Método KonMari: deja ir lo que no te hace feliz

¿No te has ido de vacaciones en agosto? Ordena tu casa

La mesa del salón antes de leer sobre el método KonMari

Es posible que te preguntes qué hacemos hablando de organizar el hogar en un blog sobre desarrollo personal. No, no he cambiado de tercio, simplemente el método KonMari ha llegado a mis manos gracias a una gran amiga (gracias, Beatriz) y me gustaría compartir lo que he encontrado en él que puede servir para crecer.

Y es que la clave no está en ordenar, está en dejar ir. Tengo la sensación de que dejar ir objetos vacía el apego al pasado y quizá también la mente, al tiempo que permite que entre lo nuevo, esencialmente lo que aquí y ahora importa.

Agosto es un mes estupendo para realizar este ejercicio si no estás de vacaciones: se ha ido todo el mundo, tú sigues trabajando, y es el momento idóneo para cerrar una etapa (de años quizá) y abrir otra nueva.

¿Cuál es el criterio?

Simplemente uno: “Me gusta y me da alegría”. Si es así, el objeto se queda. Me parece un criterio fulminante.

Hay dos sencillas preguntas:

  1. ¿Esto me hace feliz? ¿Lo conservo o lo dejo ir?
  2. Si lo conservo, ¿cuál es su sitio?

Otros métodos

Había oído hablar de otros métodos, como tirar lo que llevas 1 o 2 años sin usar, tirar una cosa un día, al día siguiente dos, luego tres, y así hasta completar el mes o tirar en función de la utilidad y lo que es razonable. Creo que lo que falla de estos métodos es que no hacen distinción entre objetos, o no al menos esta distinción fundamental de “me gusta y me hace feliz”.

Además, ordenar de golpe, de una vez y de forma drástica no es algo que se suela sugerir, más bien parecía que había que ordenar cada cierto tiempo o siempre que la ley de la entropía se cumple.

Con la palma de la mano

La clave está en el cuerpo: la reacción ante los objetos que nos encantan no es igual que la que tenemos ante los objetos que nos son indiferentes o no nos gustan.

El ejercicio que propone Marie Kondo es tocar cada prenda, cada libro, cada adorno, sopesar el objeto, sentir “qué te dice”, cómo te hace sentir, en un proceso que puede prolongarse hasta seis meses.

“Guarda las cosas que hablan a tu corazón. Luego da el siguiente paso y desecha todo lo demás”.

¿En qué orden se hace?

Para Marie Kondo, el orden es fundamental: primero dejar ir, después ordenar.

Solo cuando se ha eliminado todo se ordena lo restante. Por eso el matiz no está en guardar las cosas mejor, es decir, no se trata de hábiles métodos de almacenamiento o de tener una casa más grande.

De hecho, el que todo esté perfectamente guardado no significa que necesitemos todo lo almacenado. ¿Acaso hemos construido un búnker?

Ordenar por categorías me parece otro acierto de este método. Es la forma de detectar cuánto de lo mismo acumulamos. Podemos tener ropa en varios armarios, y podemos tener libros en varias habitaciones. Si no lo vemos todo junto, no nos damos cuenta de la cantidad de objetos que hemos podido acumular. Es necesario enfrentarse a toda la ropa a la vez, o a todos los libros, no a las ubicaciones (salón, dormitorio…) donde se encuentran.

El orden que propone Marie Kondo es de las categorías que suponen menor apego a las que más, dejando para el final los objetos sentimentales. Por eso sí pienso que este orden se puede alterar en los casos en que se es especialista en un área muy concreta, por ejemplo en moda (ropa) o investigando, dando clase, etc. (libros y apuntes). Este es el orden propuesto:

  1. Ropa.
  2. Libros (yo añado aquí el material de estudio, que ella añade en el siguiente punto).
  3. Papeles.
  4. Komono. Lo que yo llamo barrusilla (palabra que no existe). Incluye algunos electrodomésticos y sus cajas.
  5. Objetos sentimentales y fotos.

Visualizar el objetivo

Tampoco había oído que la organización pudiera tener un fin distinto a la propia organización. Sin embargo, el método nos invita a imaginar con el máximo detalle cómo es el resultado que esperamos. “La pregunta de qué quieres poseer es la pregunta de cómo quieres vivir tu vida”.

Por eso, Marie Kondo nos habla de un “clic”, un momento en que sientes claramente que ya no necesitas desechar más, y que las cosas que se han quedado son las que necesitas para vivir. En el libro nos da varios ejemplos de cómo las personas a las que ayuda se dieron cuenta de cuál era su verdadera vocación o de cómo imaginaban que sería su casa tras ordenarla.

Mejora tu toma de decisiones

El no poder deshacerse del pasado te dificulta ver lo que de verdad necesitas en tu vida ahora.

Otro aspecto de crecimiento personal es saber elegir. Si tiendes a acumular objetos es porque te cuesta elegir con cuáles te quedas, o lo quieres todo, o sientes pena o culpa por deshacerte de cada uno de ellos.

Pienso que el método KonMari ayuda a afinar la toma de decisiones, a entender qué te gusta y cuándo algo ha dejado de servirte, aunque en el pasado fuese algo muy importante o útil.

Como dice repetidamente la autora, “algún día significa nunca”, y mucho de lo que acumulas por si lo utilizas alguna vez, seguirá sin ser utilizado. Si es verdad que llega ese “algún día”, siempre puedes volver a adquirir el objeto, quizá de tecnología más avanzada, o más barato, o más a tu gusto.

“Desecha todo lo que no te inspire alegría.”

Un lugar para cada cosa

Al leer esta expresión, un lugar para cada cosa, me vino a la mente el perfeccionismo cargante de Mary Poppins.

Creo que se pueden relajar los criterios que propone el método KonMari y adaptarlos a una vida cómoda. Es verdad que muchos objetos rondan por la casa porque no sabes dónde ponerlos, y en este sentido la ordenación por categorías ayuda. Pero también es verdad que algunas propuestas rayan lo obsesivo, y en mi caso no me convencen.

El mensaje global, tener un sitio donde guardar cada cosa, sí me parece necesario.

Puntos a tener en cuenta

Encuentro en este método algunos puntos que hay que tener en cuenta:

  1. Acabar obsesionado/a por el orden.
  2. Ponerte a organizar cosas que no son tuyas, sino de tu familia, lo que muestra una gran falta de respeto.
  3. Creer que si tienes un espacio grande, no importa que acumules objetos.
  4. Esperar que tu vida se transforme radicalmente.
  5. Centrarse tanto en la basura y en la cantidad de bolsas que sacas que acabes viviendo para detectar basura.
  6. No tener en cuenta la necesidad de reciclar o de buscar que los objetos puedan reutilizarse (libros a la biblioteca, ropa a la iglesia, etc.) o incluso venderse.

 


Me gustaría saber qué opinas sobre el orden. ¿Crees que influye en cómo te sientes en tu vida? ¿Compartes el significado de dejar ir el pasado? Me encantaría continuar la conversación en los comentarios. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores que se tomen el tiempo para leer el blog y unirse a la reflexión.

 

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Mindfulness de una mosca en la pared de tu mente

Soy la mosca en la pared de mi mente.

(La Mosca, cortesía de https://quienfueraunamoscaentupared.wordpress.com/page/2/, diseñada por el Estudio Virgulilla)
(La Mosca, cortesía de https://quienfueraunamoscaentupared.wordpress.com/page/2/, diseñada por el Estudio Virgulilla)

Me he dado cuenta de que ser tan solo una mosca dentro de mi cerebro me permite observar detenidamente mis pensamientos, emociones y acciones de una manera desinteresada, con la actitud del que solo pasaba por allí y se queda a observar lo que ve.

Como mosca, tengo un pensamiento muy limitado, un recuerdo vago y una proyección al futuro nula. Y esto es genial, sencillamente. Vivo realmente bien en mi condición de mosca, en la que tengo tres actividades por día: frotarme las patas, comer y dormir.

El resto del tiempo, o incluso mientras froto mis patas o como, me pongo a observar lo que piensa, siente y hace la mente en la que me encuentro. Es bastante entretenido, como ir al cine.

A veces, se me pide que tome parte en lo que está ocurriendo, como si yo pudiera hacer esto. Lo que hago en estas ocasiones es vencer la balanza hacia un solo sitio, el único sitio que yo conozco: vivir el momento presente. Es decir, me preguntan que qué opino sobre esto, que cómo me hace sentir lo otro, que qué me parece esta acción o esta ausencia de acción. Y yo, que estaba en la pared tal cual, o que me frotaba una vez más las patas, me encojo de hombros, no tengo hombros, y respondo: yo respiro.

Me parece que lo que esperan es que tome partido por algo. Y no, simplemente estoy muy en contacto con lo que está pasando, estoy presenciando muy de cerca lo que se está sintiendo, estoy siguiendo con atención la acción que se desarrolla. Con hacer esto, ya estoy haciendo algo. Y mientras, respiro. Todo lo demás me suena como a viajar en el tiempo, ya que el pensamiento se conecta con el futuro, las emociones con el pasado, la acción no está siendo del todo limpia, está contaminada por esos otros momentos que no están aquí ahora.

No es que yo entienda mucho de esto, simplemente lo observo, lo veo y lo respiro. Como mosca en la pared, en concreto, la mosca en la pared de mi mente, me siento en calma. Estoy aquí, observando, y sé que podría responder con flexibilidad a los momentos que se presenten. Estoy totalmente en contacto con mis sensaciones, con mis sentidos.

Y es que ahora mismo la vida es un misterio trepidante e insondable. No entiendo cómo los humanos se dedican a evitar a toda cosa el momento de ahora, el presente. Quizá les da vértigo. Yo como mosca no lo sé. Para mí, todo es nuevo a cada momento, todo es extraordinario, ¡mágico!

Cada día, cada momento, todo está ahí, listo para cada uno de vosotros, los humanos. Y pasáis de largo. Sin saber, sin importaros. Tal vez por esto sentís esa amargura, esas emociones de ansiedad y frustración que yo presencio desde mi pared. Y sin embargo, no hay diferencia apreciable entre lo que valoráis como ordinario y lo que valoráis como extraordinario. Todo es extraordinario cuando lo veo con los ojos del momento presente.

https://player.vimeo.com/video/37153340
Seeing from Dietrich Ludwig on Vimeo.

Repito, aunque como mosca no me gusta repetirme, sino avanzar hacia adelante, hacia la vida: todo es extraordinario cuando lo veo con los ojos del momento presente.


Inspirado en este vídeo.