El dedo y la Luna

Hay dos maneras de lidiar con la realidad (hay muchas, pero, polaricemos en dos): seguir unas indicaciones externas o seguir tus propias indicaciones.

En la empresa

Cuando empecé a estudiar constelaciones familiares, encontré un libro de Bert Hellinger sobre el éxito profesional y de las empresas. Y me dije: «Esto es, aquí voy a encontrar la fórmula para tener éxito como freelance».

Pero resulta que dentro del libro volvía a poner lo que en el resto de información que ya conocía. Para tener éxito en los negocios había que hacer lo mismo que para tener éxito en la vida, para tener pareja, o para tener salud, esto:

  • Aceptar incondicionalmente a nuestros padres biológicos tal y como son, hayan hecho lo que hayan hecho.
  • Respetar los órdenes del amor, es decir, las leyes de la sistémica: pertenencia, antigüedad, equilibrio de dar y tomar.

Pero, pensé, ¿dónde está el método? ¿Qué pasos debo seguir? ¿Tengo que invertir en publicidad, hacer un curso de marketing? ¿Cómo defino a mi cliente ideal? ¿Cuál es exactamente mi producto?

Estaba buscando el dedo y me habían mostrado la luna.

Imagen generada con Nano Banana (Gemini).

Para decidir algo

Si necesitas tomar una decisión, también hay dos formas.

Tradicionalmente, se nos ha dicho que debemos dividir un papel en dos columnas. La primera columna contendrá una de las opciones. A su vez, puede que haya dos cuadrantes, uno para sus ventajas y otro parara sus inconvenientes. La segunda columna es para la otra opción, que, a su vez, tendrá una serie de ventajas e inconvenientes. Lo que se apunta en esta hoja son «razones», es decir, productos del pensamiento lógico. Luego, se elige aquella opción que tiene más ventajas y/o menos inconvenientes, quizá preguntando a expertos de la materia.

Por ejemplo, cuando tuve que decidir qué carrera estudiar, hice algunos de estos cuadros. Aquí las opciones son muchas, no solo dos, y el lío que se arma es mucho mayor. Hasta tuve ayuda de un gabinete que se basaba en criterios no muy distintos para indicar qué carrera era la que probablemente fuese mejor para la persona. Os diré que aquí el fallo vino de antes, cuando elegí asignaturas porque me gustaban pero luego la carrera no encajaba con ellas y, en aquella época, no se podía escoger una carrera no relacionada con las asignaturas estudiadas en bachillerato (muy brillante esto). Vale, parece lógico que, si te has decantado por unas asignaturas, entonces te vaya a gustar una rama de estudios. Resulta que el ser humano no es un ordenador, no piensa de forma lógica. En este proceso de toma de decisiones se deja totalmente fuera qué te dice la intuición, qué te gusta hacer la mayoría del tiempo, cuáles son tus motivaciones internas (incluso las inconscientes).

Hay otra forma de tomar decisiones, mucho más efectiva. Consiste en preguntarte a ti, al observador que está fuera del juego de los Sims, cuál elegir, a o b. Y si parece que no es ninguna, preguntar por c. «La que sabe», la intuición, tus células, un algo de dentro, parece saber la respuesta, lo que pasa es que no da ningún argumento. Por eso, se nos ha enseñado durante años de adoctrinamiento a rechazar esta voz, hasta el punto de dejar de escucharla. Siempre «una persona mayor» (una persona experta en algo o «en la vida») va a saber mejor que tú, que eres «una persona pequeña», lo que es bueno para ti. Pero, una vez creces, no vuelves a cuestionar esta creencia. Por eso es tan fácil confundir el dedo con la Luna.

El principal problema de la segunda forma de tomar decisiones es que son inexplicables. Se hace necesario buscar unas «causas razonables» para cuando la gente pregunta. Se puede decir cualquier cosa: «me dio por ahí», «no lo pensé mucho», «pensé probar esto», «me parece la mejor opción», pero no hay razones detrás: hay que acostumbrarse a esto, porque toda la vida se nos ha ido indicando que debemos explicar el origen y las razones de todas nuestras acciones.

Viendo la tele

La tele y, por extensión, cualquier medio digital que da noticias/información, puede ser esa persona que te muestra su dedo y te dice que señala a la Luna. Este conjunto de medios está lleno de personas expertas que te van a decir lo que tienes que hacer, cuándo y cómo. Te van a decir cómo lavarte las manos, te van a decir qué pensar. Te van a dar el juicio ya sopesado, calculado y decidido. La persona se hace una ilusión, dice:

Me voy a informar.

Cree, realmente, que, a partir de todas estas informaciones de diverso tipo, va a poder elaborar su propia opinión. Pero si no es cauta, no se dará cuenta de que no le van a permitir elaborar nada. No es una conspiración judeomasónica, es la forma en la que funcionan los sistemas de información y los cerebros humanos. Conozco a mucha gente que, para evitar esto, deja de ver la tele. No está mal, lo que pasa es que dejas de estar en el mundo en el que nos ha tocado vivir al rechazar una parte de él.

También puedes hacer otra cosa, puedes escuchar aquí y allá de una manera concreta. En lugar de la famosa y muy apreciada escucha activa, en la que pones toda tu atención y escuchas con el alma, tratando de acompasarte con la otra persona, aplicas la escucha de Bert Hellinger. Él cuenta en alguno de sus libros que escucha hablar a la persona que acude a una constelación familiar y no se fija en el detalle ni en la verborrea. Al contrario, pide brevedad. En esa brevedad, en esas pocas frases, oye que algunas palabras se dicen de forma más marcada, ocurre algo que las resalta: una pausa, otro tono, otra velocidad. Esas son las palabras clave. Puedes escuchar de esta forma las noticias e ir más allá, preguntarte:

¿Por qué me están contando esto ahora? ¿Por qué me dicen esto de esta manera? ¿A qué viene poner el foco en esto o en lo otro?

Dando un paso atrás y observando «el circo de tres pistas» es más fácil sacar conclusiones, pero, sobre todo, elaborar una idea propia a partir de las intuiciones y las sensaciones.

En los «hábitos de vida saludables»

Esto lleva años de moda. Antes, era un tema más hippie o alternativo, ahora está muy extendido. Se trata del conjunto de personas externas que te dicen qué hábitos «recomiendan» que sigas y qué cosas horribles te ocurren si no los sigues. Lo que pasa es que se contradicen entre sí. Todos ellos esgrimen estudios científicos que demuestran su punto de vista. Y son ciertos. ¿Por qué? Porque, como venimos diciendo en este blog, dos cosas opuestas pueden ser verdad al mismo tiempo. Os planteo unas objeciones que me surgen a algunas de estas recomendaciones:

  • Hay que usar suplementos porque la dieta es incompleta. Pero otras personas igual de expertas dicen que a través de la dieta se obtienen todos los nutrientes necesarios.
  • Es imprescindible recibir luz solar directa (no a través de cristales) al amanecer para activar los relojes internos de las células. Pero hay gatos y plantas que se pasan toda una vida sin recibir luz solar directa… y sobreviven con aparente buena salud.
  • Los alimentos tienen que ser de proximidad (juas, me parto, ¿eso es posible hoy día?), y, sobre todo, muy poco elaborados. Se deben descartar aquellos alimentos con más de 3 ingredientes. Vale, entonces un potaje con garbanzos, bacalao, huevo y espinacas, ¿ya no vale?
  • Tienes que conocer constantemente cuáles son tus niveles de x, y, z, por lo que debes recurrir a análisis de sangre y otras pruebas. Si no te pasaba A (no tienes SIBO), quizá te pase B (tienes una intolerancia al sorbitol), o incluso C (no te funciona el nervio vago, la nueva moda). «Algo te pasa, por eso te sientes mal».

Si unes todas las recomendaciones y haces caso a todas, es bastante seguro que mueras de hambre. Hace poco escuché a una endocrina y nutricionista decir:

Si una tarde te apetece, tómate un chocolate con churros.

Esto suena a permiso, disfrute de la vida y placer. ¿Qué opinarían otras personas expertas sobre este tema? Me gustaría mucho saberlo.

Para alcanzar la sabiduría

Igualmente, cuando me atrae la forma de ver el mundo de algún «gurú espiritual» vivo, por ejemplo leída en un libro, me acerco a esta persona y compruebo qué es lo que dice. La mayoría de las veces hay que seguir unos pasos, los suyos, hay que hacer esto y lo otro, se medita así, no debes hacer tal o cual cosa. Las personas que siguen al gurú empiezan a realizar una serie de rituales porque piensan que seguir las reglas de este Fulano les va a llevar a algún sitio. Pero no, el Fulano te está enseñando su dedo y cómo él cree señalar a la Luna (que nunca ha visto).

Sin embargo, individuos muy sabios dejaron un mensaje muy claro: no hay que hacer nada, no hay camino, ni siquiera las «buenas obras» cuentan. Como San Juan de la Cruz. Y con este mensaje concuerda, por ejemplo, Anita Moorjani: tú ya eres un ser espiritual, no tienes que ganártelo. Desconfía de las personas que te dicen que sólo serás espiritual si realizas los rituales que ellas indican.

En definitiva, amigo lector, se desdeña el enorme poder de la propia mente y la sabiduría de la propia intuición, del guía interno, a pesar de que se sabe que si una persona cree en que una conducta, alimento o hábito le va a beneficiar de una manera, es mucho más probable que, de hecho, le beneficie.

«Las cosas son así» es una creencia

Según cuenta Antonio Fornés en Reiníciate, en uno de los Pensamientos de Blaise Pascal se plantea la metáfora de una isla que funciona como un campo de concentración. Allí, los humanos somos obligados a trabajar de sol a sol. Los carceleros irán ejecutando cada día a algunos de ellos ante la vista de los demás. Si tienen algún tiempo de descanso, se les sugieren diversiones y juegos que hagan que siempre estén ocupados: así, no podrán hacer ningún tipo de introspección.

Esta parece una posible descripción de la vida como juego de los Sims, excepto por un detalle: somos más libres de lo que parece.

Elige tu propia aventura

Si tienes más o menos mi edad, habrás tenido libros de la colección Elige tu propia aventura, en la que el lector se iba encontrando con opciones que hacían que saltara a distintas alternativas de la historia, un árbol de decisiones con algunas opciones que modificaban el curso del relato. Era interesante, pero era limitado: una vez detectado cuándo la historia conducía al fracaso, ibas por el camino del éxito.

Pues bien, me da la sensación de que la Vida es más como esa parte de La historia interminable (libro, no película), en la que la princesa de Fantasía le da a Bastian plenos poderes a través de un talismán en el que pone:

Haz lo que quieras.

Esto es lo que me ha generado la IA.

Y Eric Berne te dirá: hay gente que descubre que estaba en una jaula, ve de pronto la puerta abierta, atisba incluso algo del exterior y después se vuelve a la seguridad de su prisión formada por creencias, con el dicho: «más vale lo malo conocido».

Tienes elecciones, «las cosas son así» es una creencia. Y la forma de cambiarla es modificar tu perspectiva, alejarte del detalle del problema o dejar de definirlo (como recomienda Bert Hellinger). Puedes irte a tu «espacio de calma» (sea ir a la montaña, al cine, a la piscina o sentarte a hacer nada) y ampliar la visión, reconectar con la totalidad. No tienes que comerte el miedo y el estrés como formas de vida, ni comprarlos de los programas de televisión o de los vídeos de YouTube.

Esto significa que este juego de los Sims tiene unas reglas mucho menos rígidas de las que podemos creer. Y de ello se dio cuenta Kandy García, la famosa «Abuelita Mochilera», que, al momento de escribir este blog, tiene ya 90 años. Su lema habla por sí mismo:

Los humanos también tenemos alas.

Se ha entrevistado muchas veces a Kandy García, yo la descubrí en una entrevista de Risto Mejide a Jesús Calleja, en la que trajeron a la abuela, con entonces 83 años, para hablar de cómo, al jubilarse, tuvo esa importante toma de conciencia. Se dijo también: «prefiero cansarme que oxidarme». Aquí la puedes ver en una entrevista más actual:

Come chocolate

Otra persona muy interesante que salió de la jaula para no volver a entrar es Anita Moorjani, una mujer que volvió a la vida y se recuperó de forma milagrosa de un cáncer terminal. Según sus propias palabras:

…[antes] practicaba una dieta muy sana, pero lo hacía por miedo. Ahora me alimento de todo lo que me apetece. Lo único que hago es asegurarme de pasar un buen rato disfrutando de la comida y de la vida.

A Anita Moorjani le encanta el chocolate, y ahora es capaz de disfrutarlo, pues está libre de la jaula de «solo hay que comer comida saludable». Quizá sea más beneficioso comer relajadamente y disfrutar a tope de cualquier alimento que comer con restricciones y con aprensión.

El denominador común de las creencias que limitan tu juego de simulación es el miedo: es el impulsor de cualquier práctica absurda que parece llevarte a algún sitio, cuando en realidad te enjaula aún más. Ya nos lo había contado James Hollis en otro post: el miedo y el letargo te alejan de tu sensación de sentido y de servicio. Construyen a tu alrededor un parapeto que parece de protección, pero es una prisión. De pronto, son necesarias muchas cosas (posesiones materiales la mayoría) y muchas creencias (limitantes) para tener (la sensación de) seguridad.

«Las cosas son así» te limita hasta un grado que no te imaginas. Recuerda que esto es el mundo de los Sims: el secreto es confiar. El Universo guarda tus espaldas.

Nos inventamos la realidad

Nassim Taleb y el concepto de Cisne Negro

Cómo no ser el cordero el día de Navidad

Cada vez estoy más convencida de que cada uno vive en el mundo que se ha creado para sí mismo/a. Que el mundo que te rodea, por decirlo de otra forma, está en tu cerebro, en tu mente. En ningún caso está fuera de ti.

Nos inventamos la realidad

¿Cómo es posible que no exista el mundo que me rodea? Solo mira cómo tu mente procesa la información que recibe: cuando le faltan datos, el cerebro generaliza para crear una información más simple, elimina lo que considera superfluo y distorsiona aquello que percibe, filtrándolo a través de las creencias y las expectativas.

Como dicen en Programación Neuro Lingüística, tenemos una tendencia innata a confundir el mapa con el territorio, nuestro mapa mental con la realidad que está fuera. Tendemos a creer que sabemos más del «mundo exterior» de lo que sabemos, y esto puede llevarnos a correr riesgos sin ni siquiera ser conscientes de ello.

De hecho, no solo es que nuestra mente esté preparada para procesar la información de una determinada manera, es que, cualquiera que busque la confirmación de sus creencias, la encontrará, porque seleccionará de la realidad aquellos elementos que concuerdan con sus ideas. Así, personas de diferente orientación religiosa o política, ante los mismos hechos, observan realidades completamente opuestas.

Las creencias facilitan la vida pero te ciegan

Sabiendo que elegimos las creencias de formas a veces poco rigurosas, solemos tratarlas como propiedad personal que debe ser protegida y defendida, incluso con la vida. Podemos haber adquirido una creencia en el colegio, a la edad de siete años, y no volvemos a modificarla jamás. Cuando sentimos que esa creencia es atacada, reaccionamos como si estuviera amenazada nuestra existencia, cuando la única amenaza que se da es la de nuestro ego.

Otra de las tendencias de nuestra mente es a buscar explicación a cualquier acontecimiento. En especial, esto nos juega malas pasadas cuando hemos actuado por impulso, y luego sentimos que tenemos que justificar nuestras acciones. Es un derecho asertivo no tener que dar excusas. Sin embargo, la mayoría de la gente busca una razón «que suene bien» incluso para sí mismo/a. Esto explica por qué en un experimento en el que mujeres elegían de entre una muestra de panties, dieran todo tipo de razonamientos de su elección cuando, en realidad, todos los panties eran exactamente iguales.

Así, los seres humanos parecemos amar el autoengaño, porque no solo se trata de responder ante los demás, se trata de creer que hemos actuado con lógica y raciocinio en todo momento. El problema, por tanto, no está en la realidad que observamos, sino en que tenemos una especie de ceguera genética que nos protege, haciéndonos creer que el mundo es mejor de lo que es, que tenemos más probabilidades de que nos toque la Lotería de las que existen estadísticamente, que «todo irá bien», o que «ya saldrá» lo que sea (el trabajo, el amor, el dinero).

No seas el cordero de Navidad

Nassim Nicholas Taleb trata de estos temas en su libro El cisne negro, en el que, entre otras muchas cosas, nos explica cómo no ser el pavo del día de Acción de Gracias, o como yo he puesto en el título, cómo no ser el cordero el día de Navidad.

En efecto, el cordero es alimentado día tras día durante digamos un mes. Para el cordero, la realidad es más que esperable: todos los días, a una hora concreta, le dan de comer, y bastante bien. Sus expectativas de futuro son halagüeñas, comerá cada día a la misma hora, felizmente. Todos, menos el día de Navidad, en que ocurre algo muy distinto. Curiosamente, la confianza del cordero en que va a ser alimentado aumenta cada día, aun cuando la matanza es cada día más cercana. Para evitar ser como el cordero, debemos conocer que la realidad no es tan predecible como creemos, que suceden acontecimientos altamente improbables pero que trastocan por completo nuestras vidas (y es a lo que Taleb llama «cisne negro»).

Más información

Página web de Taleb

Entrevista al autor

¡Siempre adelante!

No sé si a ti te pasa, pero a mí sí: oigo hablar a personas sobre el éxito, el Secreto, el dedicarte a tu vocación, el seguir tu brújula interior… Y al mismo tiempo, veo personas chocándose una y otra vez con puertas cerradas, con sensaciones negativas sobre sí mismas, con aceptar menos de lo que son capaces de hacer, no con serenidad, sino con una resignación compuesta de resentimiento y baja autoestima.

Se dice que detrás de todo esto están las creencias. Y debe de ser verdad. Te hablo en este tono escéptico porque soy la primera que no está libre de creencias limitantes. Soy la primera que observa admirada a personas como Stephen Hawking llegar muy lejos, acompañado desde siempre de su ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o al llamado «hombre milagro», que aparece en el vídeo y el libro del Secreto, explicando su recuperación.

Por otro lado, desde hace tiempo observo que las personas se aferran a un tipo de creencias especialmente dañinas, que son las expectativas. Expectativas sobre lo que «debe» ocurrir o expectativas sobre cómo «tiene que» comportarse otra persona. De esta forma, existe una falacia, o idea equivocada, que es creer que se tiene derecho a. Derecho a un buen trabajo, derecho a la vivienda o derecho a un matrimonio feliz. Algunas de estas cosas aparecen de forma algo ingenua para mi gusto en la propia Constitución Española. Pero hay algunas personas que nacen directamente sin ninguno de estos derechos, en esos países que no nombramos.

Todo esto me ronda la cabeza desde que me fijo con especial interés en el trabajo de Vicens Castellano en Ajuste de Cuentas, programa de Cuatro. Veo personas estancadas en la creencia de que no pueden salir de su angustiosa situación. Desde fuera parece fácil decir: «si sólo hay que…». Pero cuando uno está dentro, en el centro del huracán, quizá no tenga una visión tan clara de lo que le conviene hacer para cambiar el círculo vicioso y convertirlo en virtuoso. Aquí la ayuda de un coach es crucial.

¿Cómo lo ha hecho?, nos preguntamos asombrados ante la persona que triunfa. Acto seguido, atendiendo a nuestras creencias, nos decimos: claro, será un enchufe, su familia tiene dinero (y la mía no), es más fuerte que yo, ha tenido suerte, etc. Esto sólo confirma las creencias de que para que te vaya bien, tienes que tener un enchufe, o tu familia debe prestarte dinero, o debes ser fuerte o tener mucha suerte. Como si en ningún caso contara tu valía personal.

Al margen de El Secreto (o la Ley de la Atracción), podemos decir que esto de tener éxito funciona, que si lo vemos continuamente a nuestro alrededor, es que se puede hacer. Podemos tomar como modelo a estas personas que triunfan, podemos acercarnos a ellas y tratar de imitar aquello que más admiramos, sin dejar de mostrar nuestra huella personal, podemos reconocer que detrás del éxito y del dinero también hay un trabajo, una perseverancia, y un pensamiento alineado y libre de algunas de nuestras peores creencias que, como enemigos, nos echan abajo.

Yo tengo varios de estos modelos, y uno de ellos es Orison Swett Marden, como ya sabéis los asiduos/as. Sólo con el título de alguna de sus obras te da alguna de la energía que él tiene a raudales: ¡Siempre adelante!, La alegría del vivir.

Sé muy bien lo duro que puede ser abrirse camino en la vida, y más cuando se sufren enfermedades, o suceden desgracias familiares. Pero también sé que cuando uno escoge de entre todo lo que tiene lo positivo (y en el sufrimiento para mí lo positivo es la enseñanza que se extrae), entonces el camino se aclara, o se deja de oscurecer, deja de parecer dramático, y empieza a ser mimado y trabajado desde la responsabilidad.