Cuando juegas a un videojuego, sabes cuál es la misión. Puede ser romper bloques, encajarlos, comer tesoros mientras huyes de los fantasmas, o misiones más elaboradas que implican la interacción con otros jugadores. Si el videojuego no transmite de forma clara el objetivo, al cabo del rato resulta aburrido. Puede tener unas imágenes espectaculares y unos avatares muy potentes, puede que recorras calles o saltes por los edificios de forma precisa y realista, pero si no hay misión, el juego es un rollo.
El juego de los Sims este que estamos jugando en la tierra tiene la característica de que la misión no está nada clara. La persona está aquí, va para allá, vuelve para acá, incluso hace cosas fantásticas, pero es un poco largo como para ver en él un hilo conductor. Es como que no hay guion.
Quizá por ello, la gente se inventa guiones de vida muy al comienzo, entre los 5 y los 7 años de edad, porque la angustia de no tener un destino prefijado parece más fuerte que la de tener un destino malo, incluso fatal (es decir, de muerte).
El observador como ser celestial
Si nos atenemos a distintas observaciones y pensamos que el jugador del juego está usando un avatar llamado cuerpo-mente, también podemos concluir que el jugador es un ser celestial, porque no tiene cuerpo ni mente. Parece ser que está compuesto de «puro amor» y es capaz de sentir las emociones que provoca a otras personas.
El jugador del juego de los Sims entiende la razón de todo, es capaz de ver que todo formaba parte de un devenir, de un baile, que no se comprende desde el avatar del cuerpo-mente. Un ser de estos, que puede ser una persona «iluminada», que de pronto ha comprendido «la verdad», ama a los demás tal como son, incondicionalmente, es capaz de vivir desde el corazón. Es un poco como el Adulto venido a más, es la mejor versión de la persona.
Hay varias investigaciones que muestran que el corazón tiene un sistema neuronal y que toma decisiones, incluso previas a las que toma la mente consciente. Tanto Rollin McCraty como Annie Marquier han investigado sobre este hecho. Parece ser que el corazón emite un campo electromagnético a su alrededor que alcanza entre 2 y 5 metros más allá del cuerpo, mucho mayor que el que emite el cerebro. Se puede medir la coherencia del ritmo cardiaco y los estudios la asocian a situaciones de felicidad serena, con emociones como altruismo, amor incondicional, bienestar, paz.
Es curioso que Annie Marquier ya tenía una metáfora en varios de sus libros que se parece al juego de los Sims. En este caso, asemeja al ser humano al conjunto de un carruaje con caballo, conductor y el señor que va sentado dentro. Así, el carruaje es el cuerpo, el caballo, las emociones, el conductor, la mente y el señor, ese observador o jugador. Esto va en línea con mi idea de que «el conductor» puede tener sus propios objetivos y personalidad, distintos de los del «señor». Vamos, que el avatar puede ir a su bola y, de hecho, lo hace.
El observador dentro del avatar
Desde la distancia, es muy fácil pensar que se ama a la humanidad y a los semejantes, pero, cuando los tienes cerca, ocurre que:
- Huelen mal. Vamos, tienen un olor que puede o no agradar.
- Son feos. En general, la gente de la tele y del cine es entre guapilla y muy guapa, pero, por la calle y en las playas, la ilusión se viene abajo. Es lo que hay.
- Son plastas. Se repiten, caen en el victimismo, hablan de forma inagotable.
- Te caen mal. Sencillamente, no compartes con ellos sus ideas y, cuando te plantean algunas, te crea una ira muy intensa.
- No te entienden. La cosa comienza por el no escuchar y continúa por el uso de las mismas palabras con distinto significado o palabras distintas para el mismo significado.
- No cubren tus necesidades. El amor que te ofrecen es condicional, normalmente centrado en que hagas las cosas como consideran que deben hacerse. Pasan olímpicamente de lo que puedas necesitar.
Por cierto, todas estas características se aplican a ti. Lo sabes y, por tanto, también te rechazas a ti mism@ por dar asco. ¿Qué es todo esto tan incómodo? El observador dentro del avatar permanece «desconocido» para la mente mientras esta se ocupa de sus obsesiones. Esa «luz sanadora y cálida» o esa «sabiduría sin palabras» no penetra en el día a día de la mente, a menos que se haga algo para reconocer «esa voz».
¿Y si la misión es amar a los demás tal como son?
Es posible que el juego de los Sims consista en amar a los demás Sims a pesar de sus características negativas o desagradables. Que sean negativas o desagradables lo decides en función de tus creencias y guion de vida, o bien, porque tu parte animal las rechaza (ejemplo, olor fuerte de los pies de alguien).
Cuando la gente que ha tenido experiencias cercanas a la muerte repasa su vida, no ves que revisen cuántas horas echaron en el curro, qué hacían en el ordenador, o cosas similares. De hecho, su vida se presenta como las interacciones que tuvieron con otras personas, especialmente aquellas en que tú hiciste daño a la otra persona.
Como decía Stephen R. Covey, nadie echará de menos sus horas de oficina en su lecho de muerte. Como en las enfermedades importantes, te acordarás de las personas más cercanas de tu vida y todo lo demás se desdibujará fuertemente, como si casi no existiera.
Quizá éramos unos seres completamente aburridos de ser felices y ser amor que se plantearon bajar a la tierra para experimentar qué sería amar a otros seres que no reconoces como seres de luz, más bien algo muy distinto. Se dijo:
Juguemos al juego de los Sims. Seamos unos seres imperfectos, a ver si nos es posible amarnos los unos a los otros.
Y bueno, pues hay quien lo logra, pero, en general es lo contrario.
Razas, culturas y civilizaciones
Es más: no es solo que no seas capaz de aceptar incondicionalmente a una persona cercana, sino que, cuanto más lejano el caso, más fácil interponer prejuicios contra una raza, una cultura o una civilización distintas. Por ejemplo, vas a vivir de forma muy diferente un conflicto armado si conoces o tienes amistad con personas de uno de los bandos. Y aún de otra manera si conoces a personas de los dos bandos. ¿Qué haces ahí? Ya no puedes odiar a un bando por completo, ya te das cuenta de que son personas individuales dentro de un gran grupo y que no es lo mismo cada persona que el grupo.
Aquí es donde encaja una propuesta rompedora y que se sale totalmente de todo lo que estamos oyendo en distintos medios. Una propuesta que se comprende si se está muy cerca de esa realidad del observador como ser superior, como puro amor, o si se conoce a personas de los dos lados de un conflicto. Y es esta:

Esto es muy cañero. Porque es mucho más fácil y cómodo que uno sea el malo y otro el bueno. Así, con la buena conciencia, uno se posiciona «en el lado correcto» y puede hacer lo que quiera con los del «lado contrario». Más explicado aquí:

No eliges tu misión… ni el lado «bueno»
Pues ya ves cómo está el panorama. Entras en el juego de los Sims, te formas un guion de vida, adoptas una serie de creencias que filtran la manera en la que percibes el mundo y empiezas a juzgar. Te crees mucho que tu misión es un tema profesional, o familiar también, pero no te das cuenta de que la misión de una vida se comprende tras una larga trayectoria, que está centrada en el amor a tus semejantes y que esos semejantes lo son más cuanto más cercanos los sientes, hasta el punto de poder comprender que «les ha tocado» una misión, un destino, y que es eso lo que pueden hacer y no otra cosa.
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