Los adornos: lo más difícil de “dejar ir”

¿Te cuesta deshacerte de los adornos?

Se muestran varios adornos de los que cuesta dejar ir

Los adornos de la abuela

Podemos recordar las costumbres de organización de nuestros abuelos, quizá alguno de los bisabuelos. Y ahí ya existía la acumulación, a pesar de que vivieron en una época muy diferente a la actual.

La abuela de muchos de nosotros/as ya acumulaba un montón de objetos, principalmente adornos.

¿Qué son los adornos?

Los hay de varios tipos:

  • Objetos útiles que no se utilizan porque se prima su belleza, su valor o ambos, como son jarras y jarrones, juegos de tazas, juegos de té, soperas, ensaladeras, copas (de vino, de champán, etc.) velas, almireces y resto de regalos típicos de boda, o herencias de algún familiar.
  • Objetos creados con el único fin de adornar, como figuritas de Lladró (o no), del roscón, bailarinas y toreros, esferas de madera o cristal, candelabros, máscaras venecianas, higrómetros… De estos, los adornos “horizontales” requieren de muchas superficies planas donde depositarlos, y de mucha paciencia para limpiar el polvo.
  • Adornos “verticales”: se cuelgan o se sitúan en vertical, como cuadros, calendarios, imanes del frigorífico, máscaras venecianas, carteles, mapas…
  • ¿Las plantas son adornos vivos? Si es así, trabajan 24×7 por un poco de agua a cambio, y de fertilizante o abono las que tienen suerte. Esto me recuerda a los adornos humanos en Clara y la penumbra. Quien no tiene una planta asalariada, la tiene en forma de flores de tela o bien tiene ramos de flores frescas que ya no hay que volver a regar.
  • Recuerdos, como marcos con su foto correspondiente, bufandas de un equipo de fútbol, copas y medallas que se ganaron tiempo ha y aparatos electrónicos de poca utilidad.
  • Colecciones: la perdición. Las colecciones de cualquier objeto requieren mucho espacio y mantenimiento, y no suelen ser estéticas. Muchas colecciones parecen sacadas de museos. ¿Tu casa es un museo? (Pregunta para reflexionar)

¿Cómo sería el asunto de la basura en el cazador-recolector?

En una sociedad cazadora-recolectora, deshacerse de algo no sería tan común, solo se tendría lo necesario, por lo que tampoco sería común acumular. Los espacios en que habitan las tribus no son muy grandes. Tienen poca ropa y ningún libro ni documento. Ni ningún aparato electrónico.

Sin embargo, lo cierto es que solo hay que ir a un museo para constatar que sí había adornos en las épocas antiguas: las figuritas no han evolucionado mucho desde la era prehistórica. ¿Había adornos en todos los hogares o solo en los de la gente con dinero?


Me gustaría conocer vuestras opiniones. ¿Cuál es el adorno de tu casa que más detestas? ¿Por qué? ¿Cuál es el adorno que nunca dejarías ir?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores por tomarse el tiempo para leer este post y unirse a esta reflexión.

Verdades sobre el dinero

¿Qué es el dinero? El dinero como objeto tangible ha perdido su razón de ser. Cuando el dinero tenía un reflejo como metal noble (Patrón Oro), su valor se comprendía mucho mejor. Hay que decir que todavía muchas personas creen en el patrón oro, es decir, en que los billetes y monedas que manejamos, con escaso valor en sí mismos, tienen un reflejo en unas reservas de oro que están en el Banco de España.

De los activos creados con el cada vez más complejo sistema bancario poco se sabe. Sí se sabe que si todos acudimos al banco a la vez a por nuestros ahorros, no podremos obtenerlos, ya que el banco sólo está obligado a tener una porción de ellos, calculada según el coeficiente de caja. Sin embargo, la proporción de dinero «real» que existe es desconocida para la mayoría de la gente. Aun así, el caso de Argentina, las hipotecas subprime y la caída de algunos grandes bancos internacionales, llevan a la gente a pensar que donde mejor está su dinero es invertido en ladrillo (cosa que ahora también se empieza a ver con escepticismo), o mejor, metido en un calcetín, o bajo el colchón.

El dinero, cada vez más, es un concepto o una abstracción, un número que podemos mantener en la cabeza, o consultar en la cuenta. Sobre él, podemos decir unas cuantas verdades que nos pueden ayudar a comprender mejor qué es el dinero y por tanto a manejarlo sabiamente.

1. Todo ingreso inesperado conlleva un gasto inesperado de igual o mayor cuantía
Esta es la principal Ley del dinero, la madre de todas las demás, y debemos su descubrimiento a Daniel G. En efecto, cuando surge cualquier tipo de ingreso con el que no contábamos, a la felicidad momentánea le sucede un cierto sabor amargo, al comprobar que surge un gasto igualmente inesperado, de importe equivalente: reparación del coche, la declaración nos sale a pagar, se estropea la caldera, se rompen las cañerías, etc. Es el equilibrio del Yin y el Yang…

2. El dinero fluye, va y viene, pero va más que viene
Parece que el dinero más que un objeto fijo, es una corriente, como la del agua, la de la luz y la del gas, que van y vienen misteriosamente, pero que tienen un alta tendencia a correr mucho. Complementaria de la anterior, esta verdad nos hace ver la verdadera naturaleza del dinero: escurridiza.

3. Uno se acomoda a la cantidad de dinero que gana…
… sobre todo si es mayor. Es increíble cómo, cuando hacemos nuestro presupuesto mensual, nos decimos: «con X cantidad de euros más me arreglaría perfectamente». Entonces surge un cambio permanente en nuestra vida que hace que ganemos esa cantidad X de más. Asombrosamente, al cabo de unos pocos meses (dos o tres) comprobamos cómo necesitaríamos una cantidad Y de euros más con la que ahora sí que sí nos arreglaríamos perfectamente.

4. El dinero la mayoría de las veces no existe: o es un papel, o es una chapa con un careto, o es un número en una cuenta que quizá no tenga reflejo real al 100%
Como adelantaba en la introducción, la existencia de nuestro dinero es relativa, como todo en esta vida. Cuando éramos pequeños y nuestros abuelos nos daban la propina, guardábamos aquellas monedas (con suerte billetes) con mucho cariño, comprábamos caramelos, disfrutábamos… De aquella época dorada viene la creencia de que esas monedas y billetes sirven de algo. Cuando menos te lo esperas, se convierten en papel mojado, como cuando entró la moneda Euro y la equivalencia cambió: 100 pesetas de antes, 1 euro ahora, eso del 166,386 no sirve.

5. Está en nuestra mente, no en nuestro cuerpo
Entrando en temas totalmente místicos e incomprensibles, podemos concluir fácilmente que el dinero es algo de lo que no disfruta el cuerpo hasta que lo convertimos en bien tangible. En cambio, nuestra mente es feliz viendo números altos en la cuenta corriente. Si esto es así, ¿por qué no engañarnos un poco y añadir algún que otro cero al número que veamos? (ADVERTENCIA: hacer sólo con números positivos). Quizá logremos acabar viendo un número así de verdad. De ilusiones vive el ser humano.

6. Las necesidades básicas se cubren con muy poco dinero
La mayoría de nosotros/as, si nos preguntamos qué es lo realmente necesario para sobrevivir, y hacemos un estudio profundo de lo que ya tenemos, podemos darnos cuenta de que se puede vivir dignamente a un coste más bajo del que creemos. Podemos comer muy bien, vestir correctamente e incluso darnos algún capricho de vez en cuando si nuestro objetivo es dejar de derrochar.

7. Cuanto más dinero se tiene, más cosas se consideran necesidades básicas
Así es. Las necesidades básicas como un coche nuevo, una casa grande, muebles buenos, televisiones de pago, comida de antojos y ropa de marca, son realmente básicas… La comida normal, la ropa que podemos seguir utilizando seis meses después a riesgo de no ir a la moda, y la casa humilde y sencilla, en cambio, son demasiado caros para la mayoría de nosotros: nos duele la (des)ventaja comparativa, que es mucha en este caso.

8. Muchas veces se piensa que se necesita más dinero al compararse con otros que parecen tener un coche mejor, una casa más grande y vacaciones increíbles
Derivada directamente de la anterior, esta verdad es una de las más dolorosas. Quizá uno de motu proprio cambiaría de coche cada ocho o diez años. Pero resulta que las personas de nuestro entorno lo hacen cada cuatro o cinco. Quizá viviríamos de alquiler, pero nos mueve el afán de poseer: los demás lo hacen. Puede que las ciudades españolas tengan cierto interés, pero luego mis amigos hablan de que se han ido a Perú, a los Roques, o a Tailandia, y claro, Logroño ya no entra en la conversación.

9. Pocas personas comparan su renta con la del resto cuando se trata de alimentarse bien, de hacer ejercicio o de respirar aire puro
Al respecto del dinero, se establece una lista de cosas importantes alejadas de las cosas realmente buenas para la salud. Nadie busca compararse en quién come más fruta, o quién recurre más a las pizzas. Tampoco vende mucho hablar del paseo tan gratificante que diste el fin de semana, frente a contar la última superproducción de Hollywood. Si cuentas que haces ejercicio puedes ser adorado/a a la vez que envidiado/a, pero si encima lo haces gratis porque sales a correr o en bici, entonces no se te perdonará jamás estar en forma. ¿Dónde está el gimnasio de a 100 € al mes?

10. Todo es relativo
Como queremos conservar el tono de humor, no vamos a entrar mucho en otras consideraciones, pero recuerda que el mundo en el que tú vives supone el 15% de la población mundial y posee el 85% de la riqueza. Claro que los ricos son otros, siempre son otros. Para una persona que tienen que caminar varios kilómetros para beber agua potable, tú eres inmensamente rico/a. Piénsalo.