Verdades sobre el dinero

¿Qué es el dinero? El dinero como objeto tangible ha perdido su razón de ser. Cuando el dinero tenía un reflejo como metal noble (Patrón Oro), su valor se comprendía mucho mejor. Hay que decir que todavía muchas personas creen en el patrón oro, es decir, en que los billetes y monedas que manejamos, con escaso valor en sí mismos, tienen un reflejo en unas reservas de oro que están en el Banco de España.

De los activos creados con el cada vez más complejo sistema bancario poco se sabe. Sí se sabe que si todos acudimos al banco a la vez a por nuestros ahorros, no podremos obtenerlos, ya que el banco sólo está obligado a tener una porción de ellos, calculada según el coeficiente de caja. Sin embargo, la proporción de dinero «real» que existe es desconocida para la mayoría de la gente. Aun así, el caso de Argentina, las hipotecas subprime y la caída de algunos grandes bancos internacionales, llevan a la gente a pensar que donde mejor está su dinero es invertido en ladrillo (cosa que ahora también se empieza a ver con escepticismo), o mejor, metido en un calcetín, o bajo el colchón.

El dinero, cada vez más, es un concepto o una abstracción, un número que podemos mantener en la cabeza, o consultar en la cuenta. Sobre él, podemos decir unas cuantas verdades que nos pueden ayudar a comprender mejor qué es el dinero y por tanto a manejarlo sabiamente.

1. Todo ingreso inesperado conlleva un gasto inesperado de igual o mayor cuantía
Esta es la principal Ley del dinero, la madre de todas las demás, y debemos su descubrimiento a Daniel G. En efecto, cuando surge cualquier tipo de ingreso con el que no contábamos, a la felicidad momentánea le sucede un cierto sabor amargo, al comprobar que surge un gasto igualmente inesperado, de importe equivalente: reparación del coche, la declaración nos sale a pagar, se estropea la caldera, se rompen las cañerías, etc. Es el equilibrio del Yin y el Yang…

2. El dinero fluye, va y viene, pero va más que viene
Parece que el dinero más que un objeto fijo, es una corriente, como la del agua, la de la luz y la del gas, que van y vienen misteriosamente, pero que tienen un alta tendencia a correr mucho. Complementaria de la anterior, esta verdad nos hace ver la verdadera naturaleza del dinero: escurridiza.

3. Uno se acomoda a la cantidad de dinero que gana…
… sobre todo si es mayor. Es increíble cómo, cuando hacemos nuestro presupuesto mensual, nos decimos: «con X cantidad de euros más me arreglaría perfectamente». Entonces surge un cambio permanente en nuestra vida que hace que ganemos esa cantidad X de más. Asombrosamente, al cabo de unos pocos meses (dos o tres) comprobamos cómo necesitaríamos una cantidad Y de euros más con la que ahora sí que sí nos arreglaríamos perfectamente.

4. El dinero la mayoría de las veces no existe: o es un papel, o es una chapa con un careto, o es un número en una cuenta que quizá no tenga reflejo real al 100%
Como adelantaba en la introducción, la existencia de nuestro dinero es relativa, como todo en esta vida. Cuando éramos pequeños y nuestros abuelos nos daban la propina, guardábamos aquellas monedas (con suerte billetes) con mucho cariño, comprábamos caramelos, disfrutábamos… De aquella época dorada viene la creencia de que esas monedas y billetes sirven de algo. Cuando menos te lo esperas, se convierten en papel mojado, como cuando entró la moneda Euro y la equivalencia cambió: 100 pesetas de antes, 1 euro ahora, eso del 166,386 no sirve.

5. Está en nuestra mente, no en nuestro cuerpo
Entrando en temas totalmente místicos e incomprensibles, podemos concluir fácilmente que el dinero es algo de lo que no disfruta el cuerpo hasta que lo convertimos en bien tangible. En cambio, nuestra mente es feliz viendo números altos en la cuenta corriente. Si esto es así, ¿por qué no engañarnos un poco y añadir algún que otro cero al número que veamos? (ADVERTENCIA: hacer sólo con números positivos). Quizá logremos acabar viendo un número así de verdad. De ilusiones vive el ser humano.

6. Las necesidades básicas se cubren con muy poco dinero
La mayoría de nosotros/as, si nos preguntamos qué es lo realmente necesario para sobrevivir, y hacemos un estudio profundo de lo que ya tenemos, podemos darnos cuenta de que se puede vivir dignamente a un coste más bajo del que creemos. Podemos comer muy bien, vestir correctamente e incluso darnos algún capricho de vez en cuando si nuestro objetivo es dejar de derrochar.

7. Cuanto más dinero se tiene, más cosas se consideran necesidades básicas
Así es. Las necesidades básicas como un coche nuevo, una casa grande, muebles buenos, televisiones de pago, comida de antojos y ropa de marca, son realmente básicas… La comida normal, la ropa que podemos seguir utilizando seis meses después a riesgo de no ir a la moda, y la casa humilde y sencilla, en cambio, son demasiado caros para la mayoría de nosotros: nos duele la (des)ventaja comparativa, que es mucha en este caso.

8. Muchas veces se piensa que se necesita más dinero al compararse con otros que parecen tener un coche mejor, una casa más grande y vacaciones increíbles
Derivada directamente de la anterior, esta verdad es una de las más dolorosas. Quizá uno de motu proprio cambiaría de coche cada ocho o diez años. Pero resulta que las personas de nuestro entorno lo hacen cada cuatro o cinco. Quizá viviríamos de alquiler, pero nos mueve el afán de poseer: los demás lo hacen. Puede que las ciudades españolas tengan cierto interés, pero luego mis amigos hablan de que se han ido a Perú, a los Roques, o a Tailandia, y claro, Logroño ya no entra en la conversación.

9. Pocas personas comparan su renta con la del resto cuando se trata de alimentarse bien, de hacer ejercicio o de respirar aire puro
Al respecto del dinero, se establece una lista de cosas importantes alejadas de las cosas realmente buenas para la salud. Nadie busca compararse en quién come más fruta, o quién recurre más a las pizzas. Tampoco vende mucho hablar del paseo tan gratificante que diste el fin de semana, frente a contar la última superproducción de Hollywood. Si cuentas que haces ejercicio puedes ser adorado/a a la vez que envidiado/a, pero si encima lo haces gratis porque sales a correr o en bici, entonces no se te perdonará jamás estar en forma. ¿Dónde está el gimnasio de a 100 € al mes?

10. Todo es relativo
Como queremos conservar el tono de humor, no vamos a entrar mucho en otras consideraciones, pero recuerda que el mundo en el que tú vives supone el 15% de la población mundial y posee el 85% de la riqueza. Claro que los ricos son otros, siempre son otros. Para una persona que tienen que caminar varios kilómetros para beber agua potable, tú eres inmensamente rico/a. Piénsalo.

Cómo ser feliz en plena crisis

Ya que todo el mundo habla de crisis, me voy a subir yo también a ese carro, para aportar un pequeño granito de arena que ayude a hacer frente a la nueva coyuntura. Incluso si las circunstancias personales de uno no han cambiado, el que se hable de caída de los principales bancos de los principales países, y de aportaciones multimillonarias por parte de los estado, hace que sintamos el suelo temblar bajo los pies.

No trato de dar una visión económica del tema: hay suficientes blogs, periódicos y demás llenos de expertos en Macroeconomía. Lo que trato es de dar una visión de qué podemos hacer, tanto si nuestra situación ha cambiado como si tememos que lo haga en un corto plazo de tiempo.
Empecemos por lo más simple. Tal como apunta el gran Zelinski, existen básicamente dos formas de hacer frente a cualquier problema de liquidez; ningún economista negaría que son fantásticas. La primera es gastar menos de lo que se gana. La segunda es ganar más de lo que se gasta. Ahí acaba todo. Con ser tan sencillo, conozco a muchas personas incapaces de hacer esto, de forma que gastan siempre más de lo que ganan y ganan siempre menos de lo que gastan. ¿De dónde sale el restante? Se lo prestan otros, desde familiares y amigos que dejan de serlo hasta los bancos a un cierto tipo de interés. Acaban por tener que devolver cantidades mucho mayores que las que pidieron, por lo que tienen que pedir más para devolver lo pedido, y entran en un peligroso círculo vicioso.

Regla nº1: gasta menos de lo que ingresas
Regla nº2: ingresa más de lo que gastas

Para lograr una maestría en la aplicación de estas dos importantes reglas, existen varios trucos que pueden llevarse a cabo.

1. Haz una lista de la compra: parece una tontería, pero cuando uno se atiene a la lista, compra menos y mejor. Si vamos por el supermercado mirando a nuestros dos lados, creeremos estar en el paraíso del capricho incesante, de la necesidad permanentemente insatisfecha, del deseo continuo… Si nos atenemos a la lista, compramos marcas blancas y buscamos descuentos por volumen, podremos ir arañando algún que otro euro para más adelante. Por cierto: ¡no vayas a la compra con hambre! En caso contrario, puedes encontrar el carro lleno de donuts con diferentes coberturas, de patatas fritas con diferentes sabores, salsas de todo tipo y poco más. Nadie me cree, pero yo compro en 15 minutos. Entro por la puerta, busco lo que necesito, salgo por la puerta. Es así.

2. Recorta los gastos de aquello que no necesitas: la mayoría de las personas, cuando nos enfrentamos a nuestra lista de gastos, la recorremos varias veces hasta concluir «no hay nada aquí que no necesite.» Pero si tu sueldo se recortase a la mitad, ¿qué harías exactamente para salir adelante? Quizá dejarías de considerar ciertos gastos como imprescindibles, por ejemplo las televisiones de pago, la suscripción a una revista que no lees, la ropa a la ultimísima moda de hace dos minutos, el maquillaje y las cremas caros, peluquería, diversos aparatejos que se usan de año en año… Considera la posibilidad de ir al trabajo en transporte público: contamina menos, y así sentirás que estás haciendo algo por la Tierra y sus habitantes, y tú eres uno/a de ellos. Las vacaciones quizá las tengas que hacer a un lugar más cercano, u olvidarte de ellas temporalmente. No es un drama, existen cosas de las que se puede disfrutar gratis, más abajo lo explico mejor.

3. Busca otras fuentes de ingresos: reconozco que no es tan fácil encontrar otras fuentes de ingresos. Es agotador estar pluriempleado, y quizá no se esté en disposición de hacerlo por las circunstancias familiares. Bien, se puede vender aquello que no se utiliza en tiendas de segunda mano, se puede hacer algún trabajo de pocas horas que complemente al que tenemos, o se puede buscar otro trabajo en que nos paguen más. Quizá crees que es imposible que encuentres un trabajo mejor remunerado dadas tus cualificaciones. Puedes hacer cursos de formación profesional, o puedes buscar, porque quizá sí existe ese otro trabajo.

4. Valora los activos que estás manteniendo: hay una serie de cosas que nos atan como a esclavos, y la más importante es la hipoteca. A veces mantenemos activos contra viento y marea, trabajando exclusivamente para la casa, o para el coche. Tal y como está ahora la cosa, muchas familias ven aumentar la letra de su hipoteca pero no ven la posibilidad de vender la propiedad asociada a ella, bien porque no ganarían lo que valía hace tan sólo unos meses, bien porque irse a otra semejante sería tener el mismo perro con distinto collar. Algunas personas están alquilando su casa, mientras se van a una vivienda más asequible, también de alquiler. Aunque nuestra mentalidad es querer poseer a toda costa, y el activo que más valoramos es el inmobiliario, alquilar y no comprar es una opción a tener en cuenta en estos tiempos.

5. Sé más listo que ellos: igual que muchas veces pensamos que nuestra fuente de ingresos está fija y no la podemos aumentar, otras veces pensamos que nuestros gastos son inamovibles. Están surgiendo iniciativas muy interesantes para empezar a ser el «soberano consumidor» que se nos supone ser en Teoría Económica. Tú eres el experto/a sobre lo que compras, tú eres quien elige, y quien puede exigir mejores condiciones y reclamar cuando te cobran lo que no debieran cobrarte. Si quieres saber más sobre esto, visita http://compraexperta.com/ y te harás una idea de lo que quiero decir: existen muchos servicios que pagamos y por los que podríamos pagar mucho menos. Infórmate.

6. Desde ahora, todo es tuyo: esta solución es la que más me gusta a mí y la que menos te va a gustar a ti si eres una persona práctica. Sin embargo, numerosos autores, y místicos de diversas corrientes, han utilizado este medio para ser las personas más ricas del mundo, para vivir en la abundancia, para sentirse satisfechos… Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que el más rico tan sólo disfruta de la vista de lo suyo, pero al tiempo sufre por el miedo a perderlo, a que se dañe, y paga por mantenerlo, por protegerlo. Orison S. Marden nos aconseja sentirnos ricos por todo lo que podemos disfrutar gratis, por los llamados «bienes libres.» Rockefeller y Onassis no pueden poseer más que tú y que yo la puesta del sol, la vista del mar, respirar el aire puro, ver la luna llena, pasear por las calles. No tiene nadie título de propiedad sobre lo más bonito que podemos admirar, sobre los grandes poemas que encuentras en una biblioteca, sobre la música que hizo Mozart, sobre el aroma de los pinos…

Poseer una obra de arte, por ejemplo un cuadro de Velázquez, te obliga a: tener una pared suficientemente grande, tener mucho mucho dinero para comprarla, para protegerla, para restaurarla… Y si consigues todo eso, al cabo de unos meses pasarás por delante de ella sin darte cuenta de que existe. Si la dejas en el Museo del Prado, puedes ir a verla cuando quieras, compartir con otros su belleza, y compartir también los gastos de mantenimiento. La obra de arte en tu casa te hace esclavo; en el museo, te hace señor.
El mundo es de quien puede gozarlo, admirarlo, respirarlo, tocarlo… Por poco dinero puedes subir a un tren y recorrer tu ciudad de arriba a abajo, sintiendo que todo lo que te rodea está hecho para ti. Querer tenerlo todo, querer que todo esté bajo títulos de la propiedad, hace que no puedas atender a nada más que a la esclavitud que con ello te impones. Esto me recuerda a la película «Entre pillos anda el juego». En ella, dos corredores de bolsa se apuestan por un dólar que un hombre pobre, con el dinero y las posesiones de un rico, acaba comportándose como tal. Y viceversa. Para ello, cogen de la calle a un vagabundo (Eddie Murphy) y le ponen en el lugar de un ejecutivo (Dan Aykroyd). Cuando el vagabundo comienza a tomar posesión de la condición social del ejecutivo, lo primero que hace es empezar a guardarse en los bolsillos, disimuladamente, todo lo que ve de valor en «su casa.» Le hacen ver: «¡te estás robando a ti mismo!» Pues bien: sorprende ver la cantidad de gente que una y otra vez se roba a sí misma sin darse cuenta. Si todo es tuyo, si sólo en ti está la facultad de poseer aquello que disfrutas, aquello de mayor valor para ti, ¿por qué necesitar un título de propiedad? ¿Por qué envidiar a aquellos que lo tienen? ¿Por qué ponerse en situación de esclavitud con respecto a un objeto material?
En palabras del propio Marden:

Pobre es quien no está satisfecho. Rico es quien se contenta con lo que tiene y puede disfrutar de cuanto los demás poseen.