¿Tiempo, dinero o energía?

Tiempo, dinero y energía parecen ser la misma variable

Tengo la sensación de que, de alguna forma, tiempo, dinero y energía son formas parecidas de lo mismo.

La relación inversa entre tiempo y dinero se estudia incluso en las facultades de Economía. Al hablar de trabajo, por ejemplo, cambiamos tiempo por dinero. En concreto, lo habitual es cambiar 8 horas de trabajo diarias, o 40 semanales, por un salario.

Un elemento fundamental los diferencia: el tiempo no se puede multiplicar, y el dinero sí.

¿Qué es el dinero?

Hace mucho tiempo que el dinero dejó de ser la representación en papel de una reserva de oro que se encuentra en el Banco de España, tal vez “escondida” en algún sótano, como podríamos imaginar. Mucho del dinero que circula ahora es ficticio, creado, sin ningún respaldo real; es un dinero virtual, que se multiplica gracias a su precio (los tipos de interés), y gracias a las leyes del mercado bursátil. Quien más quien menos, sabemos qué consecuencias ha tenido el hecho de que los activos que poseían los bancos fuesen irreales, basados en una deuda “tóxica”.

¿Qué es el tiempo?

En cuanto al tiempo, el tiempo es tu vida. Lo que hagas con tu tiempo, lo estás haciendo con tu vida. Tus días, tus horas, tus minutos, son días, horas y minutos de tu vida, de lo que te resta de vida.

Lo parecido entre el tiempo y el dinero es que parecen comportarse como un flujo de energía. Parados, se estancan, para ponerlos en acción y que fluyan hay que disfrutarlos, vivirlos, llenarlos, realizarlos.

¿Qué es la energía?

La energía a la que me refiero en el título es la fortaleza vital que se tiene en cada momento. En realidad, no solo se cede tiempo a cambio de dinero, también (y sobre todo) se cede energía. Se puede pagar para conservar energía, en otras palabras, se puede ceder dinero a cambio de tareas que ayuden a preservar la propia energía: alguien limpia por nosotros/as, o nos trae la compra, o nos hace comida y nos la pone en la mesa, etc.

La relación entre la energía y el tiempo también es inversa: cuanto más tiempo se invierte en una actividad, menos energía queda disponible para otras actividades.

Así, el día al día al final es un conjunto de tomas de decisiones acerca de cómo gestionar tiempo, dinero y energía.

Entonces, ¿qué es el ahorro?

Pues el ahorro tiene un punto de vista positivo y uno negativo.

Ahorro de dinero

El dinero no da la felicidad, pero su carencia nos puede sumir en situaciones realmente desagradables. Se recomienda tener un colchón para imprevistos, edificar un plan de pensiones, o construir una gran inversión, como es comprar una casa. Ese dinero que se va apartando se puede rentabilizar, es decir, se puede aprovechar el hecho de que el dinero se crea de la nada a partir de la aplicación de los tipos de interés, los precios de las acciones en bolsa, etc. Podemos aprovechar el carácter virtual del dinero.

Pero, ¿qué pasa si todo el mundo retiene su dinero? Entonces la Economía del país se estanca, se ralentiza, no hay intercambios de bienes y servicios por dinero, se paraliza la actividad. Lo que parecía bueno deja de serlo.

Ahorro de energía

El ahorro de energía vital puede parecer maravilloso también. Se dice que el número de respiraciones de toda nuestra vida está contado, así que una buena forma de ahorrar es ralentizar la respiración, calmarla. Según Osho:

“Cuando la vida es fácil, el tiempo parece más corto. Esos a los que la gente
llama yoguis, que cada vez respiran menos y más despacio, lo único que hacen es
disminuir el proceso de la vida. Están menos vivos, eso es todo. No van a vivir
más tiempo; tan sólo van a estar menos vivos. No están viviendo plenamente; su
llama no arde adecuadamente. El ánimo, el entusiasmo y la danza desaparecen. Se
consumen a sí mismos, eso es todo.”

Ahorro de tiempo

Y finalmente, el ahorro del tiempo siempre me evocará a los Hombres Grises del libro Momo, y es que el tiempo no se puede ahorrar porque la vida no se puede ahorrar. Todo lo que hacemos, cada día, en el trabajo, en el metro, al encender la televisión, es tratar de no ser conscientes del tiempo, tratar, además, de que pase lo más rápido posible, es decir, gastarlo. Aunque creemos que lo ahorramos. Existen cursos sobre gestión del tiempo, los anuncios proclaman que los productos nos ahorran tiempo, ¿y cómo se va a ahorrar el tiempo? Me refiero a que, igual que resulta absurdo imaginar una gran caja de ahorros del tiempo como la que aparece en la novela de Michael Ende, también resulta absurdo pensar que si se va más deprisa, se tendrá más tiempo. Intentamos correr mucho y, al igual que para los hombres grises en la calle de Jamás, el tiempo pasa más rápido y se nos va.

¿Tiempo, dinero o energía? Ni ahorrarlos, ni malgastarlos, simplemente vivirlos, disfrutarlos y llenarlos.


¿Y tú qué piensas sobre esto? Como siempre, agradezco mucho vuestros comentarios y aportaciones para enriquecer estas reflexiones.

¿Por dónde se nos va la energía?

Hace tiempo que me pregunto cómo es posible que los animales domésticos tengan tanta energía, reacciones rápidas, flexibles, un dominio claro de su cuerpo orientado a alcanzar lo que necesitan.

Y me lo pregunto porque no podemos achacarlo a su entrenamiento diario (suelen pasarse el día durmiendo), ni podemos achacarlo a su comida (ese pienso con olor sospechoso deja mucho que desear).

En cambio, para ver a una persona actuar con las mismas reacciones precisas y enérgicas tenemos que asistir a una exhibición de artes marciales, o de algún deporte a nivel profesional.

¿Por qué? ¿No te preguntas por qué? ¿No te gustaría tener la energía de los animales, durmiendo casi todo el día y comiendo lo necesario para estar correctamente alimentado?

Bueno, por aquí van apareciendo pistas… Por ejemplo: estar todo el día durmiendo. Alguno habrá que se apunte ahora mismo a este nuevo estilo de vida que propongo. Aunque pienso que cuando hubiera recuperado el sueño atrasado, no tendría ganas de dormir mientras luce el sol, mientras hay vida y movimiento en las calles, mientras algo sucede. Además, la reacción de un perro o un gato ante un estado de alarma es inmediata, y en la medida justa, pero al minuto siguiente, cuando ven que no era nada, están profundamente dormidos.

Quizá no sería dormir el secreto. Pero sí que tiene que ver con el descanso. El descanso de la actividad mental. Se me ha ocurrido una cosa, a ver si no es un absurdo: convoco a todos aquellos biólogos y biólogas, etólogos y etólogas, neurólogos y neurólogas, y demás sabios sobre el cerebro humano y en su caso animal, a decirme qué opinan.

Creo que el secreto del despliegue de energía que muestran los animales se debe a que no piensan demasiado.

Piénsalo (je, je).

Nuestras mascotas se quedan dormidas en cuanto no hay una actividad interesante o amenazadora ahí fuera, y se duermen porque no se ponen a pensar ni a preocuparse ni a imaginarse cómo sería si… Y es cierto que en esto se pierden cosas interesantes.

Pero lo nuestro es demasiado: nuestro cerebro consume una gran cantidad de energía en todos los procesos mentales, y además está demostrado que consume mucho más cuando se enfrenta a tomas de decisiones y sostiene dos pensamientos contradictorios al tiempo (hasta llegar a enfermar). Y consume mucho más cuando tiene que fingir u ocultar emociones. Esto conlleva un desgaste exagerado de energía.

Si sumamos a nuestros numerosos años sentados en sillas duras e incómodas que pudieran haberse dedicado a corretear cazando bichos los años que además hemos dedicado a pensar sobre cosas muy sesudas, ¿qué energía nos va a quedar? La suficiente para apretar teclas con nuestros deditos, de diferentes teclados, mandos y controles, y para mirar a unas pequeñas pantallas…