Una idea de negocio – cenas de solitarios ejecutivos

Últimamente viajo con cierta frecuencia por motivos de trabajo, y en muchas ocasiones tengo que pasar noche en el lugar de destino.

Suelo cenar en el hotel, porque es mucho más cómodo, y lo más parecido a cenar en pijama en tu casa, que es lo que haces de lunes a jueves si no has viajado.

Cuando ceno en el hotel, me doy cuenta de que hay al menos otras cuatro personas, mujeres y hombres por igual, que cenan en soledad. De hecho, cenamos todos mirando al frente, hacia la televisión y la puerta de la cocina, como niños grandes esperando a su mamá.

La primera vez que bajé, el camarero me facilitó un periódico. Insistió. Las veces consecutivas observé que cada uno de los/las ejecutivos solitarios se había traído consigo algo para mirar distraídamente, como ese periódico que me ofrecía el camarero, algo en lo que sumergirse para fingir no estar allí: tablets, teléfonos y a veces ambas cosas. Por ello, la siguiente vez decidí yo también bajar con mi teléfono, y hacer absurdas fotos de la comida, para matar el tiempo.

Así que ahora me imagino que el hotel ofrece un servicio adicional, llevado por una coach o una psicóloga: se invita a los que están alojados en el hotel y han venido solos a cenar en una mesa redonda, todos juntos.

Esto se anuncia en unos carteles a la entrada del hotel, lo ofrecen los recepcionistas, e incluso la coach se pasa por el hall y el restaurante con unos folletos.

En ellos se explican los beneficios de cenar acompañado, que van desde hacer una mejor digestión a tener sentimientos positivos de pertenecer, relacionarse con nuevas personas, etc.

Para los que tengan que se parezca a una cena de negocios, se explica que en esas cenas solo estará permitido hablar de ilusiones, aficiones, intereses, seres queridos…

Para incentivar esta cena, se ofrece también un descuento en el precio de la cena, descuento que es creciente según la persona se va apuntando a más y más cenas durante el tiempo que esté alojado en el hotel.

Otra firma quizá mejor de incentivarlo es que el menú de esa mesa redonda sea especial, y al mismo precio.

Bueno, es una idea, emprendedores del país, ¿os animáis a probarla?

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Se publica el Manual de Comunicación Eficaz

Quisiera compartir contigo esta gran noticia: ya se ha publicado el Manual de Comunicación Eficaz que he escrito para la Editorial de formación CEP. Ha sido un esfuerzo sostenido a lo largo de cuatro meses, y pienso que el resultado va a ser satisfactorio para todos los formadores que decidan incorporarlo a sus programas de formación continua.

El programa del Manual es el siguiente:

TEMA 1.                El proceso de la comunicación

TEMA 2.                Barreras y obstáculos en la comunicación

TEMA 3.                El lenguaje no verbal y paraverbal

TEMA 4.                Los efectos de la  percepción en la comunicación

TEMA 5.                Percepción de los demás y comunicación

TEMA 6.                La influencia de los estados psicológicos en la comunicación

TEMA 7.                Modelo de análisis transaccional

TEMA 8.                Modelo de Programación Neuro-Lingüística (PNL)

TEMA 9.                Estilos sociales

TEMA 10.                Derechos y deberes en la conducta asertiva

TEMA 11.                Técnicas asertivas

TEMA 12.                La asertividad en la práctica: modelo de comunicación sana y no violenta

TEMA 13.                Tipos de comunicación y su impacto (la Ventana de Johari)

TEMA 14.                En qué consiste la empatía

TEMA 15.                Empatía: la base para influir en los demás

TEMA 16.                La escucha activa

TEMA 17.                El coaching: la profesión de la escucha activa

Para adquirir el manual o tener más información, haz clic aquí.

La regla fácil de la vida

Lo fácil y cómodo o lo difícil e incómodo, de Zelinski

La Regla Fácil de Zelinski

Ernie J. Zelinski enunció la Regla Fácil de la Vida en su libro El placer de no trabajar, uno de mis preferidos de este autor. Es una regla conocida por todos, pero escasamente aplicada, ya que el ser humano, como todos los seres, busca el placer y evita el dolor.

Si en la anterior entrada comenté que las sensaciones desagradables pueden conducir a un estado emocional negativo, ahora diré que, si se trata de buscar un objetivo más allá, quizá minimicemos la importancia de esas sensaciones. En otras palabras, sarna con gusto no pica.

Permanecer en tu área de confort

Es fácil observar cómo las personas tratan de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.

Así, la regla fácil de la vida consiste en que, cuanto más fácil y cómodo sea lo que buscamos para el corto plazo, mayores dificultades tendremos a largo plazo.

Ejemplos de aplicación de la Regla Fácil

Esta regla se aplica en multitud de campos, de los que voy a citar algunos:

  • Si estudias, es difícil, pero al final obtienes unos conocimientos que te facilitan tanto la entrada al mercado laboral, como el tipo de trabajo que realizas.
  • Si te entrenas para vencer tu miedo a hablar en público, consigues solventar muchos momentos de pánico que se te presentan en el trabajo, y acabas por sentir mayor autoestima.
  • Si empiezas a alimentarte de forma más sana, haciendo enormes sacrificios al ver pasar bandejas de tapas por tu lado, a largo plazo notarás que te encuentras mejor, que realmente no necesitas comer fritanga para sobrevivir, y que tu cuerpo funciona de forma más óptima.
  • Si haces ejercicio de forma regular, también ayudas a que el cuerpo funcione mejor, duermes mejor, y alcanzas mayores niveles de relajación.

¿Qué es lo que suele ocurrir?

Que normalmente nos dejamos llevar por la parte fácil de la regla de la vida, ya que lo que podemos conseguir en el momento presente está asegurado, mientras que lo que obtendré después de haber estudiado, haber hecho dieta o haber hecho ejercicio, son beneficios que se presentan lentamente, poco a poco, y de forma casi imperceptible. El camino de la repetición siempre parece árido.

El tipo de estímulos de placer que nos alejan de acabar teniendo una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario… Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.

¿Miedo a qué?

Miedo a lo desconocido.

Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, vender, conducir por primera vez) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.

¿Qué hacer para enfrentar el miedo?

Para que tu vida no se vea reducida al máximo, para ampliar tu zona de seguridad, para salvar poco a poco obstáculos que harán que te sientas más grande, más capaz, y en un mundo más afectuoso, puedes:

  1. Entrar en acción cada vez que piensas algo. Por ejemplo: si quieres llamar a esa persona que conociste el otro día, llama ahora.
  2. Pregúntate: ¿por qué no? Es la pregunta preferida de Josepe García de Miguel, y la hago mía en este momento. ¿Qué te lo impide, cuál es el obstáculo, está en tu mente o está fuera?
  3. Recordar los grandes beneficios que vas a obtener si das el paso, y recordar cómo se va a empequeñecer tu mundo si no lo das.
  4. Ponerte en el peor de los casos: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que se incendie mi casa y me quede sin trabajo y se vaya mi pareja y atropellen a mi perro y… Bueno, bueno, después busca qué es lo más probable que puede ocurrir.
  5. Juega. Al fin y al cabo, lanzarse a realizar lo difícil e incómodo puede tomarse como un juego. Es curioso cómo hay personas capaces de actuar socialmente en nombre de otras, pero cuando se trata de actuar como ellos mismos, se vienen abajo. Si es así, juega a que eres un personaje, o una persona famosa. Aquí te puede venir mejor que bien la Escuela Jamming.

 

Los 10 mitos del coaching más frecuentes

Cada vez se habla más de coaching, sobre todo en las empresas, pero muchas personas no saben exactamente de qué se trata. El problema empieza en la propia palabra. Coaching es una palabra inglesa de difícil pronunciación para los españoles. A diferencia de marketing, que ya es reconocida por los diccionarios, coaching no se pronuncia como se escribe, es muy reciente, y por ello crea cierta resistencia.
Lo malo es que los profesionales de esta materia no podemos llamarla de otra forma, porque lleva a error. Si decimos que somos entrenadores, todo el mundo piensa en el entrenador deportivo, en que ciertamente tiene origen la palabra. Si decimos que se parece a… (terapia, PNL, mentoring, counselling…) sólo aumentamos la confusión, pues no es nada de esto aunque pueda compartir técnicas, y orígenes con algunos de ellos.
Y lo bueno es que el coaching no es nada místico, no es difícil de realizar, y aporta resultados claros y destacables. Lo que hace falta es dejar atrás algunos mitos que rodean a esta gran técnica de comunicación.

Mito: Es muy difícil definir coaching

Muy al contrario, está claramente definido y delimitado, y se explica en pocas palabras: coaching significa ayudar a las personas a definir metas claras y a establecer un marco de tiempo específico en el que alcanzarlas. El tipo de objetivo que se persigue es lo que diferencia un proceso de coaching de otro. Si el objetivo es profesional, personal, o una combinación de ambos, delimitará un coaching profesional, personal, empresarial, de conciliación de la vida privada y laboral, etc.
Yo no puedo enseñaros nada, sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos; eso es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría.
Sócrates Existen dos grandes corporaciones internacionales, la IAC (International Association of Coaches) y la ICF (International Coaching Federation), con sus propias definiciones de coaching. Según la IAC, coaching es una forma avanzada de comunicación, que sirve para ayudar a un individuo, organización o equipo a producir un resultado deseado, gracias a la co-creación de conciencia y a la resolución de los problemas. Según la ICF, coaching es ayudar a establecer mejores objetivos y a cumplirlos, es pedir al cliente que haga o sea más de lo que hubiera hecho/sido por sí mismo, y proporcionarle un enfoque, herramientas y apoyo para obtener resultados más rápidamente y conseguir más.

La clave: el coaching es un proceso bien definido, y las variaciones que pueda tener dependen de la persona que recibe el proceso (coachee) y del tipo de metas que persigue.

Mito: El coaching es sólo para las empresas

En España se está empezando a hablar de coaching, cuando en EE.UU. lleva en auge desde los noventa. La entrada de esta disciplina se ha producido desde el entorno empresarial, donde está apoyada por la consultoría, el estudio del clima laboral o la formación. El coaching sería entonces un elemento más de la labor de empresas consultoras de recursos humanos. Sin embargo, su práctica utiliza una serie de competencias que ayudan a la persona que lo recibe a darse cuenta de creencias que lo están limitando, a descubrirse a sí mismo/a, a sacar grandeza de sus capacidades, a contemplar más opciones o a aprender a aceptar su realidad tal como es, entre otras. Por tanto, toda persona con una meta a conseguir, sea en lo personal o en lo profesional, puede muy bien beneficiarse de un proceso de coaching.

La clave: la riqueza de esta disciplina es tal que no puede estar limitada a apoyar y ayudar en el entorno empresarial, sino que puede hacer mucho en el terreno personal.

Mito: El coaching enseña a los directivos a controlar mejor a sus colaboradores

Cuando surge el coaching en una conversación, muchas veces escucho que consiste en entrenar al directivo para ser capaz de despedir empleados, «echar la bronca,» exprimir más a las personas que trabajan con él/ella… Es posible que si un mando en una compañía siente que tiene poca asertividad y no es capaz de expresar una serie de disposiciones que su cargo le exige, recurra al coaching para mejorar en este punto. Sin embargo, el coaching está más bien enfocado a que la persona saque por sí misma su grandeza; sea con ella capaz de manejar conflictos, de tener conversaciones o de mostrar desacuerdo.
Por otro lado, cuando se entrena al directivo para ser el coach de sus colaboradores, se trata de que abra con ellos una comunicación de escucha activa, esto es, de verdadera y profunda escucha, respeto, e intercambio en un ganar/ganar.

La clave: el coaching no está hecho para que las personas sean peores, sino para que sean la mejor versión de sí mismas.

Mito: Se hace coaching a los que van mal en su trabajo

También he oído en más de una conversación que cuando se hace coaching a un trabajador, normalmente con un cierto cargo, es para «leerle la cartilla,» porque no ha tenido los resultados deseables. La sensación que transmite esta creencia es que el coaching es una especie de mobbing (otra palabra que ha entrado a formar parte de nuestro vocabulario), un acoso laboral por no ser capaz.
La realidad es que, si la compañía decide gastar una cierta cantidad de dinero en uno de sus profesionales para que siga un proceso de coaching, es porque pretende beneficiarle. En efecto, si estaba obteniendo malos resultados, el método de escucha y de búsqueda que propone el coaching es muy bueno para que él/ella mismo/a detecte por qué y pueda solucionarlo. En el coaching, el cliente es el único experto, es la única persona que sabe de su vida, de su trabajo, de sus conflictos.

La clave: el coaching ayuda a crecer, a encontrar puntos de mejora, partiendo siempre de que no hay nada que arreglar en el coachee, que es perfecto tal y como es.

Mito: El coaching es sólo para directivos, ejecutivos y altos cargos

Hasta este punto, es muy posible que se haya dado por hecho que el coaching está dirigido a personas que ostentan un cargo en una compañía. Como ya he apuntado, el coaching puede ser personal o profesional, y esto nos da una pista sobre este otro mito: el coaching puede ser para directivos o para el resto de humanos. La reciente introducción de esta disciplina en España hace que todavía esté muy limitada en su campo de acción. Por un lado, el que el coaching haya estado acompañado de otras técnicas le ha dado más cuerpo. Por otro, el hecho de que no haya un consenso sobre la titulación y experiencia necesarias, hace que remitirse a profesionales de la consultoría sea lo más seguro.
La persona que no responde al perfil de alto cargo no se plantea acudir al coaching para lograr alcanzar sus metas antes o alcanzar metas más ambiciosas. Simplemente no acude a nadie de fuera de su entorno, o busca un psicólogo para que le ayude en ciertas técnicas. Además, si el coaching no viene financiado por la empresa, la persona no se plantea invertir en su propio desarrollo personal.

La clave: empezar a ver el coaching como una extraordinaria herramienta de crecimiento para todo tipo de personas que persigan un objetivo.

Mito: El coaching sirve para buscar consejo, orientación, ayuda, y una respuesta

Muchas personas, cuando oyen decir a alguien que es coach, rápidamente le cuentan algún tipo de problema que tienen, esperando escuchar un buen consejo, que les den la respuesta al problema, y que toda la sabiduría provenga del coach. Asimismo, muchos coaches tienen la tendencia de dar soluciones a sus clientes, porque sienten que ven claro lo que el cliente no acierta a detectar. Esto es un tipo de error frecuente, pues dar la respuesta no es hacer coaching.
El coaching es un método socrático, es decir, basado en la forma de enseñanza de Sócrates: «yo no puedo enseñaros nada, sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos; eso es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría.» En el coaching, el cliente es el experto/a, es quien tiene la información sobre su vida, las respuestas, las potencialidades ocultas, quien persigue la meta. El coach es su socio para alcanzar la meta, su apoyo, pero también quien le habla claramente, quien le pide más, quien le pone un espejo delante.

La clave: si quieres respuestas, busca un mentor, consejero, consultor o psicólogo. El coach sólo te hará preguntas y alguna sugerencia.

Mito: El coaching es un tipo de psicoterapia disfrazado de novedad

No cabe duda de que el coaching profesional se centra en objetivos laborales, si bien la vida personal del cliente puede aparecer durante el proceso, y desde luego siempre su personalidad, sus capacidades, sus creencias. El coaching personal parece moverse en un terreno más inestable, puesto que las metas están relacionadas con aspectos quizá íntimos del cliente, y parece rebasar cierta barrera de “asepsia”, por decirlo de alguna forma.
En realidad, como hemos dicho, el coaching está muy bien delimitado. Está dirigido a personas que quieren pasar de la normalidad a la excelencia. Cuando el coach detecta que el cliente puede requerir terapia, es decir, tiene algún tipo de patología, su deber es remitirle a un profesional diferente, como es un psicólogo o un psiquiatra. Si bien un psicólogo sí puede atender a personas dentro de la normalidad para ayudarles en técnicas, habilidades y competencias, un coach de ninguna forma puede entrar en el terreno de la patología.

La clave: el coaching va al grano, se centra en el presente y el futuro del cliente, y le ayuda a alcanzar objetivos que le hacen pasar de la normalidad a la excelencia.

Mito: Hay personas a las que no se puede hacer coaching

Lo que sí es verdad es que algunas personas pueden no necesitar coaching, porque en este momento no persiguen una meta clara, o porque no pueden comprometerse a ella por determinadas circunstancias.
Cuando la relación de coaching no está dando su fruto, es el coach quien debe preguntarse qué está pasando, y no el coachee. El coach quizá deba cambiar de estilo, o debe en última instancia dirigir al cliente a otro coach. Cuando el coachee sistemáticamente deja de cumplir los compromisos consigo mismo/a, es importante detectar por qué. Pensar que hay que arreglar algo que está roto es olvidar que en el coaching se saborea de la realidad tal cual es. Quizá el cliente no realice las tareas porque el objetivo no está bien establecido, hay algo oculto que no hemos averiguado, o simplemente, ya no está interesado en su meta o en hacer el esfuerzo de alcanzarla.

La clave: es esencial buscar un coach con quien se esté cómodo/a, y es esencial preguntarse si de verdad se quiere alcanzar la meta y si se está dispuesto a trabajar por ella.

Mito: Es muy caro para lo que se obtiene a cambio

Muchas personas, tanto en el ámbito profesional como en el personal, ven el coaching como una herramienta que no tiene resultados directos sobre los ingresos, sino más bien sobre los gastos. Parece que el coach ha sido contratado simplemente para escuchar, eso sí, real y profundamente; y no se ve el retorno de la inversión.
Lo cierto es que el coaching puede dar resultados más consistentes que muchas otras técnicas: si el cliente pretende escribir una novela, el coach le pide que escriba un best-seller. Si el cliente busca mejorar en su carrera profesional en algún aspecto, el coach le desafía a encontrar un puesto que le da mayores ingresos o que le deja más tiempo libre para sus proyectos personales. Si el cliente no encuentra trabajo, el coach le ayuda a abrir las puertas de la efectividad. Del coaching se pueden obtener muchos beneficios personales, pero también económicos.

La clave: el plazo es crucial. No se puede realizar un cambio milagroso en unas pocas semanas aunque a veces ocurra, sino que es necesario que una serie de nuevas habilidades y creencias arraiguen en la persona poco a poco.

Mito: El coaching es una conversación sobre la mar y sus peces con alguien muy experto en algo un poco misterioso

Muchos han visto el coaching como una forma de confesión del siglo XXI. En efecto, alguien ajeno a la vida del cliente le escucha, le orienta por medio de preguntas a descubrir sus propias verdades, y al final todo parece una conversación interesante con un buen amigo.
Sin embargo, no hay coaching si no hay acción por parte del cliente. Si el coachee no realiza cambios, no se compromete a quitar las piedras del camino hacia su meta, o al menos a ignorarlas, todo queda en una conversación sobre la mar y sus peces. Algunas personas disfrutan al hablar con expertos en la materia que sea, por el criterio de autoridad: les parece una persona muy respetable e interesante, y piensan que su sabiduría se extiende a cualquier tema del que hablen.

La clave: el coach es un experto en la técnica de comunicación que realiza, con una serie de competencias y formación específica. Pero se habla de las metas del cliente, de su paso a la acción, del futuro del coachee