Incomodarse

Dice Krishnamurti en El conocimiento de uno mismo que

…para aquello que continúa no hay ciertamente renacimiento, renovación. Solo en morir está la renovación; y, por lo tanto, es importante morir cada minuto, no esperar morir de vejez y enfermedad. Eso significa morir para todas nuestras acumulaciones e identificaciones, para nuestras experiencias acumuladas.

Krishnamurti invita a vivir con atención plena instante a instante. Esto es incomodarse

Se trata de desautomatizar la vivencia instante a instante, algo que también explica Walter Riso en su libro Amar y depender: es necesario que haya una exploración, un “incomodarse” para ampliar el mundo en que vivimos y de esta forma deshacerse de la dependencia, del que nos lleven de la mano.

Las dificultades son precisamente las que originan una nueva búsqueda de equilibrio y por tanto son las que desatan la creatividad, son la oportunidad de darse cuenta de algo y de crecer. Entonces, ¡bienvenidas las dificultades!

Esto es algo que nos explicó Manuel Cordero en el curso Aproximaciones al Universo del Clown, impartido en la Escuela Jamming: en cuestión de minutos estamos en la zona de confort otra vez, repitiendo un patrón como robots.

Incomodarse frente a hacer de robot

Lo cierto es que en la mayoría de trabajos no especialmente creativos, e incluso en los creativos también, hay un componente “robótico” de repetición de unas rutinas. Ese componente nos fastidia porque es alienante: “todos los días son iguales”, “esto parece el día de la marmota”, “esto lo puede hacer cualquiera”. Y al mismo tiempo, en cuanto nos empujan fuera de esta rutina, nos fastidia incluso más: “¡y ahora me mandan a un viaje!”, “yo controlaba mis proyectos y me meten a esto, y yo de esto no tengo ni idea”, “no pienso aprender a usar la nueva aplicación, ¿cuántas aplicaciones nuevas van ya?”

Lo cierto es que la automatización de rutinas, que es lo contrario de incomodarse, “ahorra tiempo” y permite utilizar atajos creados por las conexiones neuronales.  Ahorra también un trabajo o esfuerzo extra por dejar de lado estas rutinas, las creencias y los mapas mentales y experimentar directamente lo que es lo nuevo.

Ahora que se nos puede sustituir por robots alienados de fábrica, y que parece que se retira al ser humano de la producción rutinaria y robótica, ¿qué le queda? Porque resulta que hace el robot se nos da muy bien.

Incomodarse, ¡qué incómodo!

La mayoría de nosotros no lleva dentro a un Jesús Calleja o un Fran de la Jungla, por lo que renovarnos a cada minuto nos parece estresante y desestabilizador.

De hecho, se ha hablado de que este tipo de perfiles lleva en sí genes predispuestos al riesgo, frente a los que no nos enfrentamos a vivencias extremas por aversión al riesgo (no recuerdo la fuente).

Y sin embargo, ver a cualquiera de estos personajes, incluso a David Attenborough observando las hormigas durante horas, nos hace sentir una cierta envidia, un deseo de abandonarlo todo y llevar una vida más “salvaje”, menos estructurada, en que cada día es diferente. Pero para eso hay que desautomatizar, enfrentarse al instante siguiente vacío de creencias y prejuicios, arriesgarse a experimentar algo diferente. Y esto es incomodarse.

Entonces se pierde la sensación de seguridad, la persona se expone a experiencias desagradables, por ejemplo, probando una comida que nunca ha tomado o que siempre ha rechazado. Entonces igual se sale de casa sin paraguas y la persona que experimenta se cala hasta los huesos. ¡Qué incómodo!

Para saber más

Estos son algunos artículos relacionados con el tema que han ido apareciendo en este blog:

La cultura del presentismo

Talento, creatividad y éxito: cómo ahuyentarlos de tu empresa

 

Los adornos: lo más difícil de “dejar ir”

¿Te cuesta deshacerte de los adornos?

Se muestran varios adornos de los que cuesta dejar ir

Los adornos de la abuela

Podemos recordar las costumbres de organización de nuestros abuelos, quizá alguno de los bisabuelos. Y ahí ya existía la acumulación, a pesar de que vivieron en una época muy diferente a la actual.

La abuela de muchos de nosotros/as ya acumulaba un montón de objetos, principalmente adornos.

¿Qué son los adornos?

Los hay de varios tipos:

  • Objetos útiles que no se utilizan porque se prima su belleza, su valor o ambos, como son jarras y jarrones, juegos de tazas, juegos de té, soperas, ensaladeras, copas (de vino, de champán, etc.) velas, almireces y resto de regalos típicos de boda, o herencias de algún familiar.
  • Objetos creados con el único fin de adornar, como figuritas de Lladró (o no), del roscón, bailarinas y toreros, esferas de madera o cristal, candelabros, máscaras venecianas, higrómetros… De estos, los adornos “horizontales” requieren de muchas superficies planas donde depositarlos, y de mucha paciencia para limpiar el polvo.
  • Adornos “verticales”: se cuelgan o se sitúan en vertical, como cuadros, calendarios, imanes del frigorífico, máscaras venecianas, carteles, mapas…
  • ¿Las plantas son adornos vivos? Si es así, trabajan 24×7 por un poco de agua a cambio, y de fertilizante o abono las que tienen suerte. Esto me recuerda a los adornos humanos en Clara y la penumbra. Quien no tiene una planta asalariada, la tiene en forma de flores de tela o bien tiene ramos de flores frescas que ya no hay que volver a regar.
  • Recuerdos, como marcos con su foto correspondiente, bufandas de un equipo de fútbol, copas y medallas que se ganaron tiempo ha y aparatos electrónicos de poca utilidad.
  • Colecciones: la perdición. Las colecciones de cualquier objeto requieren mucho espacio y mantenimiento, y no suelen ser estéticas. Muchas colecciones parecen sacadas de museos. ¿Tu casa es un museo? (Pregunta para reflexionar)

¿Cómo sería el asunto de la basura en el cazador-recolector?

En una sociedad cazadora-recolectora, deshacerse de algo no sería tan común, solo se tendría lo necesario, por lo que tampoco sería común acumular. Los espacios en que habitan las tribus no son muy grandes. Tienen poca ropa y ningún libro ni documento. Ni ningún aparato electrónico.

Sin embargo, lo cierto es que solo hay que ir a un museo para constatar que sí había adornos en las épocas antiguas: las figuritas no han evolucionado mucho desde la era prehistórica. ¿Había adornos en todos los hogares o solo en los de la gente con dinero?


Me gustaría conocer vuestras opiniones. ¿Cuál es el adorno de tu casa que más detestas? ¿Por qué? ¿Cuál es el adorno que nunca dejarías ir?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores por tomarse el tiempo para leer este post y unirse a esta reflexión.

Método KonMari: deja ir lo que no te hace feliz

¿No te has ido de vacaciones en agosto? Ordena tu casa

La mesa del salón antes de leer sobre el método KonMari

Es posible que te preguntes qué hacemos hablando de organizar el hogar en un blog sobre desarrollo personal. No, no he cambiado de tercio, simplemente el método KonMari ha llegado a mis manos gracias a una gran amiga (gracias, Beatriz) y me gustaría compartir lo que he encontrado en él que puede servir para crecer.

Y es que la clave no está en ordenar, está en dejar ir. Tengo la sensación de que dejar ir objetos vacía el apego al pasado y quizá también la mente, al tiempo que permite que entre lo nuevo, esencialmente lo que aquí y ahora importa.

Agosto es un mes estupendo para realizar este ejercicio si no estás de vacaciones: se ha ido todo el mundo, tú sigues trabajando, y es el momento idóneo para cerrar una etapa (de años quizá) y abrir otra nueva.

¿Cuál es el criterio?

Simplemente uno: “Me gusta y me da alegría”. Si es así, el objeto se queda. Me parece un criterio fulminante.

Hay dos sencillas preguntas:

  1. ¿Esto me hace feliz? ¿Lo conservo o lo dejo ir?
  2. Si lo conservo, ¿cuál es su sitio?

Otros métodos

Había oído hablar de otros métodos, como tirar lo que llevas 1 o 2 años sin usar, tirar una cosa un día, al día siguiente dos, luego tres, y así hasta completar el mes o tirar en función de la utilidad y lo que es razonable. Creo que lo que falla de estos métodos es que no hacen distinción entre objetos, o no al menos esta distinción fundamental de “me gusta y me hace feliz”.

Además, ordenar de golpe, de una vez y de forma drástica no es algo que se suela sugerir, más bien parecía que había que ordenar cada cierto tiempo o siempre que la ley de la entropía se cumple.

Con la palma de la mano

La clave está en el cuerpo: la reacción ante los objetos que nos encantan no es igual que la que tenemos ante los objetos que nos son indiferentes o no nos gustan.

El ejercicio que propone Marie Kondo es tocar cada prenda, cada libro, cada adorno, sopesar el objeto, sentir “qué te dice”, cómo te hace sentir, en un proceso que puede prolongarse hasta seis meses.

“Guarda las cosas que hablan a tu corazón. Luego da el siguiente paso y desecha todo lo demás”.

¿En qué orden se hace?

Para Marie Kondo, el orden es fundamental: primero dejar ir, después ordenar.

Solo cuando se ha eliminado todo se ordena lo restante. Por eso el matiz no está en guardar las cosas mejor, es decir, no se trata de hábiles métodos de almacenamiento o de tener una casa más grande.

De hecho, el que todo esté perfectamente guardado no significa que necesitemos todo lo almacenado. ¿Acaso hemos construido un búnker?

Ordenar por categorías me parece otro acierto de este método. Es la forma de detectar cuánto de lo mismo acumulamos. Podemos tener ropa en varios armarios, y podemos tener libros en varias habitaciones. Si no lo vemos todo junto, no nos damos cuenta de la cantidad de objetos que hemos podido acumular. Es necesario enfrentarse a toda la ropa a la vez, o a todos los libros, no a las ubicaciones (salón, dormitorio…) donde se encuentran.

El orden que propone Marie Kondo es de las categorías que suponen menor apego a las que más, dejando para el final los objetos sentimentales. Por eso sí pienso que este orden se puede alterar en los casos en que se es especialista en un área muy concreta, por ejemplo en moda (ropa) o investigando, dando clase, etc. (libros y apuntes). Este es el orden propuesto:

  1. Ropa.
  2. Libros (yo añado aquí el material de estudio, que ella añade en el siguiente punto).
  3. Papeles.
  4. Komono. Lo que yo llamo barrusilla (palabra que no existe). Incluye algunos electrodomésticos y sus cajas.
  5. Objetos sentimentales y fotos.

Visualizar el objetivo

Tampoco había oído que la organización pudiera tener un fin distinto a la propia organización. Sin embargo, el método nos invita a imaginar con el máximo detalle cómo es el resultado que esperamos. “La pregunta de qué quieres poseer es la pregunta de cómo quieres vivir tu vida”.

Por eso, Marie Kondo nos habla de un “clic”, un momento en que sientes claramente que ya no necesitas desechar más, y que las cosas que se han quedado son las que necesitas para vivir. En el libro nos da varios ejemplos de cómo las personas a las que ayuda se dieron cuenta de cuál era su verdadera vocación o de cómo imaginaban que sería su casa tras ordenarla.

Mejora tu toma de decisiones

El no poder deshacerse del pasado te dificulta ver lo que de verdad necesitas en tu vida ahora.

Otro aspecto de crecimiento personal es saber elegir. Si tiendes a acumular objetos es porque te cuesta elegir con cuáles te quedas, o lo quieres todo, o sientes pena o culpa por deshacerte de cada uno de ellos.

Pienso que el método KonMari ayuda a afinar la toma de decisiones, a entender qué te gusta y cuándo algo ha dejado de servirte, aunque en el pasado fuese algo muy importante o útil.

Como dice repetidamente la autora, “algún día significa nunca”, y mucho de lo que acumulas por si lo utilizas alguna vez, seguirá sin ser utilizado. Si es verdad que llega ese “algún día”, siempre puedes volver a adquirir el objeto, quizá de tecnología más avanzada, o más barato, o más a tu gusto.

“Desecha todo lo que no te inspire alegría.”

Un lugar para cada cosa

Al leer esta expresión, un lugar para cada cosa, me vino a la mente el perfeccionismo cargante de Mary Poppins.

Creo que se pueden relajar los criterios que propone el método KonMari y adaptarlos a una vida cómoda. Es verdad que muchos objetos rondan por la casa porque no sabes dónde ponerlos, y en este sentido la ordenación por categorías ayuda. Pero también es verdad que algunas propuestas rayan lo obsesivo, y en mi caso no me convencen.

El mensaje global, tener un sitio donde guardar cada cosa, sí me parece necesario.

Puntos a tener en cuenta

Encuentro en este método algunos puntos que hay que tener en cuenta:

  1. Acabar obsesionado/a por el orden.
  2. Ponerte a organizar cosas que no son tuyas, sino de tu familia, lo que muestra una gran falta de respeto.
  3. Creer que si tienes un espacio grande, no importa que acumules objetos.
  4. Esperar que tu vida se transforme radicalmente.
  5. Centrarse tanto en la basura y en la cantidad de bolsas que sacas que acabes viviendo para detectar basura.
  6. No tener en cuenta la necesidad de reciclar o de buscar que los objetos puedan reutilizarse (libros a la biblioteca, ropa a la iglesia, etc.) o incluso venderse.

 


Me gustaría saber qué opinas sobre el orden. ¿Crees que influye en cómo te sientes en tu vida? ¿Compartes el significado de dejar ir el pasado? Me encantaría continuar la conversación en los comentarios. ¿Qué preguntas o reflexiones te surgieron mientras leías este post?

Como siempre, agradezco profundamente a mis lectores que se tomen el tiempo para leer el blog y unirse a la reflexión.

 

Tempus fugit, pero hay vida más allá de los cuarenta

En realidad el título podría ser: “Hay vida más allá de los cuarenta, por tanto, carpe diem”.

Sin embargo, mi reflexión sobre haber pasado con éxito (esto es, viva) los cuarenta, va más en línea con la noción de que el tiempo vuela, y las cosas no siempre van a estar ahí; las cosas desaparecen. Hace poco se destruyó un monumento natural llamado La Ventana Azul de Malta. Nunca he ido a Malta, pero ahora sé que, aunque vaya, nunca podré ver la Ventana Azul.

Otro ejemplo: la mayoría de las empresas para las que he trabajado ya no existen. Sí, has leído bien, la mayoría. Hay que decir que también la mayoría de ellas han desaparecido absorbidas por un holding o un grupo empresarial, y no se han hundido sin más (pero algunas sí).

Los famosos achaques de los cuarenta

Los cuarenta y la acumulación de musgo en tu vidaLos cuarenta te traen vivencias en las que no habías pensado. Por ejemplo, empiezas a tener problemas con la dentadura, con la vista, con el colesterol… y equivalentes. En mi caso, con la dentadura. Sí, han conseguido que vivamos hasta los cien años, perfecto, pero ¿sin piños? Cuando pienso en otros cuarenta años masticando, me vienen a la cabeza imágenes de los anuncios sobre dentaduras postizas que se mueven… ¿Postizas? Pero la gente que lleva dientes postizos es de la tercera edad… Sí, ciertamente el tiempo vuela y se lleva dientes y grados de visión, se lleva la frescura y se lleva energía vital.

Cómo se proyectan los cuarenta cuando se es pequeño/a

Cuando era pequeña, los cuarenta era la frontera entre ser pequeño y ser mayor. Cuando era pequeña para mí no había edades intermedias como “los jóvenes”, sencillamente, o se era pequeño, o se era mayor, y también se podía ser muy mayor: los abuelos. Así que no tenía ni la menor idea de lo que iba a ser de mí a partir de esta frontera tan marcada en mi imaginario.

Más adelante, pensaba que solo las personas a partir de los cuarenta pueden dedicarse a “cosas serias” como escribir literatura, ejercer un cargo político o ser médico. Así que diseñé un plan para rellenar el tiempo que quedaba hasta esa lejana frontera: hacer siempre cualquier otra cosa distinta a la que realmente deseaba hacer.

Yo pensaba que la vida iba a estar totalmente definida y cerrada a los cuarenta. Es como si se fuese a quedar impresa en un bonito cuadro: ya has llegado a todas las metas. Entonces, se supone que te has casado, que has tenido hijos, que has ido ascendiendo en tu carrera profesional y que ahora solo dejas que pasen otros cuarenta años, sin más. Así, puede que no tengas tanta energía (ni tantos dientes) pero parece como si diera un poco igual…

Cómo se vive realmente la vida a los cuarenta

Paseando a los cuarenta y captando detallesLo que he descubierto es que la vida vuelve a comenzar, no a los cuarenta, sino cada día. Nunca es tarde para comenzar algo nuevo, si bien el cuerpo te va avisando de nuevos límites. Pero el mayor límite es la creencia de lo que “no se puede” hacer a partir de cierta edad.

Gracias a este texto de Louis Hay, confirmé la idea de que pueden pasar aún muchas cosas en tu vida a partir de los cuarenta, e incluso algunas de ellas pueden ser las más importantes para ti y para tu misión. Puedes tener nuevas aficiones, puedes emprender un camino profesional distinto, puedes conocer a una persona especial, puedes tomar consciencia de la importancia de disfrutar el presente…

Además, hay premios. Uno de ellos responde al refrán:

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Puedes coincidir con personas mucho más jóvenes (incluso algunas podrían ser tus hijos, por edad) en trabajos, cursos, actividades, etc. y observar que la experiencia de la vida es un grado. Puede que sobre esa actividad concreta sepas lo mismo que ellos/as, sin embargo, has vivido situaciones en empresas, en otras actividades, en diferentes momentos de tu vida, que hacen que te sea más fácil manejar la incertidumbre.

A los cuarenta, más que nunca, es importante abrirse a lo desconocido y a lo nuevo, empezar cada día de cero, observando el presente, abriendo la mente a todo lo que te rodea. También puedes encasillarte en el bonito cuadro que pintaste cuando eras pequeño/a, la foto perfecta de familia. Es otra forma de plantearse el resto de tu vida, tus otros cuarenta años o más.

Yo elijo vivir el presente intensamente, decir sí a lo que va llegando, abrirme a evoluciones inesperadas, a tomas de conciencia que no sabía que iban a darse. Elijo no sumar años a una foto estática. Elijo vivir años en una imagen siempre renovada.

¿Y tú? ¿Qué eliges?

Robinson Crusoe: lectura de mudanza


Este verano, Robinson Crusoe me ha acompañado en uno de esos momentos vitales difíciles: la mudanza. El relato de Defoe lo proyecté como una distracción ligera y un recurso para hacer un ejercicio de literatura comparada con otras obras.

La primera que me vino a la mente es la película Náufrago (Cast Away, 2000). Las similitudes son muchas, si bien la película es más creíble y más parecida al relato original en que Defoe se basó, el del naufragio de Pedro Serrano.

Después recordé Marte (The Martian, 2015), y la suspensión de la incredulidad que pide el cultivo de patatas en el espacio, no tan exigente como la que pide Defoe al pedir que creamos que Robinson pudo cultivar cereales y hacer pan.

También me vino a la cabeza la película Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), toda la reflexión sobre el tiempo, la repetición de los días, casi indistinguibles, y sobre hacer tareas que llevan mucho tiempo porque en realidad es un recurso que sobra, el tiempo se ha alargado, se ha convertido en un infinito presente.

Además de estas comparaciones, acabé recopilando las similitudes del relato con mi propia mudanza.

La mudanza, encontrarte de pronto en un espacio ajeno con objetos que son tuyos, que parece que trae la marea como los restos del naufragio, caja tras caja, no sabiendo si lo que contienen lo necesitarás ahora, no sabiendo si el contenido de la caja estará dañado.

No valoramos el verdadero estado de nuestra situación hasta que lo vemos ilustrado por una circunstancia más desfavorable, ni sabemos apreciar lo que disfrutamos hasta que lo perdemos.

Resulta que de pronto te das cuenta de que tienes perro y gato, y recuerdas entonces que los rescataste del barco antes de que se hundiera. Sí, pese a tu soledad y a tu sensación incómoda, no eres capaz de recordar a estos animales hasta veinte páginas después de haber naufragado.

Y no debo olvidar que en el barco teníamos un perro y dos gatos, de cuya eminente historia me ocuparé eventualmente en su momento, ya que me llevé los dos gatos; y en cuanto al perro, saltó del barco por su cuenta y nadó hasta la costa para reencontrarme en tierra al día siguiente de mi desembarco con el primer cargamento.

Las penurias. Son las que te hacen añorar la comodidad anterior, esa que escasamente valorabas. Porque, ¿cómo puedes vivir sin una mesa y una silla?

Entonces comencé a dedicarme a la fabricación de las cosas que consideraba más necesarias, particularmente una silla y una mesa. Sin ellas no me era posible disfrutar de las escasas comodidades que tenía en el mundo. No podía escribir, ni comer, ni hacer muchas otras cosas sin una mesa.

Durante el periodo de mudanza pierdes el sentido del tiempo. ¿Ya estamos en agosto? No te lo puedes explicar, y es que, desde que naufragaste en la casa nueva, no sabes dónde está metida tu agenda, y olvidas comprobar en el teléfono a qué día estamos, y si es laborable o festivo.

Al cabo de diez o doce días me di cuenta de que perdería mi noción del tiempo por falta de libros, pluma y tinta, y que terminaría confundiendo los días laborables con los sabáticos. Para evitarlo, clavé sobre la playa un gran poste al que di forma de cruz, y allí grabé con letras mayúsculas la siguiente inscripción: «Aquí llegué a tierra el día 30 de septiembre de 1659».

Las incursiones que haces desde el sitio en el que has aparecido, “la casa”, hacia terrenos desconocidos alrededor del barrio, poco a poco cada vez más lejos, buscando recursos básicos y la forma de obtenerlos y explotarlos.

Y como la naturaleza, que al proporcionar alimento a todas las criaturas les enseña también naturalmente cómo hacer uso de ellos, yo, que jamás había ordeñado una vaca y mucho menos una cabra, ni había visto hacer mantequilla ni queso, logré hacer ambas cosas con fluidez y presteza, después de varios ensayos y fracasos, y en adelante nunca me faltaron.

No darse demasiada cuenta de que la casa solo está habitada por ti hasta que ya no quedan cajas: todo está en su sitio, ya has explorado la zona, empiezas a encontrarte en tu terreno, ya no te cuesta decir “esta es mi casa”, “esta es mi calle”.

No tenía nada que envidiar, puesto que poseía todo aquello de lo que podía disfrutar y era el señor de toda la finca: podía, si esto me complacía, llamarme rey o emperador de esta tierra, de la que era poseedor.

Y sin embargo, no eres capaz de permitirte a ti mismo ir desnudo por tu isla, incluso aunque no haya ningún observador.

(…) y aunque el clima en verdad era tan caluroso que no tenía necesidad de ropas, no podía andar totalmente desnudo. No, aun cuando me hubiese sentido inclinado a hacerlo, lo que no era así, porque no podía tolerar la idea siquiera de pensarlo, aunque estuviese solo.

Cuando lo puedes llamar hogar es cuando puedes admitir la existencia de personas ajenas en tu isla, de la que te sientes el gobernador. Y es cuando se da el desembarco de varias canoas llenas de amigos que vienen a tu isla a darse un festín, pero cuidado, serás tú quien determine qué es lo que se va a comer. Decretas libertad de credo, sin embargo, no vas a admitir ciertos rituales caníbales como fumar, a menos que se salgan a la terraza, esa que ya has conseguido llenar de plantas, sillas y una mesa.

Gracias al acompañamiento de Robinson, y mucho más adelante de Viernes y al final toda una tropa de hombres, he querido pasar por alto las incongruencias del relato, de las que el mismo autor se excusa diciendo que en realidad no son tales:

Todos los intentos envidiosos por recriminarle no ser más que una novela, por buscar errores geográficos, incongruencias en el relato y contradicciones en los hechos, han fracasado y han resultado tan impotentes como malignos.

Solo queda mencionar una gran diferencia, y es que Robinson sueña con salir de su isla algún día, algo que logra, mientras que tú sueñas con no tener que volver a mudarte de nuevo a ninguna otra isla.

Y así fue como abandoné la isla, el 19 de diciembre del año 1686 (…), después de haber vivido en ella veintiocho años, dos meses y diecinueve días.

 

El animal moral

(Artículo originalmente publicado en Blogger en noviembre de 2012).

La lectura de un libro interesantísimo, The moral animal (el animal moral), me trae a estas páginas, en particular, la expresión «o virgen o puta».

Hasta ahora pensaba que esto de «o virgen o puta» venía de algún fragmento del refranero español. No suponía que en realidad los antropólogos estudian esta dicotomía, lo llaman «the Madonna-whore dichotomy«. Dicho en inglés parece que se suaviza.

Orígenes evolutivos

Pero no, en realidad se hace todavía más duro, porque parece ser que tener en mente en esta polaridad puede tener orígenes evolutivos. En un entorno de cazador-recolector, el hecho de que una mujer se aventure libre y alegremente en el terreno sexual, la lleva rápidamente al extremo opuesto de la polaridad, y esto hace que le sea más difícil encontrar una pareja estable.

Se observa en tribus de todo tipo que los hombres colocan a las mujeres en uno de estos dos cestos con el fin de distinguir claramente si merece la pena para él hacer una «inversión parental» como padre de las criaturas de esta mujer. Incluso con la existencia de anticonceptivos, el mecanismo heredado de la evolución sigue ahí, y se enfrenta a un córtex más elevado pero con menos peso evolutivo.

No somos esclavos de la selección natural

No porque la selección natural nos haya creado significa que tengamos que seguir sus planes de forma esclavizada.  Pero sí es necesario saber qué puede haber detrás de elecciones de pareja en ambos sexos. De la misma forma que las mujeres se plantearán en general reservarse para un compañero que les asegure apoyo para su descendencia, los hombres se plantearán probar «con todo lo que se mueva» (y está así escrito en el libro de Robert Wright), a menos que decidan hacer una inversión parental y se queden al lado de una de esas «Madonnas».

A pesar de lo libres que nos podamos sentir en el S. XXI, lo cierto es que las mujeres no mostramos el mismo comportamiento que los hombres, de acuerdo con el libro.

En un experimento, tres cuartas partes de los hombres a los que se aproximó una mujer desconocida de la universidad en que estaban, aceptaron tener sexo con ella, mientras que ninguna de las mujeres a las que se acercó un hombre desconocido aceptó el trato.

En conclusión, parece ser que cierto libertinaje en los hombres y cierta reserva en las mujeres son innatos en alguna medida. Aquellas mujeres que no se comportan con reserva, pueden también conseguir una buena descendencia, si bien parece ser que la descendencia de parejas estables es más fuerte y sale mejor adelante que la de mujeres sin pareja.

Hechos para las relaciones largas

Lo que sí acaban haciendo ambos sexos es engañar. Los hombres engañan a las mujeres buscando una más joven, que les va a dar la oportunidad de tener descendencia durante más años. Las mujeres engañan a los hombres cuando consiguen que uno les provea de recursos y aparece otro por el horizonte que les puede proveer de genes fuertes. A los hombres les duele y resulta casi imposible tolerar el engaño físico, mientras que lo que no pueden superar las mujeres es el engaño emocional, el pensar que su hombre pueda querer a otra mujer.

En cualquier caso, a diferencia de otros primates como los chimpancés o los gorilas, nuestra especie parece estar hecha para las relaciones de larga duración, que aseguran el desarrollo óptimo de la descendencia. Por ello, tampoco el modelo de Don Juan es adaptativo desde el punto de vista de la evolución. Conquistar a una mujer cada semana y dejarla abandonada no asegura que la descendencia vaya a salir adelante.

En resumen, ni virgen ni puta, ni Don Juan ni cornudo; somos animales venidos a más gracias a la adaptación de nuestros rasgos evolutivos.


¿Qué opinas de estas ideas? ¿Te parece que son políticamente correctas? ¿Sabías que lo que expone Robert Wright en este libro está totalmente alineado con la teoría de la evolución de Darwin?

Agradeceré cualquier comentario sobre el tema. ¡Y gracias por leer!

Vacaciones de verano… ¿para ti?

Vacaciones es sinónimo de playa para muchosDentro de poco comienza el verano. Ya quien más quien menos, todos tenemos en mente las vacaciones. Quizá algunos (o muchos), desde hace unos meses, ya que el calendario laboral se ha secado de festivos hasta el 15 de agosto, al menos en Madrid.

Vayamos a cualquier playa

A pesar de la crisis, todos intentaremos irnos. Sí, ese “todos” generalizado que suele tener excepciones. La crisis ya no es solo la crisis; es una gran depresión. Pero “el pueblo de los padres” está ahí. Y los que no solemos ver la playa durante el año, queremos ver “cualquier” playa. Esto sí que es curioso, me comentó una persona de una zona de costa que aquí usamos la expresión “a la playa” para responder a “¿Dónde te vas de vacaciones?”. Y que en la costa eso es como decir: “al parque”. Ya pero ¿qué parque? ¿Dónde? A los de interior nos da igual qué parque, realmente.

Antes de irnos, sin embargo, ya estamos pensando en la vuelta
.

Conozco mucha gente que dice: “ya verás a la vuelta, el contraste, el choque”. Y todavía no se han ido. Esto lo nombra Osho en el Libro de la nada. Llevamos un cierto tiempo pensando en un futuro idílico, esas vacaciones en la playa, y al tiempo pensamos ya en la vuelta.

Y lo peor, estando allí, estando en el lugar soñado, deseado, y sabiendo que permaneceremos tan solo unos días, unas semanas el más afortunado, pensamos ya en volver. Quizá incluso empiezan las peleas familiares/conyugales, y se está “deseando” volver para recuperar la normalidad, lo que yo llamo el estado vegetativo.

Vamos que, teniendo una oportunidad de estar despiertos, de vivir la vida intensamente, de disfrutar de aquello que durante el año nos parece tan difícil (aire libre, sol, agua, excursiones, buceo, juegos, siestas interminables, salidas nocturnas al raso…) llegamos allí y no sabemos.

Parece que, al no tener entrenamiento en el ocio, se nos muere la capacidad de gozar. Y esto sí que me parece triste. Gozar, reír, sentir. De tanto tiempo en estado vegetativo se nos escurre la espontaneidad, se nos oxidan las ideas, y se nos acartona el cuerpo.

Bueno, pues este año, en lugar de permitir este desastre, ¿por qué no nos centramos en disfrutar de lo que podamos? Incluso aquellos que no tengan medios de ir a ningún sitio, ni playa ni pueblo ni dios que lo fundó, ¿por qué no aprovechan el tremendo calor para vivirlo a fondo, despertar, ser conscientes?

Ánimo, yo lo voy a probar.

¿Qué piensas? ¿Dónde te vas este verano? ¿Te quedas?

¡Cuenta, cuenta!

El día de la marmota

El día de la marmota: cada día vivir el momento presente

¿Puedes vivir la vida de otra manera?

(Entrada originalmente escrita el 2/1/2012)

Hasta ahora, todo ha consistido en superar una serie de fases, más o menos obligatorias, con la sensación de que todo debe ir a más, a mejor, sin haber un máximo, o con un máximo tan lejano que parece inalcanzable. ¿Puedes cambiar tus creencias para que esto deje de ocurrir?

Tengo la sensación de que, en realidad, no hay nada que hacer. El mundo se podría haber terminado en 2012, como algunos auguraban, y no habría quedado nada pendiente. Piénsalo: todos los años de vida laboral que nos quedan. En mi caso, más del doble de lo que llevo. Todo eso queda por hacer, pero nada de eso existe ahora, en este momento.

Por mi parte, he decidido dejar de creer en la progresión a mejor, en la ambición. Me parece que cuanto más sube una persona, más se aleja de su centro, de quien es de verdad.

Vivir cada día el día de la marmota

He decidido vivir cada día el día de la marmota: solo importa el presente. Me funciona estar muy consciente del presente. Si es bueno, para disfrutarlo en grado máximo. Si no es tan bueno, para cuidarme de la mejor forma posible. Esto significa que se vive con lo que se tiene hoy, no con lo que se tuvo ayer ni con lo que se imagina tener mañana.

La mayor fuente de frustración es vivir el presente como algo provisional, algo que acabará, que nos ocurre por error, tal como también defiende Viktor Frankl. Si uno cree que se librará de su situación porque le tocará la lotería, su jefe se jubilará, su jefe morirá, etc., entonces sufre continuamente, dado que estas expectativas no siempre se ven cumplidas. Se viven estas situaciones como si verdaderamente hubiera otra oportunidad para, ya sí, ser felices, otra vida después… Éste es un gran error.

Yo voy a reproducir la película del día de la marmota («Atrapado en el tiempo«) desde el momento en que el protagonista, una vez que se ha suicidado de las más diversas formas, decide empezar a mirar a su alrededor. En lugar de disfrutar de su tiempo linealmente hacia un futuro distinto (y mayor, mejor), lo disfruta de forma síncrona, en el momento presente, y observa cada vez detalles distintos. Además, como está atrapado en el tiempo, se entretiene en aprender a tocar el piano, aprende francés, e incluso aprende a colar naipes dentro de un sombrero. Porque total, da igual. Está en una especie de cárcel… hasta que empieza a ayudar a los demás.

¿Qué pasa cuando el tiempo no cuenta?

Paradójicamente, desde el día en que decidí vivir cada día en el día de la marmota (y “día” lo he repetido para divertirme un rato), empecé a hacer cosas distintas. Por ejemplo, como el tiempo ya no cuenta, pues he decidido repasar gramática inglesa. Sé que suena a pestiño pero para gustos no hay nada escrito. También me he puesto a hacer cursos de formación continua, una afición que llevo cultivando varios años. Por otro lado, como el tiempo no cuenta, estoy estudiando medicina tradicional china. Y quién sabe si incluso estudiaré chino, después de todo.

Antes de tomar esta determinación, opinaba que es absurdo estudiar un idioma siendo adulto, porque está demostrado que no se llega a fijar en las estructuras neuronales, ni se llega a pronunciar sin acento. De hecho, el propio Richard Vaughan defiende con razón que el idioma sin acento se aprende antes de los 6 años. El caso es que, como los 6 años míos quedaron atrás, creo que ahora ya da un poco igual tener 37 que tener 43.


Ahora tú

¿Cómo lo ves? Te sugiero que lo pruebes durante unos días, al menos. Da una gran sensación de libertad, y quita una gran carga de estrés al eliminar la creencia básica “debo mejorar cada día”. Además, como te sitúas en el día de la marmota y sabes que al día siguiente volverás a encontrarte con lo mismo, pues empiezas a tener un agradable sentimiento de que no queda nada por hacer, y de que puedes hacer lo que te dé la gana.

En fin, comparto este gran descubrimiento con todos/as vosotros/as con la esperanza de que os pueda servir.

6 buenas razones para estar mejor que bien

Estar mejor que bien, libro de desarrollo personal escrito por Belén Casado

¿Qué es Estar Mejor que Bien?

Es un ensayo sobre la felicidad y cómo conseguirla. Libro de recetas para encontrarnos no solo bien, sino «mejor que bien». Ofrece una serie de recursos totalmente prácticos para el desarrollo personal.

1. ¿Cuál es su objetivo?

El objetivo es ayudar a la persona que lo lea a SER FELIZ, a reírse, a cambiar de paradigma, a ver las cosas de otra forma, a coger las riendas de su vida, a no dejarse caer en el estrés, en la depresión, en la desesperación.

2. ¿A quién va dirigido?

Este libro está dirigido a personas como tú, razonablemente satisfechas con su vida, que valoran su felicidad, y que quieren mimarla y cuidarla, porque la felicidad es buena no solo para nosotros mismos/as, sino también para aquellos que nos rodean.

Es un libro perfecto para regalar.

Cualquier asociación dedicada al desarrollo personal, así como los psicólogos, profesionales de RR.HH. y coaches pueden recomendar este libro. También asociaciones de mujeres, pues suelen ser temas de nuestro interés.

Está a la venta en formato papel y electrónico.

3. ¿Qué es lo más especial de este libro?

Se trata de un libro «circular», el lector puede elegir leerlo secuencialmente o puede jugar y elegir su propia aventura de desarrollo personal.

4. ¿Qué historia hay detrás?

La obra Estar mejor que bien comenzó hace cinco años como una serie de apuntes tomados de uno de los libros más importantes en la literatura empresarial. Un problema de salud que parecía puntual, pero que ha resultado ser crónico, hizo que buscara lecturas de motivación, positivismo y proactividad.

Un libro llevó a otro, y a otro, todos empezaron a conectarse entre sí, y observé que podía sacarse un extracto interesante de todos ellos, que fuese de ayuda, práctico, dirigido a los diferentes estilos de aprendizaje que se dan. En vez de tener que leer los al menos veinte libros con los que trabajé estos temas, el lector de Estar mejor que bien solo tiene que aprovechar su jugo, como un zumo de sabiduría de grandes autores.

Al mismo tiempo, las nuevas realidades que surgen de tener una enfermedad crónica con treinta y tantos años, pienso que ayudan a ver con más perspectiva y serenidad la vida, y a saber qué es lo realmente importante. Espero haber destilado también algo de este aprendizaje en el ensayo.

5. ¿Qué piensan sus primeros lectores?

Su primera lectora, una directora de recursos humanos con amplia experiencia en la formación, y buena amiga mía, me comentó que Estar mejor que bien es «de lectura muy ligera y aporta herramientas reales para conseguir estar “mejor que bien”».

6. Entonces, ¿estás mejor que bien?

Te invito a conocer el mundo de Estar Mejor Que Bien. El título pretende decir esto con una expresión alegre y desenfadada: no se trata solo de estar bien, sino de estar incluso mejor. Y no a toda costa, sino con prácticas fáciles de hacer y aplicables en el día a día.
Ahora puedes conseguir tanto en formato papel como digital el libro Estar Mejor Que Bien (EMQB).

La importancia del ejercicio al aire libre

Cuando buscas llegar a lo más alto, pero nunca te parece alcanzarlo
He observado que existen dos formas para lograr descansar de verdad: aprender a relajarse, y ejercitarse por el día. A algunos/as solo nos funciona la segunda. Y esta es a base de cosas como subir montañas.

El sano ejercicio de subir montañas

Si la gente subiera montañas, se sentiría mucho menos agotada que pasando 8 horas al día en la oficina. Dormirían mejor y se levantarían más descansados. No les daría tiempo a preocuparse. Su carácter se suavizaría. Se despertaría en ellos el altruismo. Agradecerían más cualquier pedazo de pan que pudieran llevarse a la boca.

Me han contado que los orangutanes se pasan el día buscando comida, desde que se despiertan. Buscar comida es más parecido a subir montañas que a trabajar; es más honroso. Creo que por eso mi perra sale a buscar comida cuando la saco: es su trabajo.

Si el secreto es subir montañas, si es en las montañas donde muchos individuos han alcanzado la iluminación, ¿de qué forma nos podemos dedicar a ello? No vale apuntarse al gimnasio, hace falta que sea al aire libre. Pasear por el campo con tu perro se empieza a parecer, pero tiene que ser más tiempo, tiene que haber esfuerzo, necesidad de beber agua, incluso de comer.

Quizá esto no sirva para todo el mundo, pero sí para personas con un sistema nervioso altamente alterable. Es la forma de cansarse y dejar paso a algo más.