de las decisiones racionales frente a las emocionales, nuestro sistema de recompensa hormonal necesita resultados tangibles y regulares. La neurología habla de la tensión que existe entre la idea de una recompensa inmediata y otra pospuesta: resulta un gran esfuerzo para nuestra parte consciente retrasar la recompensa, manteniendo al cerebro animal bajo control.

Tal como nos explica Taleb en El Cisne Negro, nuestro sistema de recompensa necesita un flujo constante de pequeñas recompensas, por lo que puede ser peor ganar diez millones para luego perder nueve que no ganar nada.

Taleb nos remite al artículo de la revista Science por Samuel M. McClure y otros: este grupo de investigadores descubrió que los sistemas cerebrales que evalúan recompensas económicas inmediatas y diferidas en el tiempo son distintos: las decisiones inmediatas involucran al sistema límbico, emocional, y las decisiones pospuestas en el tiempo al córtex (el córtex prefrontal lateral y estructuras asociadas).

La cigarra y la hormiga

Este mismo artículo de Science cita la fábula de Esopo de la cigarra y la hormiga para ilustrar los dos tipos de decisiones.

 

Es interesante que, mientras que el refrán popular nos anima a agarrar ese pájaro seguro hoy, la moraleja del cuento es retardar la recompensa a base de comportarnos más como la hormiga. (Por cierto, el esquema mental de la hormiga de dejar el placer para mañana es el “guion hasta” que vimos, mientras que el esquema mental de la cigarra es el “guion después”).

Las investigaciones como la citada confirman la idea de que los consumidores se comportan de forma impaciente hoy pero prefieren planificar pacientemente para el futuro.

La recompensa futura se nos desdibuja

A partir de un horizonte temporal, el futuro se nos desdibuja, por lo que nuestro sistema emocional ya no se involucra en decisiones tan lejanas. Los autores citados nos dicen que:

Por ejemplo, si a alguien le ofrecen elegir entre 10€ hoy y 11€ mañana, estará tentado a elegir la opción inmediata. Pero si se le pide hoy elegir entre 10€ en un año y 11€ en un año y un día, la misma persona probablemente preferirá la cantidad algo mayor y ligeramente pospuesta.

Al fin y al cabo, no somos sino primates superiores, los único capaces de retrasar tanto el disfrute de una recompensa como para hacer planes de ahorro, pensiones, pagar hipotecas… Y ciertamente no es lo que mejor se nos da.


¿Qué opinas sobre esto? ¿Prefieres retrasar la recompensa pero que sea mayor? ¿O más vale disfrutar el día de hoy? Puedes dar tu punto de vista en comentarios.

Gracias por tu atención al leer este artículo. ¡Eres libre de compartirlo!

¿Cómo escribir un test de evaluación sin morir en el intento?

Si eres experto en un contenido y te han pedido escribir material para un curso, probablemente también te han pedido la redacción de algunas preguntas de test, puesto que sabes qué es lo relevante de tu especialidad.

Este artículo está escrito para ayudar a los expertos a redactar preguntas de test sin tener que sufrir especialmente por ello. Incluso los profesionales de la formación que llevamos años redactando evaluaciones iniciales y finales y actividades intermedias, sabemos que es la parte menos agradecida de la creación de cualquier contenido formativo.

Evitemos que al alumno le llegue nuestra incapacidad para redactar un test que sea realmente significativo.

La dificultad de redactar preguntas de test para una evaluación

Relaciona las preguntas con los objetivos

Redacta las preguntas de evaluación teniendo en mente los objetivos que se esperan alcanzar con esta formación. Los objetivos no son aquello que la entidad formadora pretende lograr (sorprende la cantidad de veces que esto se confunde), son lo que el alumno ha de ser capaz de saber o hacer con el contenido que se le imparte.

Cuando no se tienen en mente los objetivos que el alumno ha de alcanzar, se redactan preguntas demasiado triviales (insultantes) o muy difíciles (insultantes también), alejadas de lo que es relevante de la formación.

Preguntas muy fáciles

Se trata de las preguntas obvias, con respuestas  peregrinas y una claramente verdadera. Realizar este tipo de test es percibido por el alumno como una pérdida de tiempo.

Preguntas muy difíciles

Son aquellas preguntas que requieren ir más allá de la información expuesta o también una memoria de elefante. Cuidado, no estamos examinando la memoria del alumno. La idea es testar si ha comprendido y puede aplicar los conceptos, no si ha registrado los contenidos como si de una grabadora se tratase.

No se trata de “ir a pillar”.

¿Cómo redactar las preguntas?

Normalmente, en las evaluaciones se incluyen preguntas de respuesta simple, verdadero o falso o de respuesta múltiple. A veces también se incluyen preguntas de relacionar, ordenar o rellenar huecos, pero son menos frecuentes en una evaluación. En todo caso, la dinámica que se esconde detrás en la misma en todos los casos.

Una pregunta de respuesta simple está formada por un enunciado, afirmación o pregunta seguido de una serie de respuestas posibles, una de las cuales es correcta o claramente mejor que las otras opciones.

Para la correcta redacción de este tipo de pregunta, hemos de contemplar los tres elementos que la forman:

Cómo se redacta el enunciado de una pregunta de evaluación

Puede tratarse de una pregunta o de una afirmación incompleta, pero siempre precisa.

El enunciado ha de plantear un problema, la tarea o el objetivo que el alumno debe realizar, de una manera concreta y útil.

Si queremos preguntar por la altura del edificio Empire State:

Forma incorrecta Forma correcta
El edificio Empire State: ¿Cuántas plantas tiene el edificio Empire State?
a) tiene 102 plantas. (respuesta correcta) a) 25
b) se construyó en 1917. b) 57
c) es principalmente un edificio de viviendas. c) 72
d) se encuentra en Chicago. d) 102 (respuesta correcta).

El enunciado ha de poner foco en el conocimiento profundo que se desea evaluar del alumno, por ello, ha de ser concreto y detallado.

Tipo de pregunta a realizar

Deben utilizarse lo términos “por qué” (¿Por qué ocurre algo y no otra cosa?), y “cómo” (¿Cómo debe realizarse algo?) mejor que “quién”, “dónde” y “cuándo”, ya que estas últimas suelen preguntar nombres, fechas y lugares, datos que se aprenden de memoria o que se pueden consultar fácilmente.

Preguntar por definiciones

Las definiciones no deben utilizarse como enunciados, ya que resultan preguntas artificiales y no miden un logro útil. Es mucho mejor aportar el término en el enunciado y ofrecer posibles definiciones en las opciones.

Ejemplo:

¿Cuál de las siguientes afirmaciones describe el proceso de la migración de las aves?

  1. la invasión del territorio de un ave por otras especies
  2. el proceso de construcción de un nido
  3. la continuación de las especies
  4. el movimiento de una región a otra (correcta)
  5. el nivel de actividad creciente

Las opciones correctas

  • Proporcionan una respuesta clara y precisa al enunciado.
  • Deben ser lógica y gramaticalmente consistentes con el enunciado.
  • Procura evitar el “ninguno de los anteriores”, “todos los anteriores”. Este tipo de opción es pobre y el alumno la reconoce como una forma de rellenar un número de opciones predeterminado (por ejemplo, cuatro) cuando solo se tienen tres opciones válidas.

Los distractores

Se trata de las opciones que no son correctas o no son la mejor opción para responder a un enunciado. Han de ser respuestas que parecen posibles y que solo son detectadas por los alumnos que han trabajado los contenidos.

Han de utilizarse tres o cuatro distractores por cada enunciado. Menos distractores hacen más probable acertar la respuesta por azar.

Deben ser similares entre sí y con la respuesta correcta en cuanto a longitud, construcción y precisión.

Han de construirse a partir de errores de interpretación comunes y conclusiones posibles pero equivocadas.

No pueden solaparse entre sí ni con la respuesta correcta.

Ejemplo de forma incorrecta:

¿Dónde está situado Oslo?

  1. Al norte del Círculo Polar Ártico
  2. Al norte del Trópico de Cáncer (correcta)
  3. Al norte del Ecuador
  4. Al sur del Ecuador
  5. Al sur del Trópico de Capricornio

En esta pregunta, la respuesta c) también es correcta, lo que puede llevar a confusión y frustración a los alumnos.

¿Cómo controlar la dificultad de una pregunta?

Cuanto más parecidas son entre sí las posibles respuestas, más difícil es contestar a la pregunta. En el caso del número de plantas del Empire State, podemos ofrecer opciones alrededor de la respuesta correcta, 102: 101, 103, 104…

Algunas reflexiones finales

Todos los que redactamos preguntas de test cojeamos de algún pie:

  • La respuesta correcta de nuestras evaluaciones suele ser la c), o nunca es la a), o casi siempre es la de “todos los anteriores” o “ninguno de los anteriores”.
  • Algunos redactores tienen un gusto especial por preguntar en negativo, con lo que llevamos al alumno a confusión. También lo hacía el TomTom: “¿Desea evitar los peajes?”. Si digo no, ¿estoy diciendo que quiero peajes o que no? Hay que preguntar siempre en afirmativo.
  • Otros redactores son de hacer la respuesta correcta muy larga y completa y el resto de opciones cortas o sin sentido: el alumno avezado lo va a descubrir pronto.
  • Tampoco es muy rico el uso de “sí, siempre”, “sí, pero depende de…” porque aumenta la carga cognitiva y lleva a confusión.

Dejemos atrás los recuerdos de pesadilla de los exámenes que nos hicieron durante nuestros estudios y creemos el test de evaluación con la mente fresca.

Para saber más

SCANNELL, Dale P. TRACY, D.P. Testing and Measurement in the Classroom. Ed. Houghton Mifflin Company, 1975.