Hay dos tipos de personas

Llevo un tiempo dándole vueltas a estas divisiones del ser humano en dos categorías totalmente antagónicas, estas clasificaciones que conducen al “conmigo o contra mí”.

Dos tipos de persona saltan con un fondo de un atardecer en la playa, de manera que se ve su silueta.

Comencemos por mi preferida:

Hay dos tipos de personas: extrovertidos e introvertidos.

El mundo se divide entonces entre los dos tipos de personas: aquellas sociales, habladoras, abiertas a nuevas experiencias, amantes del sonido y la conversación y que hacen actividades de relación. Y aquellas observadoras, que escuchan, que analizan desde la posición del espectador, amantes del silencio y que huyen de relaciones sociales.

Y ya está. No hay cabida para la escala de grises, es decir, para tonos más apagados de extroversión o introversión. Por tanto, no hay cabida para personas con rasgos de ambos estilos. ¿Es posible ser una persona extrovertida e introvertida a la vez? Pues sí.

Sigamos:

Hay dos tipos de personas: los que son como los gatos y los que son como los perros.

Así, hay personas que van por el mundo explicando que son como los gatos, por tanto vendrán a ti cuando les apetezca, necesitarán espacio y distancia, si te acercas cuando no les apetece te arañan… Mientras que otras personas se conducen como los perros (aunque no suelen presumir de ello) y van por el mundo complaciendo a todos, sonriendo aun cuando estén viviendo las peores circunstancias, buscando cercanía y alegrándose mucho de verte cada vez.

Se acabó. Nadie quizá se planteó que puede haber personas que son como los ornitorrincos… Es decir, las polaridades como perro-gato son demasiado simplistas y convierten en un espacio de 2 dimensiones una riqueza que no tiene cabida en él.

Hay más:

Hay dos tipos de personas: los que te hablan claramente y los que van por detrás/mosquitas muertas. Visto desde el otro lado, hay dos tipos de personas: los agresivos y los que rehuyen el conflicto.

Así, las personas con esta creencia se posicionan en uno de los dos extremos y ponen al otro lado a cualquiera que muestre un rasgo diferente al suyo. Se confunde la agresividad verbal con la sinceridad, o bien se confunde la pasividad y el miedo con la discreción.

Esta escala deja fuera de ella a las personas asertivas, que hablan con claridad cuidando de no hacer daño a la otra persona. ¿Será porque hay pocas personas asertivas en este mundo?

Otra más, una clasificación a partir del análisis transaccional que vas a comprender enseguida:

Hay dos tipos de personas: los que van de Niño (victimistas) y los que van de Padre (perseguidores/salvadores).

Hay personas que están la mayoría del tiempo en el estado Niño. Se les reconoce porque juegan, no asumen responsabilidades, no se comprometen, dejan tareas por hacer, buscan que otros les resuelvan sus asuntos, piden mucho más de lo que dan…

Otras personas están la mayoría del tiempo en el estado Padre. Se les identifica porque critican, juzgan o van de salvadores de los demás, hablan de normas, les encanta el “se debe”, “hay que”, buscan acaparar la responsabilidad de otros, dan y luego piden o exigen…

En varios artículos hemos hablado de la que sería la figura intermedia entre ambos estados, el estado Adulto, que asume responsabilidades pero sin juzgar a los demás, da y recibe en la misma proporción, huye de creencias y valores y vive en la autonomía.

Sin embargo, quiero recordaros que tod@s tenemos los tres estados, por lo que en determinadas situaciones me comportaré como el Niño, en otras como el Padre y en otras estaré centrada en el Adulto.


De momento, son estas las que me rondaban por la cabeza. ¿Se te ocurren otras clasificaciones de personas? ¿Hay alguna que te guste en particular? ¿Hay alguna que odies profundamente? Cuéntame, me gustaría conocer tu opinión.

Como siempre, te agradezco mucho que te tomes el tiempo tanto para leer el artículo como para compartir tus pensamientos en comentarios.

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