¿Qué discurso narrativo elegir?

¿Cómo construir un relato?

El discurso narrativo en Lolita, de Navokov

Se utilice el tipo de discurso que se utilice, lo fundamental es que el lector entre de lleno en él sin cuestionarse nada, que “lo compre”, que siga leyendo.

El discurso elegido es solo un medio para tus fines. Si lo que estás escribiendo es una novela, has de captar al lector en el primer capítulo. Si se trata de un relato, el primer párrafo ha de invitar a seguir leyendo. Y si es un microrrelato, la primera frase ha de ser extraordinaria.

Si haces el camino inverso, mejor: trata el comienzo de tu texto, sea un relato o una novela de mil páginas, como si fuese un microrrelato. Desde la primera frase, cuéntale la historia al lector sin dar explicaciones, arrástrale hacia el mundo ficcional que has creado.

El discurso narrativo es polifónico, no se limita al narrador y los personajes, también incluye cartas, diarios, documentos… que se incorporan al relato y le dan riqueza.

Lo interesante es que, sea como sea este discurso, no cumple todas las leyes del uso del lenguaje, ya que más bien se disfraza “como si” fuese real, pero con un acuerdo tácito con el lector de suspensión de la incredulidad. No se busca la verdad, de hecho, no interesa.

Tipos de discurso narrativo

Siendo polifónico, el discurso narrativo puede clasificarse de multitud de formas, agrupadas en dos grandes categorías:

Discurso impersonal

Se trata del mensaje que no se instrumenta en la primera persona. A su vez puede tratarse de un discurso directo o indirecto, es decir, su rango va desde la narración en tercera persona hasta el puro diálogo. Veamos unos ejemplos:

“Hace ya muchos cientos de años hubo un viejo pescador que estaba sentado una tarde ante la puerta de su casa ocupado en remendar sus redes. Vivía en un lugar maravilloso. La hierba verde sobre la cual estaba construida su cabaña extendíase hasta el centro de un gran lago, y parecía como si un sentimiento amoroso hubiera atraído aquella península hacia las aguas claras y azules del lago, y asimismo que el lago hubiera tendido amorosamente sus brazos hacia aquel bello prado sembrado de flores y de tallos que se mecían al viento y hacia la agradable sombra de sus árboles.”

 

—Sois un personaje singular  —respondió el sacerdote—. Y quisiera saber quién sois. ¿De dónde venís?
—¿Y quién sois vos?, ¿podríais decírmelo? —preguntó el forastero.
—Me llaman padre Heilmann —dijo el sacerdote—. Vengo del convento de la Visitación, del otro lado del lago…

Ondina, Barón de La Motte Fouqué. Este libro está descatalogado, por ello ofrezco el enlace al PDF.

Discurso personal

En este caso, el discurso se realiza en primera persona y también puede ser directo o indirecto. Veamos los ejemplos:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

 

—¿De dónde diablos la ha sacado?
—¿Cómo?
—Decía que el tiempo está mejorando.
—Así parece.
—¿Quién es la chiquilla?
—Mi hija.
—Miente, no es su hija.
—¿Cómo?
—Decía que hemos tenido mucho calor en julio. ¿Qué es de su madre?
—Ha muerto.
—Lo siento. A propósito, ¿no quieren ustedes almorzar conmigo mañana? Esta multitud espantosa ya se habrá retirado.
—Y nosotros también. Adiós.

Lolita, Vladimir Nabokov

El comienzo: fundamental

En los ejemplos anteriores, se muestra la narración del comienzo de cada una de las obras, y después un diálogo que ocurre en el transcurso del relato.

Un ejercicio interesante es leer el principio de tus relatos y novelas preferidos. ¿Qué es lo que hace que sigas leyendo? ¿Se ha utilizado un narrador en primera o tercera persona? ¿A través de quién hablan los personajes?

Comprobarás lo importante que es el comienzo. ¿Acaso no te has sorprendido diciendo “Lo.Li.Ta.” en voz alta?

Para saber más:

GARRIDO DOMÍNGUEZ, A. El texto narrativo. Editorial Síntesis. 2014

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De qué hablo cuando hablo de correr… de escribir…

De qué hablo cuando hablo de correr, o de escribir

Hace unos meses, se publicó en España el libro De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami, que sigue el título de su libro de “memorias” De qué hablo cuando hablo de correr.

Este último (el primero en publicarse) es el que nos ha interesado, por la analogía que hace el autor entre entrenarse para correr largas distancias y dedicarse cada día al oficio de escribir largas novelas.

Puede que Murakami no le parezca al lector el mejor novelista del mundo. Si hablamos de poeticidad, de alta literatura, quizá le dejemos fuera, si bien los argumentos del autor son bastante originales. Pero, un momento: Murakami ha sido considerado candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones. Entonces… “algo habrá”. Algo tiene este autor de obras tan leídas como 1Q84, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Tokio Blues (Norwegian Wood) o Sauce ciego, mujer dormida, entre muchas otras.

No se trata de tener fuerza de voluntad

En De qué hablo cuando hablo de correr, Murakami nos habla de su punto de vista con respecto a la (fuerza de) voluntad:

Al ser humano no le cuesta proseguir con algo que le gusta, pero sí con algo que no le gusta (…). Por eso nunca he recomendado a nadie de mi entorno que corra.

Es cierto que la mayoría de la gente se dedica a recomendar a los demás en su entorno que sigan sus prácticas, sean de alimentación, de deporte o de auto medicarse. Sin embargo, es probable que un corredor no necesite leer el libro de Murakami ni recibir ningún consejo para ponerse a correr, y que un lector que aborrece correr no vaya a comenzar a practicarlo por leer el libro.

El talento no tiene nada que ver con la voluntad

Siguiendo con la argumentación, Murakami opina que el talento no tiene nada que ver con la voluntad, sino que

brota libremente, cuando quiere, y en la cantidad que quiere y, cuando se seca, no hay nada que hacer.

Además, el autor considera que el talento no se puede trabajar, sino que es innato. Las vidas de grandes genios como Schubert o Mozart, sin embargo, no nos sirven de referencia a la mayoría de nosotros, precisamente porque ese talento no se puede emular.

Los tres componentes del éxito

Para los mortales que no somos como esos grandes genios, y entre los que Murakami se incluye, necesitamos unir al talento otras habilidades que sí se pueden entrenar: la capacidad de concentración y la constancia. Por tanto, los tres componentes del éxito para correr y para escribir, son:

  1. El talento.
  2. La capacidad de concentración.
  3. La constancia.

Tanto la capacidad de concentración como la constancia se pueden entrenar, transmitiendo constantemente a nuestro cuerpo el mensaje de que realizar esa actividad es necesario. A continuación, se trata de ir subiendo el listón poco a poco (en palabras de Murakami).

Por tanto, a las tres capacidades que Murakami considera ha de tener un buen escritor, se suma la necesidad de la dedicación continua, esto es, la puesta en práctica diaria de la capacidad de concentración y de la constancia, para que el talento encuentre un terreno abonado donde florecer.

La necesidad de estar en forma

Lo cierto es que cada vez hay más estudios que corroboran la forma de pensar de Murakami:

Soy consciente de que escribir novelas largas es básicamente una labor física. (…) Y es que, aunque realmente el cuerpo no se mueva, en su interior está desarrollándose una frenética actividad que lo deja extenuado.

Carl Zimmer nos explica en este artículo cómo la actividad cerebral de un escritor experimentado (entrenado) se asemeja a la de un jugador de baloncesto en una cancha llena de público.

Además, Gretchen Reynolds explica en este otro artículo que la creatividad puede estimularse mediante el ejercicio físico. En este artículo, Ferris Jabr nos ilustra con numerosos ejemplos de autores inspirados al caminar, incluso novelas que se desarrollan a lo largo y ancho de un plano, como Ulises o La señora Dalloway. Además, explica cómo el hacer ejercicio promueve nuevas conexiones neuronales o aumenta el volumen del hipocampo, entre otros beneficios. Lo que no está claro es que sea necesario correr maratones y hacer triatlones para mejorar en una actividad intelectual.

En todo caso, debe existir un equilibrio entre la imaginación y la vitalidad que la sustenta. Para Murakami, la «fuerza física de base» es uno de los elementos indispensables para embarcarse en creaciones cada vez mayores.

Lo que Haruki Murakami ha aprendido de escribir a raíz de correr

Se instrumenta en una serie de preguntas que se hace a sí mismo relacionadas con su actividad:

  1. ¿En qué medida debo forzarme?
  2. ¿Cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo?
  3. ¿Hasta dónde llega la coherencia y dónde empieza la mezquindad?
  4. ¿Cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme en mi interior?
  5. ¿Cuánto creer en mi capacidad y cuánto dudar de ella?

De alguna manera, Murakami siente que  las peculiaridades de los músculos están ligadas a las de la mente, como si el cuerpo y la mente se condicionaran mutuamente.


¿Has leído ya De qué hablo cuando hablo de escribir? ¿Qué te parece la analogía entre correr y escribir? ¿Qué opinas de las tres capacidades que Murakami destaca y de su entrenamiento? Nos encantaría conocer tu opinión, aquí, en comentarios. ¡Gracias!