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Pero, ¿qué estás buscando?

Seguimos con ese buscador que no es tal, y que no es encontrador, y que en definirse a sí mismo/a se pasa media vida… o toda ella. Este buscador “ficticio” tiene otra característica que quizá no hemos mencionado más que de pasada: busca objetos que no existen. No es que busque objetos difíciles de encontrar, es que lo que busca es una creación que está en su mente, y que no concuerda con la realidad porque suele reunir características de objetos reales que son opuestos. Es como si se definiera un objeto inexistente con la absurda esperanza de que, tan sólo por haberlo definido, se convirtiera en real, se materializara.

Esto de buscar una definición que no existe puede parecerse a buscar un animal inventado, o extinguido. Por mucho que busquemos dinosaurios sobre la tierra, sólo encontraremos sus pequeños parientes, los reptiles (y quizá las aves). Pero como el buscador ficticio no quiere encontrar nada, dirá que esto no es un dinosaurio y que vaya cosa más cutre se le ha aparecido en forma de lagartija.

Es el bucle infinito de buscar una definición que está en la propia cabeza, no encontrarla, olvidar lo que se estaba buscando, y volver a definirlo partiendo de cero, pero definir lo mismo otra vez.

Ésta es la razón por la que el buscador que no es puro, o buscador ficticio, sigue dando tumbos por la vida y siente que sufre, siente que ve espejismos, corre hacia ellos, y se desintegran en sus narices: el buscador ficticio OLVIDA lo que estaba buscando. Y lo olvida porque este es el mecanismo que permite que siga en su actividad febril y estéril, es lo que provoca que sea un/a experto/a en amargarse la vida.

Nada que ver con un verdadero buscador, de pura raza, que sabe que lo es desde que nace hasta que muere, y que se siente como pez en el agua en esta actividad. El buscador puro tiene en común con el encontrador que no define nada, tan sólo se deja llevar. Un buscador que no se deja llevar no está buscando, está tratando de encontrar en los objetos del mundo real aquellos idealizados que están en su mente. Son objetos platónicos. Un buscador puro, sin embargo, no suele tener ideas prefijadas en la cabeza, tan sólo actúa, motivado por el descubrimiento de la novedad, de lo diferente, del juego.

Entonces, los buscadores ficticios solemos utilizar dos mecanismos devastadores que nos mantienen en un juego sin fin: buscar objetos con características opuestas, y olvidar aquello que buscábamos.

Cuando buscamos objetos de características opuestas, buscamos trabajos desafiantes, motivadores, con poco horario, muy bien pagados, estables y vitalicios. O buscamos parejas que sean amantes, maridos (o mujeres), comprensivos pero aguerridos, fuertes y viriles pero sensibles, y un largo etcétera. A veces, algunos puestos de trabajo combinan ser motivadores con ser estables, y a veces, algunas parejas son atractivas pero leales…

Lo que le pasa al buscador ficticio es que persigue lo que perseguiría cualquier buscador puro (esto es, la novedad, la diferencia, el desafío, el juego, la motivación) y lo que perseguiría cualquier encontrador (esto es, la estabilidad, la rutina, la seguridad, el apego, el apoyo). El buscador ficticio se queda en medio y no encuentra por dónde tirar, al polarizar en exceso el mundo, y querer ver los polos opuestos recogidos en el mismo ser, en el mismo objeto.

Además, decíamos que el buscador ficticio olvida. Define aquello que quiere, lista de forma pormenorizada las características de su trabajo ideal o de su pareja ideal, y se pone a buscar. Pronto comprueba que lo que hay fuera no se adapta a lo que él/ella ha definido. En lugar de corregir su modelo platónico, de redefinir, de renunciar a algunos rasgos por otros preferidos, decide que el modelo no funciona y lo borra de su mente… o eso cree. Al cabo del tiempo, tras diversos choques con la realidad, el buscador ficticio construye con esfuerzo nuevos modelos platónicos que, curiosamente, se corresponden bastante con los que tuvo antes. Pero no se acuerda.

Si como yo eres buscador/a ficticio/a, te recomiendo una de dos: dejar el modelo en la basura definitivamente, o retocarlo eligiendo por primera vez en tu vida aquello a lo que no tienes más remedio que renunciar para obtener aquello otro que deseas por encima de todo.

Cuéntame cómo te va.

¿Qué es lo que nos rodea?

Hace tiempo que encuentro extraño que ciertos productos como los detergentes no indiquen cuál es su composición, cuando en ellos veo señales como una X grande con fondo naranja, que puede significar «nocivo» o «irritante». Incluso me llamaba la atención el icono de los insecticidas, que tiene un pez y un árbol muertos.

Hace unos meses, una doctora me habló de una dieta antioxidante. No se trataba de adelgazar (o engordar), sino de alimentarse con nutrientes que sirvieran al cuerpo para hacer su trabajo. Me recomendó una serie de alimentos y me desaconsejó otros.

Después, di en las librerías con un libro llamado Anticáncer, de un autor tan prestigioso como David Servan-Schreiber (Curación Emocional), y que demuestra que la alimentación y las sustancias químicas a las que se está expuesto influyen directamente en desarrollar esta enfermedad.

No acababa de convencerme de comprar este libro cuando encontré «el» libro que recogía todo lo que llevo escuchando desde hace meses. Este libro se llama Antitóxico y está escrito por Carlos de Prada, un periodista especializado en la investigación de la contaminación química, tóxica, que se da en las sociedades más industrializadas.

Considerar todo lo que tiene sustancias tóxicas puede llevar a más de uno a desistir de huir de ellas. Tan solo un elemento, como el policarbonato, que libera una sustancia tóxica que es «disruptor endocrino», llamada bisfenol A, se encuentra en todo tipo de aparatos que usamos a diario: PC, DVD, TV, gafas de sol, botellas de agua, contenedores de leches para bebés… La alarma ha saltado cuando se ha podido comprobar que el bisfenol A ha producido literalmente el cambio de sexo de muchas especies animales. Actúa como un estrógeno, es decir, feminiza a los machos de las especies. Para saber más: http://www.endocrinedisruption.com/home.php

Aquella doctora que me pilló perpleja me explicó que la mayoría del pescado en España está contaminado de metales pesados como el mercurio. En la obra de Carlos de Prada puede encontrarse una referencia a este tema, así como de qué forma averiguar qué pescados son los más contaminados, y por tanto cuáles deben ser evitados especialmente por las embarazadas.

La doctora también me habló de volver a las costumbres de las abuelas. Las abuelas no envolvían en plástico la comida. Las abuelas no lavaban con detergentes irritantes, ni utilizaban unos suavizantes neurotóxicos. Es cierto que la mención a las abuelas puede parecer idílica, puede resultar que evocamos un tiempo que nunca ocurrió, pues también las abuelas lavaron a mano, y se dejaron la piel literalmente en el intento. Sin embargo, me llama la atención que Carlos de Prada también haga mención a los remedios de las abuelas, como fregar con vinagre o limpiar con bicarbonato, utilizar el limón, la miel, utilizar esencias naturales…

Se trata más bien de ser más conscientes de los productos que nos rodean. A veces no se trata tanto de que un solo producto contenga un elemento que puede ser potencialmente dañino para la salud. A veces se trata de que muchos de los productos que nos rodean, cosméticos, insecticidas, detergentes, limpiadores… contienen sustancias que poco a poco van influyendo en nuestro delicado equilibrio metabólico y hormonal.

Realmente llama la atención tanto la desinformación que hay sobre el tema como el poco interés de saber qué es aquello no especificado en una etiqueta, o especificado en inglés, o descrito con palabras incomprensibles para quien no haya estudiado en la rama de Químicas.

Pienso que sí se puede hacer mucho, al menos a nivel individual, y que esto que se haga puede contribuir a una menor cantidad de tóxicos químicos a nivel global.

Soy capaz de imaginar algunas mentes escépticas pensando que esto es como retornar a la Edad Media y que parece tratarse de vivir como los Amish. Realmente yo misma soy una persona muy escéptica, y no me ha costado ningún trabajo sustituir determinados detergentes por el vinagre y el bicarbonato, por ejemplo, o asegurarme de tomar antioxidantes como las nueces y las frutas. Para el resto, tenemos herbolarios que nos pueden proporcionar cosméticos y productos de limpieza y alimentación que son más saludables. No olvidemos que la agricultura biológica va ganando terreno porque parece responder más al sentido común.

En este tema no soy más que una opinión. Puedes saber más en el propio blog de Carlos de Prada: http://carlosdeprada.wordpress.com/.

Suerte en esta nueva aventura: no tiene fin.

Buscando amargarte la vida

barco
Esta entrada va dedicada a Marisa, Javier y Maite. A Marisa, porque descubrió que era una buscadora y se sintió identificada con el anterior post sobre el tema. A Javier, porque me habló de El arte de amargarse la vida y esto me ha ayudado a avanzar sobre el tema buscar-encontrar. A Maite, porque reivindicó lo bonito de ser cometas en lugar de estrellas. Gracias a los tres.

Pero que esté dedicada a ellos no significa que no te valga a ti. Al contrario, si te ha atraído el tema, estás en el sitio correcto, a ver si podemos dar algunas respuestas.

Cuidado con la llegada

Esto es lo que nos dice Watzlawick en el libro que he mencionado antes. Algunos estamos en viaje permanente, y ponemos mucho cuidado en no llegar nunca. No llegar nunca es nuestro arte para amargarnos la vida. Y es que, cuando no hemos alcanzado esa meta lejana, admirable, y propia de los héroes de novela, se nos presenta como algo mucho más romántico, atractivo y seductor. Cuando ya se ha alcanzado, deja de ser apetecible, y pasa a ser cotidiana. Lo cotidiano, rutinario y conocido es, esencialmente, mucho más aburrido. Por tanto, llegar es destruir el sueño.

Si me tocara la lotería…

Es un juego al que jugamos con los demás y con nosotros mismos. Conozco a muchas personas que trabajan en oficinas a quienes les encanta fantasear con lo que pasaría si les tocara la lotería. Todo es idílico. Lo primero que harían, claro, es dejar de trabajar. Y después se suelen mencionar destinos paradisíacos, playas, hamacas, cambios de casa, cambios de todo tipo… Es curioso que haya datos que nos muestran cómo personas a las que les tocó la lotería han caído en un estado de pobreza peor una vez gastado el dinero. Desde luego, eso no es lo que soñaron que harían con esa tremenda suerte en su mano.

Cuando te cansas de no llegar nunca

Volviendo al juego de «nunca llegar», a mí lo que me ha pasado es que me he cansado de no llegar nunca. Como juego está gracioso, cuando ya se comprueba que es una forma de amargarse la vida, deja de tener tanta gracia. De nuevo, no afirmo que todos los que son buscadores estén complicándose su existencia. Quizá los buscadores puros han encontrado su forma de ser felices. Esto distingue entonces a los buscadores puros de todos los demás, que no acertamos a vislumbrar el puerto donde queremos amarrar el barco, quizá porque no existe, quizá porque se trata de una forma de vivir tan contraria a la que hemos llevado hasta ahora, que ni siquiera sabemos en qué consiste. Utopía significa «en ninguna parte».

Destruir el destino para empezar de cero

Otra forma de buscador no puro es aquel que se pasa años construyendo una vida para luego destruirla a los pocos meses, con el fin de construir otra con un gran esfuerzo, sin utilizar ninguna de las piezas de la anterior, y con el mismo destino futuro. Yo lo visualizo como construir un castillo, pieza a pieza, y cuando se está a punto de poner la bandera en lo alto, o la última almena, o el detalle del puente levadizo, entonces se decide que este castillo hay que pisotearlo y destruirlo ya porque ni remotamente responde al plano que nos habíamos creado en la mente. Entonces se le arrancan piezas y se le destruye muy rápido, no sea que permanezca ahí. Por si fuera poco, salimos corriendo y lo dejamos atrás, no sea que descubramos que hay algunas piezas (o muchas, o todas) que se podrían reutilizar para lo siguiente, para lo que venga, para seguir viviendo.

El buscador puro no habría construido ningún castillo, sino que lo habría alquilado para pasar el fin de semana.

¿Mejor no comprobar cuál es la realidad?

Por supuesto, hay otras formas igualmente interesantes de amargarse la vida, y casi todas ellas coinciden en no comprobar cuál es la realidad en cada momento, sino aferrarse a unas ideas únicas, inamovibles, y muy personales que hacen del mundo propio una auténtica pesadilla. Hace tiempo reflexioné que cada uno se construye su propio infierno, y luego vive en él quejándose de lo horrible que es. Un infierno de creencias como «no soy capaz», «el mundo es hostil», «el pasado fue mejor», «el pasado ha hecho que nunca más pueda ser feliz», etc. Algunos son tan convincentes en su descripción de estas pesadillas que arrastran a otros a la misma visión del mundo, o por lo menos les hacen ver lo que están sufriendo ellos y les someten a ser eternos cuidadores de la pobre víctima.

Una flor pisoteada: ¿eligió estar ahí?

Muchas flores blancas y amarillas en medio de un campo verde

Me pregunto en qué estaría pensando alguna de las flores que he pisado hoy, sin querer, descuidadamente, cuando paseaba. Sí, claro, las flores no piensan… De todos los seres vivos que hoy he sentenciado a muerte por el simple hecho de pasear por el campo, ¿cuántos de ellos han atraído semejante fin a sus vidas?

Está muy de moda decir que cada uno es responsable de lo que le sucede, de todo lo que le sucede. Además, está de moda la Ley de la Atracción, por la cual atraemos a nuestras vidas de forma casi mágica aquello en lo que no dejamos de pensar, sea positivo o negativo. Siempre que he oído esto, me he preguntado si uno atrae a su vida las enfermedades con las que nace, o los genes que le predisponen a tener cáncer.

Por eso me pregunto perpleja qué pensaban esas flores, esas hormigas y demás bichos y plantas, cuando he depositado mi pie sobre ellos sin ninguna delicadeza.

¡Es tan absurdo pensar que lo han atraído hacia sí! Tan absurdo como pensar que las plantas y bichos de alrededor pensaban solo cosas positivas y solo atraían insectos amigos.

No podemos predecir «cisnes negros»

No cabe en nuestra mente predecir sucesos inesperados, de proporciones inmensas, y que cambian por completo nuestra existencia. Como un tsunami. Pero lo cierto es que estos sucesos marcan claramente nuestra historia, como defiende Nassim Taleb.

Nuestro cerebro está diseñado para tener esperanza por un futuro mejor (saldremos de la crisis, el año que viene habrá menos desempleo, ya se ven los brotes verdes de la economía), y está diseñado para olvidar rápidamente aquellos sucesos que no encajan en una progresión «normal» y ascendente de los acontecimientos.

A expertos y no expertos, nos encanta la campana de Gauss, nos parece que todo se distribuye de forma «normal», la virtud está en el punto medio y los extremos son raros de ver. Esto es verdad para variables como la altura o el peso de una persona. Esto no es tan cierto para variables como el dinero, la salud, o el pisotón que se lleva una flor en el campo.

Ilustración de la Campana de Gauss
Campana de Gauss

¿Debemos preocuparnos y tener miedo de acontecimientos totalmente inimaginables ahora?

Pienso que no se trata de eso, pero sí podríamos dejar de vivir en la falacia de que dominamos por completo nuestra vida, una vida «normal» en la que suceden cosas «normales», o dentro de lo imaginable. Por eso muchos siguen jugando a la lotería aunque no les toque nada, porque saben que hay sucesos que ocurren en contra de toda probabilidad.

Por cierto, ¿cómo podría una flor evitar ser aplastada por una bota de montaña? No puede. Es decir, incluso sabiendo lo que podría ocurrirle, conociendo por sus antepasadas flores que esto a veces sucede, la flor no se podría desplazar a zonas menos transitadas por el ser humano.

Cuando me hablan de que uno es responsable de lo que sucede en su vida, también vienen a mi mente las personas nacidas en países subdesarrollados, que contraen enfermedades que aquí se curan con una pastilla, que pasan hambre, que malviven, que no tienen agua potable… ¿Lo han elegido ellos? ¿Son responsables? ¿Podrían desplazarse a otro sitio? No, no pueden. Ya se está viendo. No se les permite si quiera eso. El gran pie les aplasta allí, y punto. Al margen de la propia responsabilidad personal está «el destino», aquello que es más grande que nosotros y que nos puso en el lugar en el que estamos.

Esta forma de pensar esperanzada y un tanto ingenua también se da en las empresas, con la proactividad, la fijación de objetivos, la responsabilidad frente al victimismo… He visto empresas entre cuyos valores está prever con anticipación el futuro y tomar medidas. Es como si premiaran prever la pisada de una bota de montaña. O bien, premiaran entrever que ocurrirá un 11-S que tirará abajo las torres gemelas, o que un tsunami desolará todo un país, o que habrá una horrible guerra entre hermanos donde antes reinaba la paz. ¿Cómo esperan que lo hagamos? ¿Alguien trae bola de cristal consigo?

Buscador: ¿quieres encontrar?

Siempre he tenido la teoría de que las personas son infelices a causa de sus expectativas. Esperar que las cosas sucedan de una determinada forma supone una presión sobre la persona, que critica todo aquello que se aleja de lo esperado, y que se frustra si no logra lo que deseaba lograr.

Cuando exponía estos argumentos a otras personas, me decían:

“Pero el ser humano ha avanzado y hecho descubrimientos gracias a sus expectativas”.

Y esto es muy cierto. Pensaba yo entonces: ¿qué expectativas es bueno tener y cuáles son perjudiciales? ¿Cómo las diferencio?

Personas que buscan y personas que encuentran

Ahora he dado un paso más en estas reflexiones, porque veo que hay personas que buscan y personas que encuentran. Un experto habló de personas maximizadoras y personas satisfactoras. Los que buscan, los que maximizan, nunca dirán: “aquí me planto”, sino que llegarán a un sitio y pensarán: “este lugar es ideal para, desde aquí, buscar aquello que verdaderamente me haría feliz”. Los que encuentran, los satisfactores, llegan a un sitio y se dicen: “aquí me quedo. Hay cosas que mejorar, pero poco a poco iré logrando que esto sea un paraíso. Aquí seré feliz”. El maximizador tiene una relación directa con el guion de vida «casi». Algunos maximizadores llevan un guion de vida «siempre».

Eterno buscador

El secreto está en saber si se es un buscador, o si se es alguien que encuentra. Cuando un buscador cree ser alguien que encuentra, es permanentemente infeliz. Ve a su alrededor personas que se plantan, se quedan, echan raíces, y se siente nómada, errante, y siente que nunca logrará esa felicidad de aquellos que, desde su punto de vista, se conforman. El buscador, sin embargo, puede tener una descripción clara y concreta del lugar al que se dirige y aun así, una vez allí, estaría mirando hacia otros horizontes.

“Quiero ir a Ítaca”, se dice el buscador.

Y una vez en Ítaca, encuentra que, siendo aquello exactamente lo que sus expectativas habían marcado, no le gusta, y se va. El buscador es errante por naturaleza, y por naturaleza siempre pensará que puede haber algo mejor o, como mínimo, diferente.

El que encuentra

El que encuentra es una persona que raras veces cree de sí mismo/a ser alguien que busca. Rápidamente detecta qué es lo bueno, y allí permanece, cerca del calor y del sustento. Sí, puede haber cosas mejores, pero en todos los sitios cuecen habas y más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

La expectativa de lograr un diez, el máximo, lo perfecto, es la que produce infelicidad, porque resulta que esto no existe. Para el que encuentra, un seis o siete es suficiente, ya se encargará él o ella de adornar aquello hasta que a sus ojos sea de diez. El que encuentra alcanza un estado de felicidad, o mejor, de placidez, al establecerse allí donde llega. Para el que busca, sería bueno darse cuenta de que no existe lo que busca. El buscador que no sabe que lo es quiere dotar a lo temporal de tintes de eternidad, a lo humano, de rasgos divinos, a lo imperfecto, de perfección.

No existe Ítaca. No vas a llegar nunca. Por eso te cansas tanto. Te agotas porque cada vez que llegas a un puerto te dices: “¡es esto, es esto!”, y al cabo del tiempo te das cuenta de que “esto” no es perfecto, no es de diez, hay algo susceptible de ser mejorado. Si el buscador deja de comparar, y ésta es la palabra clave, comparar aquello que alcanza con lo que podría ser, entonces se liberará de una tremenda carga, una losa que le ahoga, la losa de las expectativas.

Para bajar a la tierra de los ejemplos, podemos decir que el buscador nunca encontrará su trabajo ideal, ni tampoco su pareja ideal, por ejemplo. Cuánto daño ha hecho el concepto de lo “ideal” platónico. Con lo fácil que es decir: “esto es lo que hay”, y llegando a la sabiduría de algunos místicos: “esto es perfecto tal como es”. Para un buscador o maximizador, que nada es perfecto tal y como es, convendría pensar en que no existe lo que busca. A ver, párate a pensarlo: si no existe lo que buscas, esto que tienes delante lo vas a ver con otros ojos. Si la hierba no es más verde al otro lado de la cerca, o si es más verde pero tiene más cardos, o si no hay hierba al otro lado, ¿qué te parece entonces la hierba que está a tu lado de la cerca?

¿Y si no se puede mejorar lo que ya tienes?

Decía que iba a poner ejemplos: tienes un trabajo, con un sueldo, un horario, y unas tareas. Como buscador, sabes que el sueldo es mejorable, el horario podría ser mejor, y las tareas podrían ser más creativas y podrías utilizar todo tu potencial en otro sitio. Como buscador, sabes también que has hecho el cambio en muchas ocasiones, cambio que te ha resultado divertido pero del que estás ya cansado/a, y que siempre ha habido otra cosa que no funcionaba: por ejemplo, los compañeros, o el jefe, etc.

¿Y si ahora te propones que no existe la posibilidad de mejorar lo que ya tienes? Entonces lo que tienes deja de ser comparado con lo ideal, empieza a apreciarse por sus cualidades en sí, sin poner de continuo estas cualidades en una balanza. Quizá entonces empieces a ver el vaso medio lleno, porque no estarás poniendo atención en lo que falta en esa realidad para coincidir con tu ideal. Al contrario, pondrás atención en lo que hay para ver cómo puedes sacar provecho de ello, aprendiendo, ganando dinero, o cultivando las relaciones personales. Y paradójicamente, puede que entonces permanezcas más tiempo en cada puerto, porque ya no te pique el acicate de tener que escapar en busca de “lo mejor”.

El cuento de la mayor espiga

Hay un cuento que cita Orison Swett Marden, y que creo que habla de esto mismo. Quizá ya la he contado. A otros lectores, o a ti mismo/a en otro momento: a otro lector. Espero que ahora te sirva, sobre todo si eres un buscador, como yo:

Cuenta una leyenda oriental que un poderoso genio prometió un regalo de gran
valor a una hermosa doncella, si atravesaba un trigal y, sin detenerse, ni
retroceder, ni cambiar de rumbo, lograba arrancar la mayor espiga. La recompensa
iría en proporción al tamaño de la espiga. Atravesó la muchacha el trigal,
viendo a su paso muchas espigas que podría segar, pero siguió adelante buscando
aquella que fuese muy superior a todas las demás, que claramente destacase, que
fuese la mejor, la mayor. Y así, llegó al otro lado del trigal sin haber
arrancado ninguna.

Con este planteamiento, es posible que todo buscador acabara convirtiéndose en «encontrador». Una vez recorridas tierras y recorridos mares, y los cielos incluso. Pero un buscador puede incluso encontrar que lo que buscaba era buscar, es decir, ser nómada, no establecerse. Ésta es la felicidad de los buscadores que saben que lo son, saber que su naturaleza es vagar, errar.

¡Nuevo Manual de Coaching!

Sé que te puede parecer que hace muy poco leíste una entrada como ésta en la que compartía contigo una gran noticia: la publicación de mi primer manual, el Manual de Comunicación Eficaz. Pero no, no es el mismo texto.

Ahora me complace compartir contigo la publicación del Manual de Coaching que he escrito para la Editorial CEP, dedicada a la formación continua y de oposiciones. Escribir los dos manuales a la par durante unos meses fue un gran esfuerzo, pero pienso que el resultado es interesante: si siempre quisiste saber qué es el coaching, encontrarás en este manual todas las respuestas. Además, si impartes formación o trabajas en Recursos Humanos, diría que conocer y aplicar las técnicas y competencias del coach profesional te puede ayudar mucho.

Si quieres saber más, puedes verlo aquí.

Tu vida a vista de pájaro

Algunas personas me dicen que su vida no es muy emocionante. Sienten que les falta riqueza, que se han dejado llevar por la inercia y esto les ha arrastrado a la desmotivación. Se preguntan: «¿Adónde iba yo?», y mientras tanto, esperan que un fenómeno desde fuera entre en sus vidas y lo cambie todo para bien.

Cuando montas en un avión de noche, desde que despega empiezas a contemplar la ciudad que dejas atrás como un todo. Lo que era una pista de despegue pronto queda como una línea de luces que se relaciona con otra, y con otra, y forman una especie de neurona de luz. Piensas en las personas ahí abajo, y te parecen hormiguitas. Y piensas que los problemas de esas hormiguitas parecen mucho más pequeños desde aquí arriba.

Es posible subirse a un helicóptero, a un globo, o a un pájaro, y contemplar la propia vida como contemplas tu ciudad neuronal desde el avión. Es posible hacerlo en el espacio y en el tiempo. En el espacio, alejándote de las circunstancias más próximas y viendo tu presente como un todo de interrelaciones. En el tiempo, viendo que lo que estás haciendo justo ahora encaja como una pieza en un puzle en el que ya está dibujado tu pasado y hay un futuro más adelante.

A veces es complicado visualizar este futuro. Puede ser porque es lejano, como cuando estudias una carrera universitaria y piensas en los años que te quedan, y puede ser porque no está asegurado, como cuando deseas «llegar a ser»: llegar a ser actor o actriz, escritor/a, cantante, pintor/a…

Esto también me ha pasado a mí, no te lo estoy contando desde una tribuna del que ha escuchado cientos de casos con cierta condescendencia y compasión. Al contrario, yo he necesitado más de una vez subirme a un pájaro y contemplar mi vida desde arriba para comprender la importancia de la piececita del puzle en la que me encontraba.

En especial, esto ha sido así en la escritura de mi primer libro publicado (el cuarto que escribo). Al proyectar todo un manual, con sus módulos, temas y epígrafes, aquello parecía un mundo. Y gracias, precisamente, a esta estructura inicial de módulos, temas y epígrafes, cada día daba un pasito, cada semana completaba un tema, y al final conseguí terminar el manual en cuatro meses.

Cuando contemplé mi vida a vista de pájaro pude ver a una persona que ha apostado por su pasión. Que ha pasado de dejarse llevar por la inercia de un trabajo administrativo a dejarse llevar por la creatividad y la producción. Me vi desde fuera, como alguien independiente, capaz, que ha construido una vida desde cero, que sabe buscar sus recursos, es valiente, está luchando, toma decisiones importantes sin miedo.

Pensaba de mí que soy una persona impaciente, y desde arriba pude ver mi capacidad para esperar, para retardar la recompensa, para plantar semillas laboriosamente, en todos los campos, y regarlas esperando que algún día crezcan. Pensaba que el tiempo no pasaba, y vi que ya había hecho muchas pequeñas y grandes cosas que configuran mi tiempo presente y futuro de una forma bella, única. Pensaba que lo que necesitaba estaba lejos o era inalcanzable, y vi que el universo parecía colocado para concederme lo que necesitaba en cada momento; lo tenía todo a mano, todo lo que pensaba que me faltaba, lo tenía tan cerca…

Como esa fila de lucecitas que se ve desde el avión, vi mi camino. Desde abajo sólo ves cada paso, pero desde arriba se percibe la senda.

Todas estas «cosas maravillosas e increíbles» están a tu alcance. No es que yo pueda ver esto porque soy especial, porque he logrado tal o cual cosa o he pasado por tal o cual experiencia. Está en la mano de cada uno/a cerrar los ojos, sentir que se eleva por encima de su propia vida, y ver el panorama general que ofrece. Está en tu mano entender qué significa estar donde estás, saber qué te ha llevado hasta allí, y vislumbrar cómo puede ser el futuro más inmediato.

Se publica el Manual de Comunicación Eficaz

Quisiera compartir contigo esta gran noticia: ya se ha publicado el Manual de Comunicación Eficaz que he escrito para la Editorial de formación CEP. Ha sido un esfuerzo sostenido a lo largo de cuatro meses, y pienso que el resultado va a ser satisfactorio para todos los formadores que decidan incorporarlo a sus programas de formación continua.

El programa del Manual es el siguiente:

TEMA 1.                El proceso de la comunicación

TEMA 2.                Barreras y obstáculos en la comunicación

TEMA 3.                El lenguaje no verbal y paraverbal

TEMA 4.                Los efectos de la  percepción en la comunicación

TEMA 5.                Percepción de los demás y comunicación

TEMA 6.                La influencia de los estados psicológicos en la comunicación

TEMA 7.                Modelo de análisis transaccional

TEMA 8.                Modelo de Programación Neuro-Lingüística (PNL)

TEMA 9.                Estilos sociales

TEMA 10.                Derechos y deberes en la conducta asertiva

TEMA 11.                Técnicas asertivas

TEMA 12.                La asertividad en la práctica: modelo de comunicación sana y no violenta

TEMA 13.                Tipos de comunicación y su impacto (la Ventana de Johari)

TEMA 14.                En qué consiste la empatía

TEMA 15.                Empatía: la base para influir en los demás

TEMA 16.                La escucha activa

TEMA 17.                El coaching: la profesión de la escucha activa

Para adquirir el manual o tener más información, haz clic aquí.

Nos inventamos la realidad

Nassim Taleb y el concepto de Cisne Negro

Cómo no ser el cordero el día de Navidad

Cada vez estoy más convencida de que cada uno vive en el mundo que se ha creado para sí mismo/a. Que el mundo que te rodea, por decirlo de otra forma, está en tu cerebro, en tu mente. En ningún caso está fuera de ti.

Nos inventamos la realidad

¿Cómo es posible que no exista el mundo que me rodea? Solo mira cómo tu mente procesa la información que recibe: cuando le faltan datos, el cerebro generaliza para crear una información más simple, elimina lo que considera superfluo y distorsiona aquello que percibe, filtrándolo a través de las creencias y las expectativas.

Como dicen en Programación Neuro Lingüística, tenemos una tendencia innata a confundir el mapa con el territorio, nuestro mapa mental con la realidad que está fuera. Tendemos a creer que sabemos más del «mundo exterior» de lo que sabemos, y esto puede llevarnos a correr riesgos sin ni siquiera ser conscientes de ello.

De hecho, no solo es que nuestra mente esté preparada para procesar la información de una determinada manera, es que, cualquiera que busque la confirmación de sus creencias, la encontrará, porque seleccionará de la realidad aquellos elementos que concuerdan con sus ideas. Así, personas de diferente orientación religiosa o política, ante los mismos hechos, observan realidades completamente opuestas.

Las creencias facilitan la vida pero te ciegan

Sabiendo que elegimos las creencias de formas a veces poco rigurosas, solemos tratarlas como propiedad personal que debe ser protegida y defendida, incluso con la vida. Podemos haber adquirido una creencia en el colegio, a la edad de siete años, y no volvemos a modificarla jamás. Cuando sentimos que esa creencia es atacada, reaccionamos como si estuviera amenazada nuestra existencia, cuando la única amenaza que se da es la de nuestro ego.

Otra de las tendencias de nuestra mente es a buscar explicación a cualquier acontecimiento. En especial, esto nos juega malas pasadas cuando hemos actuado por impulso, y luego sentimos que tenemos que justificar nuestras acciones. Es un derecho asertivo no tener que dar excusas. Sin embargo, la mayoría de la gente busca una razón «que suene bien» incluso para sí mismo/a. Esto explica por qué en un experimento en el que mujeres elegían de entre una muestra de panties, dieran todo tipo de razonamientos de su elección cuando, en realidad, todos los panties eran exactamente iguales.

Así, los seres humanos parecemos amar el autoengaño, porque no solo se trata de responder ante los demás, se trata de creer que hemos actuado con lógica y raciocinio en todo momento. El problema, por tanto, no está en la realidad que observamos, sino en que tenemos una especie de ceguera genética que nos protege, haciéndonos creer que el mundo es mejor de lo que es, que tenemos más probabilidades de que nos toque la Lotería de las que existen estadísticamente, que «todo irá bien», o que «ya saldrá» lo que sea (el trabajo, el amor, el dinero).

No seas el cordero de Navidad

Nassim Nicholas Taleb trata de estos temas en su libro El cisne negro, en el que, entre otras muchas cosas, nos explica cómo no ser el pavo del día de Acción de Gracias, o como yo he puesto en el título, cómo no ser el cordero el día de Navidad.

En efecto, el cordero es alimentado día tras día durante digamos un mes. Para el cordero, la realidad es más que esperable: todos los días, a una hora concreta, le dan de comer, y bastante bien. Sus expectativas de futuro son halagüeñas, comerá cada día a la misma hora, felizmente. Todos, menos el día de Navidad, en que ocurre algo muy distinto. Curiosamente, la confianza del cordero en que va a ser alimentado aumenta cada día, aun cuando la matanza es cada día más cercana. Para evitar ser como el cordero, debemos conocer que la realidad no es tan predecible como creemos, que suceden acontecimientos altamente improbables pero que trastocan por completo nuestras vidas (y es a lo que Taleb llama «cisne negro»).

Más información

Página web de Taleb

Entrevista al autor

La dejadez del «estoy muy ocupad@»

Robert Kiyosaki, el famoso autor de Padre rico, padre pobre, habla en un punto sobre la forma más común de pereza, yo diría de dejadez: estar ocupado.

Con frecuencia, las personas ocupadas son con frecuencia las más perezosas. Todos conocemos casos en los que un hombre trabaja muchas horas para ganar dinero, para poder así mantener a su mujer y a sus hijos. Este hombre actúa así basado en una serie de creencias: «es necesario trabajar duro para ganarse el pan», » solo los que trabajan así llegan lejos», «si no hago esto, entonces estaré con mi familia bajo un puente». Pero ese hombre que se queda todos los días horas extra y que se trae trabajo a casa los fines de semana, resulta que un día regresa a un hogar vacío. Su mujer se ha marchado con sus hijos. Sí, reconoce en medio del dolor que tenían problemas de «comunicación» (¿Acaso había comunicación? se dice ella).

La pereza o dejadez de este tipo de persona está en ese saber que tenía problemas de relación, y en ese huir metiendo la cabeza dentro del «estoy muy ocupado». Lo cierto es que las personas se mantienen ocupadas para evitar hacer frente a algo que no quieren ver. No es algo que les tengan que decir; lo saben en lo más profundo. De hecho, si le dices esto a cualquiera de estas personas excesivamente ocupadas (que suelen ser hombres), responderán con ira. Esa verdad duele.

No me vale excusas como: «en la era cavernícola era lo que hacíamos, cazar y traer animales, traer el sustento». ¿Cómo se pueden seguir apoyando algunos en esto? Es pura dejadez, es no tomar las riendas de tu vida, es no dar valor a lo que es importante en ella, hasta que lo pierdes, hasta que se te va de las manos, es confundir lo urgente con lo importante.

Abrir los ojos y estar alerta es algo que pocas personas hacen, porque en ocasiones duele. Crear excusas, razones, o aferrarse a creencias tales como: «El mundo es hostil», «Todo el mundo lo hace», «La vida es así de dura», es no querer percibir la realidad tal cual es (si es que es posible. Pero al menos, podríamos acercarnos un poco a ella).

El tipo de dejadez de estar muy ocupado es el más común hoy en día. Pero esto no es tan moderno. Es el tipo de dejadez de dedicarse a ahorrar tiempo para disfrutarlo ¿cuándo? que describió Michael Ende en Momo. Es la dejadez de quedarse en la mediocridad, agarrándose a lo estable, lo cómodo, lo que parece seguro, hasta que un día “te roban el queso”. Y es que pocos hay que estén atentos a su queso, a si éste se va consumiendo y ya es hora de cambiar de ubicación. Pocos dejan los ojos abiertos, porque es mucho más cómodo cerrarlos y dejarse mecer por la cotidianeidad.

Kiyosaki opina que si abres los ojos, descubres que estabas sintiendo culpabilidad por tu avaricia. Es decir, te has dejado adormecer porque no soportas saber que te gustaría llegar más lejos, pero lejos de verdad, donde tu vida sea la que tú deseabas, no la que “te ha tocado” (otra falacia). Es posible que esto sea así.

En cualquier caso, ya que lo sabes, ¿qué te impide despertar, Neo?

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