A burro regalado

A burro regalado no le mires el diente. Ese es el refrán con su significado: https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58047&Lng=0

Y este refrán se utiliza para explicar que si la cabalgadura es regalada no debe comprobarse el estado del animal (edad y salud).

De la misma manera, cuando recibimos un regalo, se espera que lo aceptemos sin reservas, de forma incondicional, sin poner pegas a sus detalles, puesto que es eso: un regalo.

Me gustaría que se detectara la diferencia entre lo que os voy a contar en este post y las tazas de Mr Wonderful. Voy a hablaros de regalos de la vida, pero no son chorradas positivistas, es una forma de vivir desde la aceptación.

El burro regalado va más allá de regalos que nos dan las personas, es lo que recibimos cada día desde que nos despertamos, de forma constante y de las maneras más insospechadas. Lo que pasa es que es más fácil detectar que has recibido un regalo cuando es agradable, como por ejemplo:

  • Ver amanecer
  • Desayunar en una cafetería
  • Pasar al lado de unas flores en un parque
  • Que alguien en el trabajo te agradezca a tu labor
  • Encontrar lo que necesitas en tu supermercado
  • Ver a tus compañeras en la clase de zumba

Lo que vamos recibiendo muchas veces lo damos por hecho y no nos paramos a pensar que no tiene por qué ser así, que la vida no es justa y que podrías no recibir nada de ello. Nada de ello. No des nada por hecho porque no está escrito en ninguna parte que te correspondan estos regalos.

Ver amanecer es un regalo.

El regalo que parece algo malo

Lo que no te mata, te hace más fuerte. Pues todo lo que no te mata son regalos.

Esto es algo que descubrí la primera vez que estuve ingresada en un hospital, hace veinte años. Me di cuenta de que poder dejar de trabajar y pararme era en sí mismo un regalo, muy necesitado en ese momento de máximo estrés.

Lo que ocurre es que, cuando nos llega algo que nosotros valoramos como negativo, no podemos deducir que sea un regalo. Es más, si acaso encontramos algo positivo, es en otras consecuencias que pueda tener un acontecimiento, como en el refrán de «no hay mal que por bien no venga». Buscamos consecuencias positivas de un fenómeno negativo.

Va en la línea del cuento sufí «¿Buena suerte o mala suerte?», en el que a una persona le empiezan a pasar cosas que pueden ser buenas o malas dependiendo de consecuencias posteriores y sobre todo de cómo se viven.

Podéis ver la narración del cuento en el siguiente vídeo:

Vivir con intensidad un regalo de los negativos conlleva ponerse en un plano superior al del día a día, en el que algo te fastidia o te molesta porque no es de tu agrado. Supone humildad y una aceptación plena de lo que te llega y, esto que te llega, contiene semillas positivas y negativas, sin prejuzgarlas desde un punto de vista estrecho. Desde un punto de vista más amplio no hay juicios de valor, como dice el cuento, solo Alá sabe.

Los regalos negativos son, entre otros:

  • Un accidente
  • La ruina, perder el trabajo y similares
  • Una enfermedad seria
  • Una segunda enfermedad cuando ya tienes otra
  • Las personas difíciles de tu vida: las personas difíciles te muestran lo que necesitas saber de ti, tanto aquello tuyo que rechazas como aquello que te gustaría tener y no tienes.

¿Qué hacemos ante cualquier regalo? Eso es: dar las gracias. Las gracias abren la puerta a recibir realmente las bondades de los regalos, los positivos y los negativos.

Y hablando de regalos de la vida, dedico esta entrada a mis dos nuevas suscriptoras, Begoña hija (recuerdos a tu madre) y Mari Carmen. Gracias por vuestra compañía en estos días.

Son lentejas: si quieres las comes y si no…

Se muestra un plato de lentejas para ilustrar la idea de que la realidad es igual: o las comes o las dejas.

¿Vives la realidad tal cual es?

Las frases: «Esto es lo que hay», «Así son las cosas», «Son lentejas» tienen connotaciones muy negativas. Pero son las que mejor reflejan lo que es. La realidad es aquello que es, no aquello que te gustaría que fuese, aquello que deseas que sea en el futuro. Y la realidad jamás será aquello que habría sucedido si hubieras actuado de otra forma. Este tipo de frases, la tercera condicional (si hubiese… habría…) reflejan aquello que jamás sucederá, porque no se puede intervenir en un suceso del pasado para cambiarlo.

La forma habitual de aceptación es la resignación

Una vez se comprende que “esto es lo que hay”, la resignación lleva a aceptarlo desde la impotencia, desde el rechazo, desde la ira contenida. Se completa la frase con: esto es lo que hay “y lo voy a boicotear”. La mayoría de las veces, el boicot es contra uno mismo/a. Es como luchar contra corriente: el sufrimiento de tanto esfuerzo lo pagas tú.

Reconocer y aceptar, desde lo más profundo, que “esto es lo que hay”, da sin embargo una oportunidad de liberar la gran cantidad de energía que se invierte en negarlo, en cerrar los ojos, en hacer oídos sordos. Esta energía se puede utilizar entonces para sacar provecho de “lo que es”, para conocerlo realmente en lugar de pensar sobre ello, para disfrutarlo, vivirlo, gozarlo.

Pensar sobre las cosas es la mejor manera de alejarse de ellas.

Automáticamente se convierten en una construcción mental. Se crea una simplificación de lo real, se generaliza y se eliminan datos. Se piensa que así se maneja mejor la realidad, y lo que se hace es vivir en un cuentecito protegido, de autoengaño. Si fuese posible permanecer en él mucho tiempo (algunos/as son hábiles en vivir en la mentira durante años), quizá hasta compensaría. Lo malo es que nuestra fantasía personal choca una y otra vez, invariablemente, contra la realidad, contra lo que hay, contra las lentejas.

Pienso que cada vez vivimos más en un mundo no cierto, porque cada vez salimos menos fuera a comprobar si el cuento funciona, si estamos manejando hechos o estamos viviendo de interpretaciones. En una vida cercana a la naturaleza, donde hay que buscar en la realidad para subsistir (agua, alimento, cobijo), es más difícil caer en el autoengaño. En una vida en que se pasa la mayoría del tiempo sentado/a, consumiendo productos “virtuales” que van directos a la mente (televisión, programas de ordenador, Internet, teléfonos, GPS…) es muy difícil, por el contrario, permanecer cercano a lo real, a lo que es.

De hecho, el lenguaje es un gran culpable de esta separación de lo que es. Algunos sistemas, como la programación neuro-lingüística (PNL), afirman que el lenguaje genera realidad. Porque la forma de describir un suceso crea el suceso: las palabras que se eligen, los elementos que se seleccionan según la prioridad que se da a unos sentidos u otros, todo ello conforma una amalgama que llamamos realidad. En esta línea están también todos los sistemas de creencias tipo “El Secreto”, “La ley de la atracción”, “Poder sin límites”. Su hipótesis es que, creando la realidad en la mente, puede conseguirse aquello que se desea.

¿Realmente es tan maravilloso conseguir aquello que se desea?

Un deseo cumplido puede ser una condena, porque siempre surgen elementos que no se habían tenido en cuenta a la hora de elaborar ese deseo, esa esperanza. Por ejemplo, es como querer un Ferrari y no tener en cuenta que conlleva un mantenimiento y que las piezas del Ferrari cuestan mucho más que las de otro coche. Es como querer aprobar una oposición y, una vez se llega al puesto, comprobar que ni motiva, ni gusta, ni compensa.

En cualquier caso, las expectativas, más que ayudarnos a vivir, nos pueden traer por la calle de la amargura, porque de nuevo alimentan el juego de “yo me invento la realidad”, juego arruinado cada vez que la realidad te muestra quién es. Conozco mucha gente que me dice: “yo decido mi destino, soy dueño total de mi destino”. Suelo responderles: si hubieras estado en las torres gemelas el 11S, ¿habrías dicho lo mismo?, o si te sobreviene una enfermedad grave, ¿tú la has buscado?, o si naces en África en un pueblo sin agua corriente, ¿tú confeccionas tu destino? ¿Seguro?

Creo que es un juego más bonito, más interesante y más factible el de “yo fluyo con la realidad”. Dejarse llevar, sin metas, sin expectativas, ir con la corriente, tomar todo lo que se te ofrece en cada momento, extraer el jugo de la realidad. Para ello, has de estar aquí y ahora. Se trata de dejar de vivir en el futuro, con tensión y ansiedad o con esperanza y deseo. Se trata de empezar a vivir ahí donde estás en cada momento.


Por ejemplo, ¿dónde estás ahora? ¿Cuál es tu realidad ahora? Puede ser muy duro responder a estas preguntas, y más cuando se trata de ver, de observar, de vivenciar realmente el momento. Duro y revelador. ¿Cómo lo ves?