La La Land… decepción

El sábado fui a ver La La Land, esperando ver algo a la altura de Whiplash.

No. Yo no lo vi.

Escena de baile en La La Land

¿Cuál es el mensaje de La La Land?

Varias veces, durante la proyección, me pregunté qué mensaje es el que pretende transmitir la película. Y llegué a la conclusión de que estaba viendo un anuncio, un spot muy largo. ¿Un anuncio de qué? Pues como mínimo, de vestuario, muy colorido. Tal vez un anuncio de música. Y puede que incluso un anuncio de clases de claqué.

Se acaba la película y estoy como al comienzo, no hay nada que haya hecho mella en mí, sino la sensación de haber pagado por ver un anuncio muy caro.

Solo en la última media hora de la película, hay una pequeña transformación de los personajes, totalmente esperable.

Comparaciones odiosas

Atrás quedan grandes obras maestras como West Side Story, a la que más se parece en su estética, y de la que más se aleja en su (ausencia de) contenido, o también a Cantando bajo la lluvia en la parte en que el personaje que interpreta Gene Kelly está buscando abrirse paso como bailarín. (Gotta dance). No hay color. Como digo, hablamos de obras maestras, hablamos de bailarines profesionales que trabajaron muy duro, hablamos de actores que sabían cantar, bailar y tocar el piano de forma muy solvente, aunque su especialidad fuese solo una de las tres.

 

Haciendo un análisis comparativo y ciertamente compasivo con La La Land, ocurre que:

  • Los actores principales no saben cantar ni bailar. Es cierto que algo parecido ocurre en West Side Story, en que los protagonistas del romance no son expertos bailarines (aunque sí saben cantar). Por ello, la carga de las escenas de baile la llevan los que sí lo son, como Rita Moreno y Russ Tamblyn, por mencionar a los principales. En West Side Story todos los actores saben cantar y bailar de forma muy solvente.
  • Hay muy poco más allá de la estética de colores. De nuevo, evoca el gran musical West Side Story, en el que hay una estética muy cuidada de colores. La diferencia es que además, en West Side Story hay un guion trabajado, hay drama, transformación de personajes, grandes números musicales, una música rompedora, excelentes actores, bailarines… Además, en West Side Story hay más personajes, cada uno de ellos tiene su profundidad, mientras que en La La Land cuesta recordar a alguien al margen de los dos actores principales.
  • Las escenas son copias. Las escenas románticas entre los personajes principales recuerdan demasiado a West Side Story. Algunas otras son imitaciones muy pálidas de otros musicales más tradicionales, como la mencionada Cantando bajo la lluvia. Digamos que La La Land no muestra nada nuevo bajo el sol, y los nostálgicos del musical pueden preferir volver a ver su película favorita.

 

La película con más nominaciones…

Este post no existiría si no fuera porque La La Land es la película con más nominaciones en la historia de los Oscar. Eso solo me hace pensar en una pérdida de profundidad, en un canto a la superficialidad, a la sociedad líquida que anunciaba Zygmunt Bauman. Escucho que los actores aprendieron a bailar en tres intensos meses. Tres intensos meses ahora es suficiente para llevar toda la carga de una disciplina en un largometraje. Y así es todo.

La película es impecable, un espectáculo visual y auditivo. La película es un producto de usar y tirar, no va a entrar en tu conciencia, así que puedes ir a verla para disfrutar de esa vacuidad ligera y líquida.

Actualizo mi entrada con otra opinión de una escritora y persona a la que admiro, y es que cuando una ha sido bailarina sabe bien qué es bailar y qué no lo es…

Aun así, a pesar de mi decepción con La La Land, entiendo que tiene que haber puntos de vista muy distintos para que se esté hablando tanto de ella. Por eso, incluyo aquí una opinión completamente diferente de una escritora a la que respeto mucho, porque si algo es cierto, es que nada lo es…

 

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El policía que estaba en la parra

¿Nos está permitido estar en la parra?

Piénsalo bien. O para aclarar un poco: ¿nos está permitido estar en la parra cuando otros están mirando? ¿Nos lo permiten nuestra naturaleza, las normas sociales, las neuronas espejo?

Estoy en la cafetería del aeropuerto. Digo “la” porque solo hay una (es un aeropuerto muy pequeñito). Todos estamos esperando un avión. Muchos han acabado de comer, pero es pronto para acercarse al control.

¿Qué haces tú en una situación como esta para matar el tiempo?

Mucha gente, y yo puedo estar a veces en este grupo, abre sus portátiles y sigue trabajando, como si no fueran más de las ocho de la tarde. Están encorvados y miran hacia abajo, a sus pantallas. Son “los tristes“.

Los que tienen compañía, los menos, a veces charlan. Suelen ser personas que no viajan por motivos de trabajo, por lo que no portan un ordenador. Son “los familiares“.

Hay algún “lector” y algún “escribano“, ese que toma notas. A veces también soy de uno de estos dos tipos. Ahora mismo, claro, estoy siendo “el escribano”.

Hoy hay uno distinto: es policía. Es joven. Y es capaz de mantenerse en la parra con la mirada distraída en el infinito y ocasionalmente en otro de los comensales. Claramente, no está de servicio. Ese tío sí se siente libre.

Parece tan relajado que incluso se diría que va a dormirse. Este tío es un crack. Lleva por lo menos veinte minutos en estado meditativo. No estoy bromeando con él, realmente le envidio.

Como esa niña del artículo, yo tampoco puedo parar mis pensamientos, ni puedo dejar de hacer cosas “útiles”, “productivas”.

Por lo que de pronto levanto la cabeza del teléfono y el policía se ha ido. De verdad, ha desaparecido.

¿Darán cursos de meditación en la policía? ¿O bien trabajar de pie, en movimiento, sin tener que estar al menos 8 horas delante de una pantalla dará al policía la capacidad de quedarse en la parra?

  • Nota 1: la imagen del policía procede de este artículo, y es evidente que no he encontrado imágenes de policías en la parra.
  • Nota 2: he visto que la expresión “estar en la parra” puede no ser global, ¿cómo llamáis a este estado en que estás despistado, con la mirada perdida en el infinito?

¿De dónde surge la creatividad?

(Nota: las fotos que ilustran este post son mi particular visión de hacer fotos creativas).

Estoy realizando un curso sobre Solución creativa de problemas (Creative Problem Solving) en Coursera, facilitado por la Universidad de Minesota.

El curso comenzó de la manera más tonta, tonta en el sentido de infantil, desenfadada y lúdica, por lo que muchos participantes que decían ser personas muy creativas en su mundo profesional, se enfadaron mucho con toda esa estupidez y dejaron el curso.

Y es que la primera semana se nos pidió que hiciésemos lo más creativo posible siguiendo la frase: “Come algo diferente”. En seguida, varios alumnos muy motivados ofrecieron todo tipo de ideas inusuales, desde comer todo de color rojo hasta comer la comida de su gato.

Observé que las mejores ideas eran las de aquellos que tenían un apoyo en su entorno, es decir, alguien dispuesto a ser tan tonto, desenfadado e infantil como el protagonista, y a recoger en foto o vídeo aquello que se estaba haciendo, puesto que era requisito imprescindible demostrar con pruebas el desafío que se había realizado.

Para nuestro diccionario, crear en su primera acepción es facultad de Dios (“producir algo de la nada”) y después es establecer, fundar, introducir por vez primera algo. En nuestro curso se maneja una definición más extensa; se trata de producir algo original y útil.

Esta facultad mejora en ambientes de apertura y de conexión con los demás. Existen estudios que respaldan esa observación mía de que los mejores proyectos estaban apoyados por otros: Steven Johnson, en la introducción del libro Where Good Ideas Come From (Las buenas ideas: una historia natural de la innovación), nos cuenta que existe una relación creciente y positiva entre el tamaño de una ciudad y las “buenas ideas” que aparecen en ella, considerando las buenas ideas como: patentes, presupuestos en I+D, profesiones muy creativas, inventores, etc. Esta relación se da con una fórmula exacta. Por ejemplo, una ciudad diez veces más grande que otra no es que sea diez veces más creativa (esto sería una relación directamente proporcional), es que es 17 veces más creativa. Es una escala “superlineal”.

Sin embargo, un artículo aparecido en el Newsweek, “The Creativity Crisis” (La crisis de la creatividad) nos habla de una crisis de las “buenas ideas” que comienza en los 90 y sigue hasta nuestros días. El artículo relaciona esta crisis con la formación centrada en aprobar un examen (drill-and-kill / teaching to the test). Si se da al alumno la solución a los problemas, pierde toda capacidad para imaginar o inventar soluciones alternativas. Y además, se le inculca la idea de que a cada problema solo corresponde una solución (y esta ya la dio uno muy listo en el pasado, así que no te molestes en pensar). Esta relación entre la forma de enseñar y el empobrecimiento de la creatividad también la expone Sir Ken Robinson en su ya famosa charla TED “Las escuelas matan la creatividad“, y también lo apoya en otra serie de vídeos bastante interesantes de ver, como este.

Hay dos habilidades que incluye ser creativo. Una es tener un pensamiento divergente, es decir, ser capaz de generar muchas ideas únicas, y la otra es tener un pensamiento convergente, en el que combinamos estas ideas para llegar al mejor resultado. La generación de ideas se incluye dentro de un proceso que consiste en encontrar hechos, encontrar problemas, generar ideas para solucionarlos y después encontrar la solución óptima a estos problemas.

Tanto en el artículo del Newsweek como en el libro de Johnson, se viene abajo el mito de que la persona creativa está atormentada, es oscura, depresiva o neurótica. Parece ser que estas características hunden la creatividad, más que impulsarla, como sí lo hacen la motivación, la apertura y la conexión con los otros. Por ejemplo, Mark Runco, de la Universidad de Georgia, observó que no ser creativo es realmente un factor de riesgo. En particular, parece ser que hay individuos muy capaces de encontrar problemas, muchos problemas, y sin embargo no continúan el proceso a la generación de ideas para solucionarlos. Runco predijo con este estudio la ideación suicida de estas personas.

Existe un test diseñado por el profesor E. Paul Torrance, el test de Torrance, que mide la creatividad, y además predice la capacidad futura de los niños de seguir siendo creativos en sus vidas profesionales. Puedes leer más sobre este test aquí. Este test fue diseñado por este profesor en 1958. Si te apetece saber si eres muy creativo, puedes probar este Originality Assessment Engine (Motor de evaluación de la originalidad), y hacer todas las pruebas que quieras. Cuanto más intentas ser creativo, más lo consigues, y es que tenemos buenas noticias: la creatividad se puede entrenar. ¡Suerte!