Puro teatro: imitación de la vida

Vista de las ruinas del teatro de MéridaAnte las ruinas romanas del teatro de Mérida, el teatro se siente vivo y eterno, como si siempre hubiese estado ahí, como si siempre hubiese sido necesario, y como si no pudiese evitar revivir cada verano en el Festival de Mérida. El teatro de Mérida se construyó en el año 15 antes de Cristo, y unos años después, en el 7 a. C., el anfiteatro.

La guía del Consorcio de Mérida explica con detalle qué zona del graderío ocupaba cada clase social: patricios, plebeyos, esclavos… y mujeres. Había un espacio “VIP”, reservado justo frente a la orchesta, para las autoridades.

Teatro romano de Mérida, vista desde las gradasEl espacio de escena es enorme, tanto, que cabe imaginar a muchos artistas entrando y saliendo: actores, músicos, danzarines, mimos y pantomimos. Situarse en este espacio, ahora de arena pero en su día de tablas de madera, y mirar hacia las gradas, sentir cinco mil miradas sobre ti… La máscara te cubre, pero al tiempo te separa del público, obligándote a proyectar la voz más alto, más fuerte.

En el anfiteatro, la guía relata los juegos que llevaban a cabo los gladiadores luchando entre sí o con fieras, y comenta que eran esclavos, esclavos muy deseados e incluso envidiados por los plebeyos, que eran hombres libres pero con muy pocos medios.

Entonces, surge la pregunta: ¿también eran esclavos los actores del teatro?

En ocasiones, sí. Cuando había que matar a alguien en escena, se sustituía al actor por un preso condenado a muerte, ya que los actores que intervenían en las obras llevaban siempre una máscara, e incluso el mismo actor hacía varios personajes, masculinos y femeninos: las mujeres todavía no subían a escena, y posteriormente solo hacían pantomimas (no hablaban).

Relieve de escena teatral con máscarasDe pronto, puedo visualizar el desasosiego de ese “no actor” al que sacan a escena a la fuerza, enmascarado, del que todos saben que no es un actor, sino un condenado, y quien va a morir en directo, y en público. Hay excitación entre los asistentes, van a ver un espectáculo de realidad del que “produce la catarsis de las pasiones trágicas”.

Siempre es difícil manejar la muerte en escena: ¿qué se hace con el muerto, aunque sea fingido? ¿Se queda en el suelo el resto de la escena? Por eso las muertes se dan al final…

Estos juegos de escena me evocan el primer texto que describe por qué a los humanos nos es tan agradable ver representar escenas “como si” fuesen reales. Aristóteles nos dice que las actuaciones son imitaciones, mímesis de la vida real. Lo explica en la Poética (siglo IV a. C.), que ahora es un clásico de obligada referencia en la teoría de la Literatura.

Esos artistas romanos imitaban individuos en la acción, haciendo cosas, ante un público de más de cinco mil personas, que acudían de día y sin pagar precio para contemplar a otros imitar la vida.

¿Qué es lo que hace que viendo imitar la vida disfrutemos tanto?

Es una pregunta que también trató de contestar Aristóteles. Según él, dos causas han generado el arte poético:

  • La actividad imitativa es connatural al ser humano desde la infancia: aprendemos imitando.
  • Todos los seres humanos disfrutan de las imitaciones.

Es importante puntualizar que Aristóteles incluye en las imitaciones las que se realizan mediante el ritmo, el lenguaje y la música, incluyendo entonces danzarines y músicos.

Además, la tragedia produce la catarsis de las pasiones trágicas: compasión y miedo. Y la compasión surge de la conciencia de que los males que suceden a otros podrían sucederle a uno mismo/a, como en el caso de ese condenado que muere en escena ante un público sobrecogido.

Hay una pregunta que me interesa más, sobre todo desde que recibo clases de improvisación en la Escuela de Jamming:

¿Qué es lo que hace que disfrutemos imitando la vida? ¿Qué nos empuja a (ex)ponernos delante de un público, incluso (sin) con máscara?

Máscara del teatro en Augusta EméritaParte de la respuesta ya nos la ha dado Aristóteles arriba: todos los seres humanos disfrutan de las imitaciones, y esto incluye tanto a los que imitan como a los que ven las imitaciones.

Existe una magia en hacerse pasar por otra persona, en llevar una máscara que crea en sí misma un personaje siempre distinto a uno mismo, incluso si es muy parecido. La magia de ser otro, de vivir realidades que no podemos vivir siendo la persona real, pero sí siendo el personaje, la excitación de saberse observado y precisamente por ello crecer en el escenario y entregar algo de dentro que momentos antes no sabemos ni lo que es, ni si va a poder salir o va a quedar encerrado bajo la capa del miedo.

Ante las ruinas del teatro de Mérida, ante mí revivieron aquellos artistas con máscara, haciendo juegos de escena (ludi scaenici), jugando a ser otros siendo ellos mismos.

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Enunciar, incluir… ¿qué son?

Buscando palabras con las que jugar, en una lista de palabras aparentemente aburridas, he seleccionado dos.

He elegido estas palabras porque ambas están compuestas por un prefijo y una raíz.

Cuando he elegido “enunciar”, he pensado también en anunciar, renunciar, y entonces me he preguntado qué puede ser un “nuncio”.

Enunciar es

Expresar breve y sencillamente una idea o los datos de un problema de matemáticas. 

Cuando he seguido buscando en el diccionario de la RAE, ninguna de las palabras con “nuncio” explica su raíz etimológica. Es chocante que haya tenido que acudir a un diccionario etimológico chileno para encontrar información sobre la raíz, “nuncio”.

En la RAE nos explica qué es un nuncio, pero no nos explica que es la raíz de las otras palabras. En el diccionario chileno, encontramos que la palabra nuncio procede de la raíz “nuntius”, común a todas las otras (anunciar, pronunciar, renunciar, denunciar…), y que significa mensajero, el que anuncia; la propia noticia. Este interesante diccionario añade que quizá la palabra entró a partir del italiano “nunzio”, embajador. Llama la atención que, mientras consulto esto, la publicidad que aparece en ese portal chileno sea de un producto para los pies. Estoy leyendo sobre mensajeros y noticias, y viendo pies. ¿Pies alados? Como Mercurio [lo que a su vez me recuerda a Freddie Mercury, pero esa es otra historia]. Quizá “noticia” tenga esta misma raíz, me suena parecido a nuntius. Pero no, ya me dice el diccionario etimológico que no.

Después de esta búsqueda me he centrado en la palabra inclusión, que automáticamente me ha hecho pensar en exclusión, reclusión, eclosión, y me he preguntado si la raíz es “clusión” y qué es esto. Y si está relacionado con eclosión.

Incluir es

Poner algo dentro de otra cosa o dentro de sus límites. Y dicho de una cosa: Contener a otra, o llevarla implícita. 

La raíz, la parte “cluir”, “clusión”, viene del latín claudere, que significa encerrar. Así que, aunque estés incluido, estás encerrado. Quizá el significado de esta raíz estaba en mi inconsciente, porque yo sentía esto sin conocerla: que pertenecer es una forma de encerrarse, pero en un grupo.

Cuando he buscado exclusión, además, he encontrado mucho más. Por ejemplo, otras palabras con la misma raíz: concluir, inclusa, clausura, cláusula y esclusa.

Excluir es sacar a algo o alguien de un conjunto o recinto dejando el recinto cerrado para él; es dejarle fuera. Y esto también es angustioso, porque parece que si se cierra ese recinto, al otro lado, en el exterior, no va a haber nada. Exclusión comparte su raíz con “kleu-“ (gancho o clavija), que da lugar a llave, clavo, maza, clave…

Espero que a mis lectores esto les parezca tan entretenido como a mí. 🙂

Conductor: piensa en las motos


En la nueva campaña de concienciación de la DGT en funcionamiento desde el 29 de abril, aparece entre otras la frase que da título a esta entrada.

Otras frases son:

Motorista sé prudente.
Las motos son más vulnerables.
La carretera no es el circuito.
Volver es lo importante.

Dado lo acertado de las otras frases, y teniendo en cuenta lo breve del espacio, «Conductor piensa en las motos» es una frase que en mi opinión debería ser revisada.

Desde la primera vez que la leí, la frase me distrajo completamente, como toda frase que invite a pensar, reflexionar, meditar, etc. Como conductora, pensé en las motos: lo bonitas que son las motos, la moto en la que voy a veces de copiloto, lo divertido de la moto, las marcas y estilos de motos… Y rápidamente empecé a pensar en cualquier otra cosa.

Se puede intentar que el conductor piense, por ejemplo, en el motorista. Ésa sería una solución. Si piensas en otra persona manejando otro vehículo, esto quizá sí te haga pensar en aquello que se pretende con la campaña.

Otra opción es que el conductor esté atento a las motos, vigile, cuide, tenga cuidado. En otras palabras, un texto en medio de la carretera debe invitar a la acción inmediata, y no a la reflexión pasiva. Es algo que se estudia en la técnica más rudimentaria de venta a través de la lengua escrita.