Sí, y además…

El concepto clave del próximo curso que imparto es el asentimiento. En palabras sencillas: decir sí.

Decir sí “a huevo” (como dice Lolo Diego de Jamming) es algo aparentemente sencillo. Es una de las pocas reglas del teatro de improvisación.

En el escenario, el compañero plantea una situación y, la forma de que el juego continúe, es construir a partir de esta situación. Por ello, se dice:

Sí, y además…

Parece sencillo, sin embargo, muchos nos resistimos al planteamiento del compañero: ¿cómo que somos saltamontes fucsias que saben hablar? La resistencia a lo que nos proponen suele deberse a tener un esquema ya planteado en nuestra mente de por dónde debe ir la historia, normalmente por caminos lógicos para nuestro razonamiento. Así que, respondemos:

Sí, éramos saltamontes, pero en realidad éramos azules, porque…

Al negar la historia del otro, tratamos de reconducirla por nuestro camino. Esto no funciona, desde fuera, el espectador ya había visualizado saltamontes fucsias y ahora son azules, y además, tiene que “comprar” la nueva explicación.

Decir sí a lo que nos propone la vida

Si ya es difícil decir sí a un compañero/a de improvisación, más aún decir sí a lo que nos propone la vida. Si te das cuenta, nos pasamos la mayoría del tiempo diciendo:

Sí, pero…

Sin embargo, la vida no es un compañero de impro. La vida continúa su avance y volverá a proponer el camino que te toca, quieras tú o no.

Sabiendo esto, ¿no sería interesante comprender por qué nos estamos negando a esta propuesta?

Decir sí es lo que nos lleva al siguiente paso, la aceptación de las cosas tal como son, no tal como nos gustaría que fueran, es lo único que nos permite transformarlas.

Yo lo visualizo como un semáforo en rojo.

Si quiero hacerme la ilusión de que está en verde, no me va a ir muy bien si a continuación acelero y continúo por la carretera. No está en verde, está en rojo. Claro que prefiero el semáforo en verde, es lo ideal, así no tengo que reducir, frenar, parar. Pero el hecho incontestable es que está en rojo.

Pues las propuestas de la vida van por ahí. Es el compañer@ de impro que propone un color y ese es el color con el que vamos a jugar.

Lo más curioso de todo es que, una vez aceptamos la propuesta, todo se aligera, se hace más fácil (algo que por otro lado tiene bastante lógica: si yo me empeño en que el semáforo en rojo está en verde y comienzo a circular, no me va a ir demasiado bien, precisamente). Si acepto que está en rojo, puedo respirar hondo y observar a los transeúntes cruzar, por ejemplo.

Aceptar la propuesta de la vida es lo que trae el éxito, un éxito paso a paso, instalado en el presente, en lo que hay, no en el futuro, en lo que nos gustaría que pasara.

Es posible que cada persona haya tomado decisiones que le alejan de poder decir sí a las propuestas de la vida, a la vida misma y, por tanto, al éxito. Y es posible que estas decisiones sean inconscientes.

Curso El éxito: la fuerza del asentimiento

Eso es lo que vamos a ver en el curso sobre el éxito: la fuerza del asentimiento tutelado por Insconsfa. Y lo veremos de forma práctica. Por mucho que yo afirme aquí que decir sí incluso a un semáforo en rojo es el camino, hasta que la persona no lo experimenta, no tiene por qué creerlo. Es más, es bastante sano que dude. Obsérvalo por ti mism@ y verás cómo cambia el curso de la historia y del juego cuando dices sí frente a cuando cuando dices no, pero en realidad está en verde para mí.

Curso online abierto a todos

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