Solo personas

Cuando empiezas a trabajar con una organización o institución muy grande, o multinacional, puede que te sobrecoja por su tamaño e importancia. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que al final, hasta la organización más grande está formada por personas. Son personas normales y corrientes, se trata de tener enfrente a otro ser humano.

Mujer joven negra mirando a cámara
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En muchos talleres de habilidades hay un ejercicio en el que los participantes caminan por la sala y buscan a alguien. Entonces, ambas personas se miran a los ojos durante tres minutos. Cuando se experimenta esto, se da una comunicación no verbal con el otro que permite comprobar algo de sentido común:

Somos iguales.

Esto es algo que destaca frecuentemente Brigitte Champetier des Ribes en sus talleres.

Pues eso mismo puede hacerse con las personas de las grandes instituciones. En realidad no te relacionas con todas las personas de la organización, eso no sería manejable; te relacionas con una o varias personas, no demasiadas. Y se descubre que, mirándose a los ojos, la naturaleza humana de ambas se revela.

Como esto no siempre es posible, podemos hacerlo internamente, imaginando a esa persona delante.

Esto ayuda enormemente a varias cosas: a darse cuenta de que el tipo de males que nos asolan son similares, que los ricos también lloran, que tenemos frustraciones parecidas y el mismo tipo de sueños, que el malo no es tan malo ni el bueno es tan bueno. Al fin y al cabo, solo somos dos personas, dos seres humanos imperfectos, que se relacionan.

Cuando el otro es igual que tú

Verse igual a otra persona permite:

  • Dejar de lado el exceso de importancia que cada persona trata de darse
  • Dejar de creer ser el ombligo del mundo
  • Sentir compasión por las circunstancias del otro, que podrían ser las propias
  • Relativizar los errores que comete la persona a la que miro: yo también podría cometerlos, yo también soy imperfecta

Eric Berne señala cómo en un primer momento dos personas se ven con claridad, en los primeros diez segundos, para después hacer una actuación de Oscar superponiendo una careta sobre la propia esencia. Cada persona hace lo mismo: primero ve al otro y se deja ver, después se oculta y se olvida de lo que ha sabido sobre la otra persona. Por eso el ejercicio que se hace en los talleres es sin hablar, solo mirada, porque ahí no hay careta posible, salvo en algunos grandes artistas de la Academia.

El protocolo y la tele

Quizá lo que más me impone a mí es el protocolo. Veo estas series como The Crown o House of Cards y es el protocolo, las formas y los uniformes lo que establece las relaciones y jerarquías entre las personas en ese contexto, de manera que el ejercicio de mirar a los ojos es difícil o está prohibido. Y puede que incluso si se pudiera hacer con personas como la Reina de Inglaterra, ahí estaríamos ante una persona tan entrenada en ocultarse que no la podríamos ver. En todo caso, no dejaríamos de estar ante un semejante, otro ser humano, otra persona.

Otra cosa que puede pasar es que el aura o carisma de una persona muy famosa nos impida verla como persona. Los grandes famosos que vemos siempre en pantallas también son personas, son seres humanos muy parecidos a cualquiera. Pero si los vemos fuera de las pantallas, si nos los cruzamos por la calle, su aura nos puede obnubilar, su carisma nos puede impresionar tanto como si fuesen seres superiores. Ya he contado alguna vez que yo he conocido a una persona muy famosa cuando no lo era y luego lo empezó a ser. Ya tenía ese carisma que atraía las miradas sobre ella, ya era un poco diferente al resto. Pero no dejaba de ser otra persona más, otro ser humano.


En definitiva, sea por pertenecer a una gran institución o de mucho prestigio, sea por tener una jerarquía muy alta que obliga a un protocolo o sea por ser «famosa», una persona nos puede parecer «otra cosa» mientras no hagamos o visualicemos el ejercicio de mirarla a los ojos, hasta poder ver, simplemente a «uno cualquiera».

¿Qué opinas? ¿Hay personas o situaciones que te imponen mucho? ¿Cómo te sientes ante grandes organizaciones o instituciones? Como siempre, te agradezco mucho que leas y compartas libremente.

Hablar en plata

Eric Berne procuró que los conceptos del análisis transaccional fuesen claros e inequívocos. Por ejemplo, los estados del yo del Padre, Adulto y Niño, dar caricias o dar descuentos, jugar a juegos o tener un guion de vida.

Berne observaba todo lo que decían y hacían las personas que acudían a sus grupos. Pero no se dedicaba a apuntar, grababa las conversaciones y estaba más interesado en las palabras que destacaban que en todo el discurso que las rodeaba, ocultando su importancia. También Bert Hellinger huía de los monólogos de los asistentes a sus sesiones:

Descríbeme el problema en tres frases.

Bert Hellinger

Si solo tengo tres frases, no voy a decir:

«Todo se remonta a hace cinco años, cuando por primera vez observé… Y entonces, en 2017, también ocurrió que… Le pasa también a mi prima que…»

Porque entonces no habré llegado a definir lo que quiero tratar hoy. Probablemente utilizaré frases cortas y palabras claras.

Por su parte, Eric Berne utilizaba el humor para narrar esos acercamientos a la realidad que se quedan tan lejos, por ejemplo, esos libros que se titulan:

«En el camino hacia la introducción de una teoría sobre la personalidad»

El libro, de 500 páginas, tan solo se ha encaminado a la introducción, pero no de unos hechos o datos, de una teoría.

Según comenta Berne, algunas personas tienen prohibido acabar nada o ir al grano, de manera que hablan con conjunciones:

«Fui al mercado y… y entonces… y esto… y además…»

Otras personas no acaban sus frases, sino que las terminan con expresiones como «y todo eso», «etcétera», «y lo demás». Por ejemplo: «Nos besamos y todo eso».

La cuestión es preguntarse qué hay detrás de las expresiones que decimos y que no están diciendo nada. Parece que ocurre en temas tradicionalmente tabú, como el sexo, y también en prohibiciones familiares: «de eso no se habla».

Y me lo pones por escrito

Es habitual escribir de forma retórica en los ámbitos formales, pero incluso se cuela en otros ámbitos donde el uso de la palabra podría ser mucho más libre, como un guion cinematográfico. Hace poco, Javi Meléndez escribía:

https://twitter.com/javiguion

¿Cuál tiene más fuerza y se comprende mejor, «cagado de miedo» o «tiene cara de miedo»? La frase entera es ese estilo norteamericano tan claro que no da lugar a dudas sobre lo que quiere decir:

«John pisa frenéticamente el pedal de su moto, está cagado de miedo y la maldita cosa no arranca».

James Cameron

Es también la forma de escribir de Stephen King y de Chuck Palaniuk.

Vemos que, junto con los temas tabú, la expresión de las emociones es otro campo que da lugar a sustituciones de palabras claras por expresiones vagas y circunloquios.

A la hora de escribir, pesan mucho expresiones tradicionales como las de aquellas cartas que ya hace 20 años estaban obsoletas y que empezaban con algo como:

«Muy señor mío»

Es un lenguaje lleno de perífrasis verbales. Pienso que la perífrasis es una manera clara de huir de la acción. En lugar de actuar, «se procede a realizar la acción».

Todo lo que no es hablar claro es de alguna manera «descontar» la realidad, es decir, descalificarla, haciendo que no exista. Se pasa por encima de lo que se tiene delante o lo que se siente, y se dice una cosa que se parece mucho, algo o poco. En palabras de Berne,

Decir las cosas como son puede significar que el paciente está preparado para ponerse bien.

Eric Berne

Me parece importante parar aquí para decir: hablar con claridad no significa hablar de forma cruel a otras personas.

Sigamos. Berne pone algunos ejemplos de esta forma de hablar que oculta la realidad detrás de giros un tanto rimbombantes:

«Iniciamos la entrevista intercambiando saludos positivos. Luego el paciente explicó que había expresado su hostilidad llevando a cabo un acto de agresión física contra su compañero»

frente a

«El paciente me dijo hola y me contó que había pegado a su compañero».

Recapitulando

Parece ser que damos rodeos con el lenguaje en al menos tres casos:

  • Cuando evitamos un tema tabú.
  • Cuando estaba prohibido hablar del tema en nuestra familia de origen.
  • Cuando evitamos expresar emociones genuinas y su grado de intensidad.

A veces, las tres cosas pueden ser la misma: por ejemplo, en una familia puede estar prohibida la emoción de la ira, es por tanto un tema tabú y del que no se puede hablar. O puede ocurrir con la tristeza. O con la alegría.

Propuesta: escucha cómo hablas, lee lo que escribes y empieza a quitar paja. Vas eliminando los rodeos que utilizas y llegas a decir las cosas como son. Si te apetece, deja comentario sobre cómo te fue o cuáles son tus rodeos del lenguaje más habituales. ¡Gracias por leer!

Referencias

BERNE, E. (2014) Más allá de juegos y guiones. Editorial Jeder. Sevilla.

Artículos y conferencias de Bert Hellinger.

Pequeños trucos

El otro día leí un tuit que me gustó y me dio que pensar:

Tuit de Bea (@bvlba) que dice: La vida es como usar excel, crees que sabes pero no.

Después de muchos años aprendiendo sobre habilidades, empatía, asertividad, emociones, Tai Chi y Chi Kung, gestión del estrés, mindfulness, constelaciones familiares, análisis transaccional… no puedo estar más de acuerdo con el tuit de Bea: crees que sabes sobre la vida, pero no.

Incluso a veces escucho en mi pensamiento eso de:

Solo sé que no sé nada.

Sócrates

Es un efecto curioso, ¿verdad? Es como la biblioteca de libros no leídos de Umberto Eco que menciona Nassim Taleb: es claramente mayor que la de libros leídos y, cuanto más se sabe de un tema, más títulos sin leer se encuentran sobre él. Sobre esta «antibiblioteca» podéis leer un artículo muy bueno de Cristian Vázquez aquí.

A los 25-30 años pensaba que tenía todo muy claro. Impartía formación presencial en habilidades de todo tipo, e incluso impartía taichí, y me parecía que comprendía de qué va la vida y qué teclas apretar para que todo fuese bien.

Titulación frente a experiencia

Después, a partir de los 31 y debido a una crisis vital importante, o mejor lo llamamos por su nombre, a una enfermedad crónica importante, fui dándome cuenta de que no sabía lo suficiente. Empecé a prepararme más en las áreas que he citado, principalmente en constelaciones familiares y gracias a Insconsfa. Fui descubriendo mucho sobre mí, aquello que obvias porque parece estar escrito en un lenguaje ajeno, pero que un observador externo agudo puede ver.

Y ahora que ando por los 46, veo que gran parte de la preparación teórica sirve de muy poco, que lo que ha contado realmente ha sido lo experiencial, tanto en constelaciones, sí, como en actividades «lúdicas» de las que también se aprende sobre la vida, y sobre todo viviendo, enfrentándose a lo que la vida propone. Experiencial y preverbal: mucha «sabiduría» no está verbalizada, no son frases y sentencias grandilocuentes, es un saber que está ahí, una especie de intuición sin palabras.

Se sigue valorando la titulación, puede que cada vez más. Y también es verdad que se valora la experiencia: es la única que realmente demuestra que una persona puede hacer una tarea concreta con destreza. Seguramente, la persona que ha ascendido por su experiencia conoce la teoría de su sector, sin embargo, no necesariamente ha tenido que leerla en cientos de libros, sino que la ha ido adquiriendo a través de su acción.

En la vida me ha sorprendido encontrarme con personas que saben mucho de lo que he estudiado, pero lo saben porque lo han observado en la realidad: yo me inclino ante eso. Son personas prácticas, que tienen los ojos abiertos, que ante las incógnitas de la vida lo que hacen es tomar el presente y seguir adelante, sin preocuparse demasiado por no saber las teorías que pueden estar detrás, pero sacando conclusiones que solo pueden derivarse de vivir el presente intensamente.

Un ejemplo cinematográfico es el personaje de Moustache en Irma la dulce, del que ya hemos hablado antes. Moustache observa la realidad desde detrás de la barra de su bar, conoce cómo funciona la vida, no juzga, simplemente comprende que el mundo es imperfecto y tiene un saber intuitivo sobre lo que va a funcionar y lo que no. Es verdad que este personaje tiene mucho bagaje, constantemente pone ejemplos de lo que experimentó en distintas profesiones, algunas de mucho prestigio: son esos pequeños trucos que se aprenden por estar ahí.

Camarero Moustache, personaje de la película Irma la dulce

Pequeños atajos

No sabemos Excel, pero sí conocemos pequeños atajos, trucos que sirven para manejar este software y conseguir lo que necesitamos de él, en ocasiones con grandes esfuerzos intelectuales. No sé si esto nos permite hacer tablas dinámicas, pero al menos nos defendemos.

Con la vida creo que pasa lo mismo, que aprendemos trucos o pequeños saberes, humildes, que incluso pueden aplicarse en varias áreas distintas. Así, nos damos cuenta de que los grandes y transformadores eventos de nuestra vida nos marcan temporalmente. Con el tiempo, nos adaptamos a la nueva realidad y volvemos a los viejos hábitos. Pero por ese duro camino hemos adquirido algunas herramientas que podemos utilizar para situaciones distintas.

Aquí algunos consejos de Moustache (el vídeo está en inglés): el mundo está lleno de oportunidades.

Estás haciendo el ridículo

¿Te han dicho alguna vez, siendo una persona adulta, que estás haciendo el ridículo? ¿Y cómo has reaccionado? ¿Te han dicho «haz lo que quieras, pero…»? ¿Y cómo te has sentido?

En este post vamos a identificar al crítico interno, que en lenguaje de análisis transaccional se llama Padre Crítico. Lo vamos a identificar y no, no vamos a luchar contra este estado del yo: vamos a desarmarlo viendo las cosas desde el estado que nos libera de todo: el Adulto. Si quieres recordar qué es esto de los estados, lee esta entrada: Padre – Adulto – Niño.

Darth Vader
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¿Por qué te afecta tanto la crítica?

Si te afecta la crítica de otra persona, probablemente tienes a un crítico interno que está de acuerdo con ella; el Padre Crítico. Sus expresiones verbales toman la forma de «debería/debo/se debe», es decir, de norma absoluta e indiscutible, que ha de cumplirse siempre. O también: «nunca», «siempre», «no olvides jamás», así como formas del tipo «¿Cuántas veces te lo he dicho?» «Yo lo que haría…».

Tu estado de Padre Crítico encuentra su eco en otras personas que influyen sobre ti. Existen varios juegos sociales en que los estados Padre de las personas que hablan se ponen de acuerdo en lo horrible que es algo, ya sea la juventud, la pérdida de valores, la política, el comportamiento de alguien…

Las mismas personas con las que podemos disfrutar mucho en estos juegos sociales son las que te criticarían si dejas de jugar desde el estado Padre y empiezas a actuar de otra manera. Sobre todo si te tomas las cosas con humor, ya que el humor es propio del Niño Libre.

¿Cómo escapar del crítico interno?

Claude Steiner defiende que podemos eliminar al Padre Crítico de la ecuación, porque no tiene ninguna ventaja. Esa voz es capaz de quitarnos la autoestima, de hundirnos, de mantenernos dentro de una jaula. Algunas personas viven en su propio infierno, como esclavas de su estado Padre.

Hay un par de herramientas muy potentes que nos da el análisis transaccional para escapar de esta figura interiorizada. Una de ellas son las caricias y la otra son los permisos.

Caricias

Aunque de caricias y descuentos ya hemos hablado anteriormente, podemos recordar ahora que la caricia es la unidad mínima de reconocimiento de una persona. Una caricia puede ser condicional o incondicional, positiva o negativa, pero siempre «alimenta la médula» de la persona porque implica que se la reconoce como tal.

  • Caricia incondicional: me gustas tal y como eres.
  • Caricia condicional: estás muy guapo cuando llevas ropa formal.
  • Caricia negativa: tus zapatos son horribles. Otro tipo de caricia negativa es la caricia positiva no deseada, por ejemplo, una alabanza que está fuera de lugar y que sientes que te humilla.

Pues bien, las caricias positivas, sobre todo las incondicionales, nos ayudan a escapar del crítico interno. Y estas caricias nos las podemos dar, no necesitamos que lo haga alguien desde fuera. A cada frase del Padre Crítico podemos responder con una caricia y con algo de humor, por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Es verdad, y así me lo estoy pasando muy bien
  • No te enteras de nada -> Es posible, también es posible que sea mi capacidad para seleccionar información importante
  • Eres idiota -> ¿De verdad? Bueno, también tengo otras virtudes

Permisos

A veces, una persona no es capaz de darse permiso a sí misma para hacer la cosa más sencilla: hablar en público, hacer el ridículo, descansar, ver la tele varias horas, salir a tomar el sol, vaguear, enfadarse, poner la calefacción a un nivel confortable… Las voces del Padre Crítico son tan duras y severas que le impiden actuar. Entonces puede necesitar ayuda de alguien externo. Los permisos hacen que una persona se sienta con derecho a disfrutar de algo. Por ejemplo:

Tengo permiso para dormir hasta tarde los fines de semana.

El trabajo es tan fácil y tan difícil como darse permiso y reconocerse derechos. Estos permisos y derechos tienen que ir en relación con esas voces categóricas que tenemos tan interiorizadas. Por ejemplo:

  • Estás haciendo el ridículo -> Me doy permiso para hacer el ridículo
  • No te enteras de nada -> Tengo derecho a no enterarme de nada
  • Eres idiota -> Me doy permiso para ser idiota de vez en cuando

Si buscas los derechos asertivos, verás que hay muchas más opciones que quizá antes no contemplabas, como tener derecho a equivocarte, a cambiar de opinión, a decir lo que piensas, a pedir lo que necesitas…


¿Reconoces a tu crítico interno? ¿Qué te sueles decir a ti mismo/a desde el estado Padre Crítico? ¿Qué permiso te vas a dar a partir de hoy?

Como siempre, agradezco que hayas leído esta entrada y que compartas libremente.