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Nuevos libros en el mercado

Durante buena parte del año pasado y parte de este, me he estado encargando de la escritura de los manuales para el Certificado Profesional Gestión de residuos urbanos e industriales (SEAG0108). Cuando la editorial Paraninfo me encargó escribirlos, me pareció un reto. Es un sector cada vez más importante por varias razones, no solo por normativa, sino porque se produce una cantidad muy grande de residuos y sigue siendo necesario concienciarse de que se requieren acciones sencillas para que se puedan reutilizar, remanufacturar, reciclar o revalorizar. Conforme fui conociendo los detalles según me preparaba para cada unidad y libro, me di cuenta de varias cosas:

  • Es un sector apasionante, con normativa cambiante y que tiene como objetivo la gestión correcta de los residuos y su reducción.
  • Es interesante saber qué camión recoge la basura de tu barrio y a dónde la lleva, cómo y por qué.
  • También es interesante conocer qué es un punto limpio y qué llevar allí.
  • Los procesos para reutilizar, reciclar y recuperar materiales por medio de la valorización son interesantes.
  • El destino del vertedero es siempre la última opción: hay muchos procesos distintos para recuperar materiales y dejar de rellenar con basura enormes extensiones.
  • La conciencia sobre lo que estamos malgastando y el pensamiento innovador centrado en modelos de negocio que resuelvan esta problemática es importante. Por ejemplo, ya desde el diseño de un proceso productivo, ¿por qué no se rechazan materiales que se reciclan con dificultad o están catalogados como peligrosos? ¿Por qué no se diseña un producto para que sea muy fácil reacondicionarlo?

Estimado lector@, me complace anunciar que tengo cuatro nuevos libros en el mercado que desarrollan las unidades formativas del módulo Gestión de residuos urbanos (MF0076_2), asociado a la Unidad de Competencia Recoger y tratar los residuos urbanos o municipales (UC0076_2).

Puedes encontrar todos mis libros de Paraninfo en este enlace.

Son libros prácticos y accesibles que mantienen un tono formal y sencillo, con numerosas imágenes, tablas e ilustraciones que ayudan a comprender la materia. Incluyen actividades, lectura crítica de noticias del sector y referencias y enlaces a páginas web y vídeos para saber más.

Descubre la respuesta a estas curiosidades

  • ¿Por qué el cristal y el vidrio no se reciclan juntos? (De hecho, el cristal no se recicla).
  • ¿Qué camiones recogen qué residuos? ¿Adónde los llevan?
  • ¿Por qué no van al contenedor amarillo algunos objetos de plástico que no son envases?
  • ¿Cuál es el residuo que no se deteriora por reutilizarlo o remanufacturarlo una y otra vez?
  • ¿Cómo funciona una planta de biogás?
  • ¿Qué hace una planta de incineración? No se me ocurre mejor respuesta que la visita virtual a esta planta: Glen Klaipeda.
  • ¿Cómo se diseña y organiza un vertedero? ¿Cómo se recupera el terreno una vez se clausura?

Estos nuevos libros son parte de mi especialización en los últimos años en dos temáticas muy importantes en la Industria 4.0: la tecnología y la sostenibilidad.

La tecnología está en el corazón de la Industria 4.0, en la que lo más conocido es la inteligencia artificial, pero que también comprende la robótica, el internet de las cosas, la realidad virtual, la realidad aumentada, la impresión 3D… Sobre todos estos temas, incluso comenzando por la necesaria alfabetización digital, vengo trabajando los últimos 2 años.

La sostenibilidad es el objetivo subyacente a la Industria 4.0. No solo se trata de incorporar tecnología, sino que debe hacerse de forma que los procesos productivos se optimicen, se minimice el gasto de energía y materias primas, se reduzca la generación de residuos e incluso se reincorporen al proceso materiales remanufacturados o reutilizados, de manera que se utilicen menos materiales vírgenes. Sobre esto también estoy trabajando y de ello forman parte los 6 libros que conforman el Certificado Profesional Gestión de residuos urbanos e industriales, de los cuales ya puedes disfrutar de los 4 primeros.

Gracias por leer.

Los momentos de la verdad

De un tiempo a esta parte, tengo ideas sobre qué es la vida, siguiendo mi metáfora del Juego de los Sims, y lo que ocurre es que se me escapan, como si fueran sueños que tratase de recordar una vez despierta. Por fin hoy las pongo juntas para ti, amig@ lector.

Viendo la temporada 4 de The Wire, una de las mejores series de todos los tiempos, observo cómo los policías saben que esos chicos de secundaria no tienen otra salida que vender droga en las esquinas, porque es lo que han aprendido en su casa, lo que incluso sus madres les obligan a hacer. Pero que esos chicos no son malas personas en sí, sino que reaccionan a unas vivencias muy duras. Policías y delincuentes se hablan, se saludan, conversan sobre lo que está ocurriendo, pero no son todos, algunos continúan en la beligerancia.

Algunos protagonistas de la temporada 1 de The Wire. Tomado de: https://poptv.orange.es/series-y-peliculas/reparto-the-wire/

Leo un post de Robocop Benemérito sobre la cruda realidad: si estás en la calle en servicios de emergencias, acabas radicalizándote. Las respuestas de personas de distintos sectores (ambulancias, sanitarios, policías, otros guardias civiles) están de acuerdo. Comentan que, incluso yendo en el asiento de atrás una sola noche, cambia la forma de ver lo que se mueve en las calles.

Veo un reportaje en Cuarto Milenio sobre «La mataviejas«, una mujer psicópata que engañaba a mujeres mayores, las mataba y les robaba el poco dinero que tenían. El doctor Cabrera explica que esta mujer puede tener una aversión especial a mujeres mayores por un trauma de su infancia o similar.

Y me pregunto: ¿quién es «el jugador» (el player) que está detrás de cada historia? Cuando una persona pierde las capas de aprendizaje de traumas, de supervivencia, de sufrimiento, cuando deja de identificarse con lo que hace para quedarse en la esencia de lo que es, ¿es buena por naturaleza? ¿Se arrepiente de sus actuaciones anteriores? ¿O sigue convencida de que era la mejor forma de actuar?

Se estrellan los trenes. Las personas rápidamente actúan desde el corazón, tratando de salvar a los demás, buscando a los del otro tren, un chico le presta las zapatillas a una mujer herida, un par de pasajeros acompañan al maquinista de un tercer tren hasta el accidente para entender qué está pasando, el pueblo de Adamuz se vuelca en darlo todo para las personas que han sufrido esta tragedia.

Un conocido mío con el que he coincidido en distintos cursos de formación durante varios años publica en Instagram y Facebook un vídeo en el que descubro que ahora es «un tetrapléjico en rehabilitación» (según sus palabras) debido a un accidente de deporte. Comparte un crowdfunding que los amigos de su pareja han creado para apoyar a esta pareja en su nueva vida. Me quedo en shock, trato de comprender y no tengo la capacidad, me he quedado sin aliento. Pero «el observador» en mí tira completamente para apoyar a este conocido y su novia en la nueva aventura de una vida que nunca nadie programa, que viene.

Decir sí aunque no entienda.

¿Quién es quién? Salgo a la calle y veo a un hombre que tira la pelota a su perro, que la devuelve una y otra vez. Más allá, va una mujer con un carrito de la compra, hay unas chicas que van andando rápido y hablando, pasa uno en bici. Y estoy viendo el videojuego: estamos «haciendo el tiempo», lo estamos «rellenando», creando, pero desde esta interfaz limitada que es el cuerpo, jugando también con el cuerpo y llevándolo a extremos.

Ese cuerpo que es como el hardware con esa mente que es como el software.

  • El software es limitadísimo, de pronto llego a la conclusión que es como tener instalado el MS-DOS o el Windows 3.11, una cosa obsoleta, que pensar a través de ella es limitante y muy lento, no llega lejos. Porque «lo otro», el observador, el jugador del juego de los Sims, realmente no necesita articular pensamientos en palabras o hacer razonamientos complicados, sino que «le llegan» intuiciones, momentos «ajá» o «eureka» que surgen con una claridad pasmosa.
  • Y el cuerpo, el hardware, nos reclama con sensaciones como el dolor. El dolor es una experiencia intensa del aquí y ahora que cada vez me llama más la atención, porque la mente tiene mucho que ver con qué codifica cada persona como dolor, y se puede reprogramar.

Algunas de las personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte cuentan que el famoso «juicio final» lo hace en realidad la propia persona: ve al mismo tiempo un montón de escenas de su vida en las que le salió «el ego» haciendo daño a otra persona, en vez de salirle el ser sabio que reacciona y actúa desde el corazón (el que ayuda en el tren o el que se va sin pensarlo a donar sangre aquel 11M). Y sienten arrepentimiento porque dicen sentir las emociones de dolor de la otra persona. Quieren reparar el daño.

Entonces, he empezado a pensar que el ego, ese resultado del software incorporado en el cuerpo, tiene su propia personalidad, casi como si fuera otra persona. Es decir, como si en cada cuerpo hubiera dos habitantes, el jugador u observador, que está en un nivel dimensional más alto, y el ego, que es el resultado de miles de años de supervivencia y reproducción de un material biológico. Esto podría explicar la enorme diferencia que hay entre los estados Padre y Niño y el estado Adulto (del análisis transaccional). También podría explicar por qué muchos gurús de diferentes creencias insisten en que hay que deshacerse del deseo para evitar el sufrimiento. Claro que con esto último no estoy de acuerdo. Pienso más como Anita Moorjani: el ego es parte de la persona, sirve para algo, tiene su función: no te puedes deshacer del ego, es como tratar de deshacerse del cuerpo, la única forma de hacerlo es muriendo.

Entonces, los ermitaños, los que se retiran a una vida de clausura y contemplación, no tienen por qué lograr algo distinto de lo que puede lograr un paisano de la calle. Me viene a la cabeza la gran obra El condenado por desconfiado. Pero también, el camino que traza el sabio San Juan de la Cruz: el camino es nada. No hay camino. No hay que hacer nada. O, podríamos decir: «hay que hacer nada». Y lo completo con lo que dice Anita Moorjani: «Solo ser tú, amarte como eres». Y el ermitaño trata de no ser sí mismo, porque repudia una parte.

Solo ser tú, amarte como eres.

La IA no es como el atajo de la señora Todd

La IA generativa es un atajo que permite generar un contenido textual en la mitad de tiempo o menos, pero el resultado no tiene alma, huele a muerto, o a inerte, como esa comida de juguete, o esos racimos de uvas de plástico que se usaban para decorar la mesa.

Uvas artificiales en Joom.

Estas vacaciones estuve en el pueblo. A la vuelta, hice uso del GPS en lugar de ir por el camino habitual. Entonces, empecé a descubrir pueblos y paisajes, un embalse, explotaciones de tamaño familiar, carreteras anaranjadas, antiguas. El camino añadió media hora de viaje, pero fue mucho más interesante.

Usar la IA como apoyo cuando escribo mis cursos y libros es como coger autopistas: más rápido, más aburrido (y sin alma). Cada resultado, por mucho que se relea, reescriba y reformule, mantiene una esencia plastificada de la que carecen los textos redactados por humanos. Y a veces se cuela algún «garantiza», «esencial», «especialmente», «no solo, sino también», «accionable» (accionable es esto: «dicho de un mecanismo, que se puede accionar») o enumeraciones de 3 elementos, como en: «Este caso ilustra cómo la IA puede analizar datos de habilidades en masa, identificar brechas relevantes y ofrecer recomendaciones accionables».

El atajo de la señora Todd es una historia corta de Stephen King: la señora Todd trata de encontrar siempre el camino más corto al conducir. Va acortando sus recorridos hasta que se le ocurre algo: «¿Y si doblo el mapa por aquí? Entonces me salto todo esto». Lo prueba y lo logra, omite parte del recorrido de una forma imposible. Así que lo vuelve a intentar, doblando el mapa cada vez más. Lo que ocurre es que empieza a encontrar seres extraños, mundos no conocidos, lugares siniestros. Porque está pasando por sitios que «no existen».

Usar la IA en lugar de redactar por uno mismo equivale a doblar el mapa saltándose pasos, pero el resultado es exactamente el contrario: en lugar de encontrar mundos fantásticos, encuentras más aburrimiento y una labor mucho menos motivadora. Y esto repercute directamente en el destinatario de esos contenidos, en su propio aburrimiento y desmotivación. Por ello, recomiendo usarla para hacer comparaciones, tablas completas, transcribir pantallazos o solicitar referencias, incluso para tener un primer borrador de cómo quedaría un texto, pero nunca para redactar el texto definitivo.

Ralph Waldo Emerson escribió:

Los hombres muelen y muelen en el molino de un axioma y lo único que sale es lo que allí se puso. Pero en el momento mismo que abandonan la tradición por un pensamiento espontáneo, entonces la poesía, el ingenio, la esperanza, la virtud, la anécdota ilustrativa, todo se precipita en su ayuda.

Quiero que la IA haga lo aburrido, no lo divertido

Imagina que estás trabajando un contenido en Word (sea un curso, un capítulo de un libro o una serie de recetas). Puede que Copilot, ChatGPT, Gemini o Claude te den brillantes ideas, listados y perspectivas. Supón que quieres utilizar algunos de ellos. Pues bien, lo que es realmente molesto es aplicar putoformatos. Los formatos son el talón de Aquiles de los procesadores de texto, especialmente cuando se supone que te están ayudando, pero, en realidad, están entorpeciendo tu trabajo. ¿Por qué no se puede pedir a Copilot que formatee la información con títulos, negritas en conceptos importantes o listados? No, eso lo tiene que hacer el humano, mientras que una máquina está haciendo lo divertido, que es proponer ideas, puntos de vista, estilos de comunicación…

Sí, la IA te da algunos contenidos en formato de tabla o te pone negrita (demasiada y no donde debe ir), Gemini te pone viñetas o bullets y referencias en formato de superíndice… Pero se trata de algo más. Se trata de poder elaborar un contenido «en bruto» o en texto plano a la IA y decir: «Venga, ponme esto bonito» o darle un checklist de lo que se quiere y recibir el documento con sus formatos, porque es en lo que más tiempo se pierde y lo que más amarga al personal, junto con retrabajar.

Sea como sea: no te pierdas en los putoformatos. No merece la pena. El formato, en cuestión de contenidos, es lo último, lo menos importante. Sí, el mundo está inundado de cursos y presentaciones cada vez más profesionales, con un aspecto estético impecable. Pasa un poco como en las películas: técnicamente son únicas. Pero, ¿qué pasa con el guion? Pues esto es lo mismo. Coge el atajo para reducir el tiempo que dedicas a hacer tablas comparativas, para obtener ideas sobre cómo enfocar un temario, pero no lo cojas para que un ser inanimado te prive de abrir las puertas a la poesía, el ingenio, la esperanza, la virtud, la anécdota ilustrativa.

Agradecimientos

Esta entrada era la que, con tiempo y ganas, habría ido antes de la que ya publiqué antes de finalizar 2025: la de los agradecimientos. Porque llegas aquí, al momento presente, habiendo pasado por una serie de fases, de momentos y de dificultades, y a todos ellos les debes ser quien eres ahora (especialmente a los momentos y las personas difíciles).

Regalos inesperados

Muy al final de 2025 me llegó un regalo estupendo y que os recomiendo. Se trata del libro Algoritmos imperfectos, del bloguero Sergio Rozalén. Deambulando por una casa atestada de gente y de comida, buscando un rincón tranquilo, recordé que había traído conmigo este libro de ficción, compuesto de historias cortas al estilo de Black Mirror y que me ayudó a desconectar un rato y a digerir el cochinillo. Tengo que agradecer a este bloguero el estupendo regalo (la edición es realmente bonita y cómoda de leer) y tengo que recomendaros autorregalároslo, o regalárselo a alguien a quien le guste la «ciencia ficción» y los «futuros imperfectos».

Otro regalo navideño que me llegó en diciembre fue una caja de bombones de parte de uno de mis clientes. Esto fue para mí un ir más allá del reconocimiento por el trabajo bien hecho, hasta llegar al reconocimiento de mi propia persona, digamos. El ser humano tiende a valorar a las personas (y a sí mismo) por sus logros y no por su existencia. Así, tiene más valor un deportista de élite que un paisano cualquiera. Pero no es así. Simplemente, les ha tocado un rol distinto en el gran Juego de los Sims que es la vida. Porque

Nada humano me es ajeno.

Tenemos entre los humanos un potencial similar para la mayoría de las actividades, por tanto, un humano no vale más que otro, sino que es más capaz que otro para determinado tema. Pues bien, ser valorada por ser yo, por estar ahí, me llenó de agradecimiento hacia este cliente. Esto no resta el que siento hacia el resto de clientes por haber confiando en mí para sus proyectos este año, proyectos como:

  • Mejorar un curso de formación para formadores de programación para Fundae que elaboré con un equipo de trabajo en 2024: Competencias Digitales para Formadores en Programación. Está basado en el Marco Europeo de Competencias Digitales para la Ciudadanía (DigComp 2.2), niveles 3 a 6.
  • Llevar la jefatura de proyectos de formación online de FP Sanitario (ciclos de Imagen para el diagnóstico y Laboratorio) con McGraw-Hill.
  • Elaborar el contenido, storyboards y videotutoriales (grabación de pantalla) para varios cursos basados también en DigComp 2.2, de los niveles 1 a 6 y dirigidos a los funcionarios de la región ICA en Perú.
  • Escribir el contenido para varios cursos introductorios a la inteligencia artificial (sigo en ello). Me fascina este tema y la IA ya es mi colegui de trabajo de cada día.
  • Y, por supuesto, escribir muchos libros: este 2025 he escrito 5 libros sobre gestión de residuos que saldrán publicados en breve y me queda un sexto libro. Es muy interesante el tema, por cierto.
  • Además de esto, estoy escribiendo con otras dos autoras excelentes (como autoras, destreza, y como personas, calidad humana) varios libros sobre atención a personas en situación de dependencia, un tema que me llega mucho, porque mis padres van siendo mayores y lo voy viendo muy de cerca. Lo principal: «no mangonees», deja a la persona hacer todo lo que pueda, aunque vaya despacio. Esto va en pro de su autonomía.

Las personas

Varias personas han sido clave para mí este año, pero quiero agradecer especialmente a dos, de la que ya he hablado alguna que otra vez:

  • Mike Taylor: mi referencia en el mundo del e-elearning, junto con «pesos pesados» como Tom Kuhlmann o Cathy Moore. Y de gran calidad humana. Nunca he tratado personalmente con Mike, más que por email, pero, en cada newsletter que envía, destila cercanía, buen rollo y motivación. Si sois profesionales del elearning, os recomiendo altamente su libro Think Like a Marketer, Train Like an L&D Pro: Strategies to Ignite Learning. Mike y Bianca Baumann apuestan por aplicar las técnicas de marketing al diseño de la formación, algo que me parece muy acertado. No os frustréis al pensar que en España estamos a años luz de lo que se hace en EE. UU. en elearning, simplemente, tomad lo que podáis para aplicarlo aquí.
  • Araceli Sánchez: esta empresaria lleva más de dos décadas en el mundo del e-learning, esto es como decir que lleva toda la vida del propio e-learning. Trabaja de forma admirable, hemos colaborado juntas en muchísimos proyectos y es la única persona en la que confío al cien por cien si yo no puedo hacerme cargo de un trabajo. No solo es diseñadora instruccional sénior, sino que lleva un sello discográfico. Para mí es un ejemplo de trabajo duro, capacidad de gestión y tesón.

Las ventas

Os he dado la brasa a lo largo del año sobre los libros que he publicado en Editorial Paraninfo. Y ahora os la doy sobre sus ventas: han ido bastante bien. Siento un gran agradecimiento a la editorial y a las editoras con la que trabajo, a sus comerciales y a la facilidad con la que ha fluido todo.

Las ventas de los manuales Herramientas de coaching y Habilidades de comunicación en el aula han sido discretas, pero las de Itinerario personal para la empleabilidad, simplemente, se salen, pues, a fecha de hoy, he vendido más de 3.600 ejemplares. Ver tu libro en la Casa del Libro, es, simplemente, una especie de fantasía.

Las constelaciones y Brigitte Champetier

Algunas personas en esta vida logran caminar en ella en su estado adulto, superados los «debería», los perfeccionismos. Es un lujo conocer personalmente a una de ellas, Brigitte Champetier de Ribes, que ha avanzado en el camino de las constelaciones familiares aportando nuevas tomas de conciencia a partir de lo heredado de Bert Hellinger.

Tengo que agradecer el evento online «Acoger el nuevo año» que ofreció de forma gratuita y que nos permitió a muchas personas cerrar dinámicas del año anterior y abrirnos a lo que nos toque en este.

Los seres queridos

Y luego están las personas «anónimas» que no voy a mencionar por su nombre, pero que son más cercanas y que han estado ahí este año, animando, apoyando, siempre a la distancia de una llamada, de un whatsapp, gente con la que sabes que puedes contar. Definitivamente, no puedo estar más que agradecida por las personas de mi entorno más cercano, pareja, familia y amistades únicas, muchas de ellas lector@s de este blog. Gracias y feliz año 2026.

No se repetirá

Tenía en la mente una estupenda entrada de blog para cerrar 2025, pero las entregas y la necesidad de desconexión no han permitido que la entrada sea estupenda: solo es.

Revisando el famoso libro de Wayne Dyer Tus zonas erróneas, me encuentro tantos tesoros que creo que cada capítulo podría ser un libro completo. En relación con esta entrada: me deshago de la creencia «hay que hacer todo lo mejor posible / perfecto» y opto por, simplemente, hacer.

La entrada no tendrá enlaces ni imágenes, tampoco etiquetas ni una categoría especial, está escrita con un dedo a través del móvil. Pero espero que te libere a ti también: solo haz, no busques estándares de perfección.

El año 2025 ha podido ser «horrible», pero lo que has vivido no se va a repetir. Agradece todas esas vivencias con las que has crecido, especialmente si fueron difíciles para ti.

El año 2026 no es, como no fueron los anteriores, en el que «por fin ocurre lo bueno, lo que yo estaba esperando». No, es normal, te ocurrirá lo que te toque y todo tendrá sentido en una perspectiva superior que quizá nunca entendamos.

Al lado del «hazlo, simplemente», está el:

¿Y por qué no…?

Se trata de salirse del plan, de la esclavitud de los horarios, y hacer otra cosa, algo espontáneo o que suponga un desafío, algo desconocido.

La Perico

Lo que yo me he puesto como meta este año es un poco… está muy alejado de lo conocido para mí. Me he apuntado a una marcha cicloturista que, en su versión corta, tiene 129 km y 2 puertos de primera.

No tengo bici. Llevaba sin montar en bici desde hacía unos 25 años. Veía y veo religiosamente el Tour de Francia y la Vuelta a España, siempre desde la posición: ellos son otro tipo de humano, un grupo al que no pertenezco.

Pero resulta que en clase de zumba me encuentro a otra fan de Perico Delgado, otra que tenía 8 o 10 años en la época dorada del corredor segoviano, y que, desde entonces, sigue siendo fan. Y las dos, animadas por la experiencia de personas cercanas, decimos: «¿Y si nos apuntamos?».

Desde entonces, yendo a spinning, saliendo en bici, adquiriendo poco a poco una equipación cara…

¿Voy yo a finalizar una marcha tan dura? Esta no es la pregunta. La pregunta es: ¿Haberme apuntado a La Perico me motiva a entrenarme, mejorar mucho mi forma física y recuperar un deporte que me gustaba? Es así. Y me motiva estar al otro lado de la carrera, no haciendo fotos desde la distancia sino viviéndola en primera persona.

Este es un ejemplo de «hazlo simplemente, no tiene que ser perfecto» y de salirse de la rutina habitual.

Querid@s lectores, que el año os permita hacer, simplemente, explorar lo desconocido y ganar nuevos aprendizajes.

Sólido, líquido y gaseoso: ¿quién está detrás de la IA?

El pasado 3 de diciembre (2025) tuve la suerte de asistir a una conferencia organizada por Fundación Telefónica y Aspen Institute España en la que el politólogo y catedrático Fernando Vallespín dio una conferencia y luego mantuvo una conversación con la doctora en filosofía Carmen Madorrán.

Conversación entre Fernando Vallespín y Carmen Madorrán en el foro de reflexión Tech & Society.

Esta conferencia se titulaba «Polarización, nuevas tecnologías y la amenaza de los nuevos autoritarismos». De una forma muy didáctica y cercana, Fernando Vallespín explicó cómo las redes sociales están polarizando la opinión y a los propios políticos, potenciando los discursos populistas, mientras que «la calle», el pueblo, no está tan marcadamente posicionado (pero sí arrastrado por estos debates en los que o estás conmigo, o estás contra mí, esa constante crispación, esa sensación de conflicto). Esta polarización, derivada de los algoritmos, tiene detrás cuatro o cinco empresas principales, cada una con su CEO, bien conocido, que funcionan como los señores feudales alrededor del rey coronado (el presidente, en este caso, Trump), a su servicio, pero controlando sus pasos. Creo que no nos damos cuenta de la cantidad de poder que, cada día, cedemos a estas grandes corporaciones.

Otro tema que se comentó es que los que fueran garantes de los hechos o de la verdad han sido bombardeados en la línea de flotación. Antes, para comprobar un hecho, bastaba con consultar los periódicos, las enciclopedias o los tribunales. Con la explosión de las redes sociales, en las que no hay que contrastar un hecho para escribir sobre él, en las que, aparentemente, cualquiera es libre de opinar y formar parte del foro colectivo, se mezclan hechos con opiniones y se pone en entredicho la labor de aquellos garantes de los hechos.

Una persona que escribe cualquier cosa en cualquier red social, mientras cree estar compartiendo su muy interesante opinión:

  • Cede información sobre sus datos sensibles.
  • Rellena el contenido de esa red social, les hace el trabajo.
  • Es polarizada sin darse cuenta, pues los algoritmos estrechan rápido y peligrosamente lo que puede ver en esa red social.
  • Cede parte de su autoestima al tipo de respuesta que recibe: más likes, más autoestima. Sucede que se ha puesto de moda el victimismo, ya que presentarse como una víctima lleva más likes.
  • Se ve arrastrada a posicionarse ante «noticias» presentadas en forma de conflicto con «el contrario».

En la conferencia, se comentó que las condiciones de vida actuales en la Unión Europea son las mejores que ha habido: la calidad de vida es claramente más alta que en épocas anteriores. Pero hay por debajo una sensación de tristeza o descontento, que puede tener relación con esa dependencia de los likes, con ese aislamiento que realmente se produce cuando creemos estar relacionándonos a través de las redes.

Vallespín citó una frase de un pensador/escritor (no recuerdo quién) que explica por qué el género humano se ve atraído por las noticias más oscuras. Esta es la frase no literal:

Mi perro prefiere oler la mierda que el mejor perfume. Me pregunto por qué.

Así, los temas oscuros y catastróficos siempre llaman más la atención, sea en las redes, sea en la televisión, donde proliferan los programas que yo llamo «de meter miedo». Metamos miedo a la población, enfrentemos a la gente entre sí, hagamos que se decanten por una idea, desvirtuemos los hechos hasta que sean también opiniones (por ejemplo, opinar sobre si Rusia «realmente» invadió Ucrania en 2022).

Otro tema que se puso en evidencia es el alto consumo de recursos tangibles que conlleva la última aparición tecnológica, la IA: una tarde trasteando con ChatGPT consume 300 litros de agua (para enfriar los servidores que procesan los prompts). También se puede hablar del consumo eléctrico, que está demandando la instalación de nuevas centrales nucleares en EE. UU., o del consumo de litio y otros metales por el uso extensivo de baterías.

Fue interesante el contraste entre sentir que se navega «en la nube», un espacio etéreo, intangible, incluso «lejano», y el estar consumiendo recursos materiales, tangibles y limitados de esta manera tan intensiva. Fernando Vallespín lo dijo varias veces: somos animales, necesitamos el contacto humano, ¿qué es esto de permanecer en mundos cibernéticos como si no tuviéramos cuerpo? A él le horroriza.

Y esto me hizo pensar. Porque yo me paso unas cuantas horas al día en el ciberespacio. Presumo de no necesitar usar papel. En lugar de eso, estoy frente a dos pantallas y utilizo un teclado y un ratón. Todo como si no tuviera cuerpo, salvo para operar ese teclado y ese ratón, como si fuese una mente que transmite sus ideas directamente a la máquina. Algo que Vallespín llamó el humano protésico, que desde tiempos inmemoriales se ha apoyado en distintas tecnologías para llegar más lejos, como un bastón, pero también, como unas gafas de realidad aumentada (o un chip incorporado en el cerebro). Por eso, es necesario compensar estos mundos digitales con el uso del cuerpo: ir al gimnasio, en bici, bailar, pasear, hacer estiramientos, aprender técnicas de respiración, de relajación, reírse mucho, tomar el sol…

El discurso de Vallespín me llegó fácilmente, es un comunicador de primer orden, habla con precisión, claridad y con ciertos chascarrillos o situaciones cómicas que generan una sensación de cercanía en el espectador. Y yo ya conocía su forma de hablar: Fernando Vallespín me dio clase en primero de carrera, allá por 1992-93. Antes de la conferencia, mi recuerdo era muy vago: recordaba el aspecto físico de Vallespín, pelo moreno, gafas, un rostro parecido al del actor Kyle MacLachlan. Recordaba más o menos la asignatura, o bien era Teoría política o era Derecho político, algo así.

Fernando Vallespín dio una conferencia muy interesante, perfectamente explicada y de forma muy cercana.

Sin embargo, mientras el catedrático hablaba, el recuerdo se iba despertando en mi mente hasta el punto de tener la sensación de haber estado en clase hacía muy poco. Incluso recordé partes de lo que nos explicó, como la ley D’Hondt, y eso que hace 33 años de aquello (cuando la mili se hacía con lanza). Es curioso, porque ambos profesores de universidad mencionaron que en los planes antiguos (como el que yo hice) era más fácil llegar al alumnado, con el que se compartía un periodo largo, de octubre a junio, mientras que ahora solo se compartía un trimestre, y la sensación es ver pasar alumnado sin poder crear un lazo. ¿Cómo habría sido mi recuerdo del profesor si solo le hubiera visto un trimestre? Desde luego, no habría sentido tanta cercanía al volver a verle en persona. Tuve la suerte de poder saludarle al final de la conferencia, me hacía ilusión que supiera que una alumna «tan antigua» le recordaba.

Mi sensación particular con estas tecnologías es positiva: son «el futuro» presente, el avance, la forma que va tomando la civilización. Además, yo trabajo en este mundo tecnológico desde 2010, sus herramientas hacen mi trabajo más fluido, como si pesase menos y, claro, también menos «trascendente»: si antes, como mencionó el catedrático, escribías los trabajos a máquina y echabas mano del typex, ahora «se escriben solos». Su consecuencia positiva es esa ligereza y esa capacidad de rectificar y mejorar sin que se vean los tachones, su consecuencia negativa es que no cala, ni en la persona que lo hace, ni en la persona que lo recibe. Por ejemplo, para un curso que estoy desarrollando, busco recursos en internet y resulta que la mayoría de las páginas web posicionadas más arriba están totalmente escritas con una IA. Esto hace que el conocimiento quede más lejos, hundido bajo las expresiones retóricas, abstractas y vacías de estos modelos del lenguaje. Y esto me motiva: busco lo que hay detrás, compro libros, voy a otras fuentes. Trato de que la ligereza se asiente en ciertos pilares: es un reto.

La gran frustración de Gulliver en una tierra ignota

Mi tío quería ser director de cine. Desde muy joven, era muy aficionado a este arte, acudía al cine varias veces a la semana e incluso más de una vez por día, con un amigo que era más entendido y le iba instruyendo. Por entonces (alrededor de 1960), ir al cine era muy barato.

Lo más parecido al cine era el teatro. Así, en preuniversitario propuso dirigir una obra alejada de los gustos de entonces (y de lo que la censura consideraría políticamente correcto), Leoncio y Lena, de Georg Büchner. Estaba diseñando la escenografía, el vestuario, tomando notas al margen de la obra, seleccionando a los actores y las actrices… y mi abuelo, es decir, su padre, no lo pudo tolerar: él era un profesor muy respetado en la misma institución, conservador. Cuando se enteró del proyecto, le destrozó todas estas notas, todo este trabajo y le dijo: «Olvida tus pretensiones de hacer la obra». De hecho, ese año no hubo ninguna representación.

Mientras probaba a estudiar una carrera que no le interesaba y hacía sus pinitos en eso de ser «hippy», mi tío seguía determinado a ser director de cine. En esa época, no existían titulaciones relacionadas con el cine… hasta que surgió la Escuela Oficial de Cinematografía. A pesar de la oposición de su padre a las inquietudes artísticas de mi tío, se ofreció a pagarle la cara prueba para acceder a esta escuela: él le quería, pero no podía comprenderle. Eran tres las pruebas. Mi tío pasó las dos primeras y quedaron 150 finalistas. Se les citó a las tres de la tarde para una entrevista personal con un tribunal, por lo que a los últimos, mi tío entre ellos, se les entrevistó sobre las once de la noche. Eran nada menos que Miguel Picazo y Luis García Berlanga los que, cansados de escuchar respuestas a «¿Qué significa para usted ser director de cine?» no prestaron mucha atención. Mi tío no pasó esta prueba.

En la mili, se eligió a su destacamento para formar parte del rodaje de una película. Tenían que hacer de soldados ingleses en El largo día del águila, de Enzo G. Castellari. Mi tío disfrutó haciendo de extra y dejándose caer abatido por el fuego de las metralletas… más de una vez: se recreaba en mostrar una muerte realista y se situaba varias veces ante el objetivo de la cámara. Se lo pasó pipa.

En diciembre de 1988, RTVE convocó el Primer premio de guiones dramáticos. Y mi tío, Jesús Casado López, ganó este premio. Se le habló de producción inmediata y vio el cielo abierto: ¡por fin voy a entrar al mundo en el que quiero estar! Pero… la vida dio un giro de guion bastante doloroso. La dirección de RTVE cambió y el nuevo director suspendió los proyectos que estaban en curso.

Además de estos hitos, durante toda su vida probó de todo, se movió en círculos de personas muy famosas/importantes, fue «negro» como guionista en series conocidas… Pero nunca logró su sueño y el dolor y la frustración que le ha provocado esto siguen vivos en él.

La visión desde la perspectiva del Juego de los Sims

En las memorias de mi tío hay mucha más información, claro: es toda una vida, desde antes del nacimiento en 1948 (mi tío se lo imagina de una forma bastante graciosa) hasta antes del irremediable final que tendrá. Pues bien: solo un observador externo, imparcial y no involucrado con los acontecimientos puede darse cuenta de la enorme cantidad de pistas que estaba recibiendo mi tío a lo largo de su vida. Pistas que se resumen en una frase contundente:

Por aquí no es.

Por ejemplo, con bastante facilidad logró ser un alto directivo de un laboratorio farmacéutico internacional, en una época en la que el país se estaba reconstruyendo y se atraía la inversión extranjera para lograr tener puestos de trabajo y movilizar una España que había quedado anclada en el pasado. Cierto que años después se vio obligado a dejar ese puesto, pero, mientras duró, la vida le estaba dando señales, algo como: «Date cuenta de dónde obtienes dinero con mayor facilidad, dónde te sientes a gusto y eres capaz de salir adelante con soltura, dónde tienes la oportunidad de acceder a otras cosas que te gustan mucho, como los grandes viajes o comer en buenos restaurantes».

Esta pudo ser una de esas comidas en un caro restaurante.

También con pocas dificultades pudo trabajar en diferentes puestos, incluida la redacción y maquetación de una revista mensual. Llegó a montar su propia empresa y a tener varias personas empleadas. Llegó a disfrutar de actividades de alto nivel con algunos clientes importantes, yendo a jugar al tenis frecuentemente, a esquiar, a los grandes viajes que mencionaba… PERO: él no valoraba nada de esto; quizá lo daba por hecho. Él solo se fijaba en cuánto se estaba alejando de lo que para él era su destino, la gloria como director de cine. Solo veía pasar los años y encontrarse constantemente con puertas cerradas, cuando no con portazos. Los regalos de la vida no los veía como tales. ¿Cómo habría sido todo si él hubiera dicho sí, si hubiera permitido y aceptado el camino que trazaba el misterioso juego de los Sims? ¿Cómo se sentiría ahora, tras una vida sintiendo que vivía un guion idiota y de pequeño perdedor, nunca escuchado, nunca leído, perdido como Gulliver en una tierra de seres extraños?

Me parece que este juego solo consiste en mover la rueda, en hacer que todo avance, que, simplemente, funcione, incluso si nos parece que nuestra labor es totalmente absurda o muy alejada del ideal y de la perfección. Como dice con frecuencia Brigitte Champetier:

La misión de vida solo se conoce al final.

Recordad que en «No hay plan B» os había contado el horrible destino de un hombre que se pasó la mayor parte de su vida en la cárcel por un delito que no había cometido. Se me ocurren pocos destinos peores. El juego es más grande que nosotros, pequeños mortales.

Dar la vuelta al calcetín

Estoy leyendo las memorias de mi tío, uno de los hermanos menores de mi padre. Es muy interesante comprobar cómo era la vida hace relativamente pocos años, cómo suceden las cosas y da la vuelta el destino y qué papel jugamos en ello «los simples mortales».

En este Juego de los Sims, parece que se tiene mucha libertad de elegir cómo jugarlo, mucha influencia en cómo se van a desarrollar los acontecimientos y, al mismo tiempo, poca o ninguna capacidad para determinar qué es lo nuevo que viene.

Y todo es como en Matrix, una interfaz de ceros y unos que se concreta en objetos reconocibles cuando se dirige la mirada. Según describen las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, como Anita Moorjani, se puede hacer mucho más con la intención, con la atención. ¿Dónde va tu mirada?

Esto es lo que he pedido a la IA para que genere esta imagen: Quiero una imagen que refleje la consciencia del universo, formada por las conciencias individuales de las personas.

Hace años que, por temas de salud, soy aficionada a los temas de nutrición (que por cierto, han ido variando con los años y cambian de un profesional a otro). Y he llegado a la conclusión de que el papel de la alimentación no es tan central en el bienestar, dados unos mínimos: observa a los perros y los gatos domésticos, que comen pienso y están tan felices, llenos de energía y con muchas ganas de jugar, viviendo el máximo de sus esperanzas de vida: no es la comida lo que determina el bienestar, la felicidad o la longevidad. Podríamos equipararlo a la gente que bebe alcohol y/o fuma toda su vida y vive más de 90 años.

Luego están hábitos como hacer ejercicio (pero ejercicios de fuerza, ya otras cosas parece que no valen, según la moda), ver la luz del día por la mañana, los ayunos intermitentes, las gafas con filtro de luz azul… Pienso en los mineros, en concreto, aquellos mineros de Chile que estuvieron 69 días enterrados a unos 700 metros de profundidad, sin casi comida ni agua. El ser humano es capaz de sobrevivir a condiciones extremas (luego: deja de quejarte).

Dar la vuelta al calcetín

Los males no están fuera de ti. Ese proyecto horrible, esa persona difícil, esa situación económica frágil, esa persona que no te hace caso, esa app de citas que solo te devuelve el vacío… Dale la vuelta. Empieza a verlo como una Matrix en el que solo existes tú y tu visión del proyecto, de la situación, de las personas, de las herramientas a tu alcance… Entonces, ¿de verdad «la culpa» o «la responsabilidad» están ahí fuera?

«¿Y si nuestras decisiones personales influyen de manera integral en el desarrollo de nuestra realidad?», se pregunta el neurocirujano Eben Alexander III.

Según el idealismo metafísico, la mente es el fundamento último de la realidad y los objetos materiales solo existen en la medida en que son percibidos o concebidos por una mente. Por lo tanto, la realidad depende del pensamiento o de la experiencia mental.

Me gusta pensar que la Luna está ahí fuera aunque no la esté mirando. Albert Einstein.

¿Cómo distinguir si es mi guion de vida o es «el destino»?

Llevamos años «hablando» en este blog sobre guiones de vida, un descubrimiento del médico psiquiatra Eric Berne, según el cual, la persona se marca una trayectoria de vida cuando tiene entre 5 y 7 años y luego la va ejecutando como si se tratase de un guion teatral o cinematográfico. Este plan incluye hasta la edad a la que se va a morir y la forma en que va a ocurrir. El guion de vida es la estrategia que se traza para jugar al juego de los Sims.

Cuando nos sucede algo, ¿depende del guion que nos hemos marcado o de un destino externo e incontrolable, es decir, de lo que esté diseñado en el gran juego?

Esta pregunta es importante, pero difícil o imposible de responder. En cambio, si actuamos con la premisa de «voy a permitir y aceptar los acontecimientos tal y como suceden», comenzamos a alejarnos de ese guion y, sorprendentemente, también nos alejamos de lo que parecía un destino ineludible.

Digamos que estos son los pasos para vivir de esta otra manera, dando la vuelta al calcetín:

  • Se observa un cambio en la realidad, por ejemplo, la aparición de la IA.
  • Se permite y acepta el cambio, aun sin entenderlo: ok, la IA está ahí y yo estoy aquí, podemos convivir.
  • Se evita etiquetar ese cambio, sobre todo si las etiquetas son negativas, porque «entramos en guion» y dejamos de estar en el presente. Evitamos: «La IA nos va a quitar el trabajo, nos va a engañar, nos va a manipular», tanto como: «Juas, estoy colando trabajos hechos con la IA y nadie se entera, je, je».
  • Se continúa adelante con una visión integradora, tipo: «Puede que yo utilice la IA y esto me sea de ayuda».
  • Se olvida el tema por completo. Esto es muy importante: no fijar la atención en algo que nos impone, nos da miedo o rechazamos fuertemente. La frase es: «Sigue con tu vida».
  • Al cabo de un tiempo, «cuando quieres darte cuenta», la IA y tú formáis parte de un proyecto, o te está ayudando a aclarar tus ideas.

Esta es la primera entrada directamente añadida en la nueva categoría del blog, Juego de los Sims. Podrás encontrar más entradas relacionadas con esta forma de ver la vida accediendo a la categoría.

De inscripciones

Os traigo tres textos muy distintos, tres «inscripciones» que nos pueden ayudar a explicar el mundo… o al menos, a tener visos de él.

Cuando la traducción automática es traidora

Se dice que «traductor, traidor» y en el caso que os traigo es exactamente así. El traductor ya no está en soledad ante el texto. Ahora (lo sé porque he traducido contenidos técnicos durante 10 años) el traductor debe trabajar con herramientas de traducción automática y ajustar el resultado. Esto significa que encuentra líneas de texto traducidas por inteligencia artificial y debe revisarlas y comprobar que son adecuadas. En ocasiones, se considera que el coste de esta revisión experta no interesa porque no añade demasiado valor, y nos topamos con páginas como la siguiente:

Encontrado en una página web explicativa de Windows, donde pone: Cómo restaurar una copia de seguridad? ¡Nosotros te damos la espalda!

Con optimismo y motivación, esta página web celebra que «te da la espalda». Todo viene de que en inglés copia de seguridad es backup (respaldo), por lo que se intuye que se alegran de darte respaldo.

No te rindas

En ocasiones, los azucarillos o las servilletas de bar compiten con Mr. Wonderful y quieren desearte cosas muy buenas. A veces, me llevo el sobre de azúcar, porque, cortando un poco el texto, sí me resulta motivador y simpático. Estos textos están escritos en papel, algo en principio más duradero que una página web del ciberespacio, pero es un papel de usar y tirar, está destinado a identificar el producto (azúcar) o el lugar (Bar Pepe).

El sobre reza: «Aunque te sientas perdido y sin fuerzas, recuerda que cada día puede ser el comienzo de algo maravilloso. No te rindas».

Por mi parte, extracto el texto y leo la primera línea y la última:

Aunque te sientas perdido y sin fuerzas, no te rindas.

Me parece un mensaje con más energía, que tampoco llega muy lejos, pero quita la parte menos creíble del mensaje original.

La última palabra

La última palabra puede que sea la que escriben sobre tu lápida. Lo escrito en piedra se torna sagrado: jeroglíficos egipcios, piedra Rosetta, estelas romanas… Aquí no hay lugar para la rectificación, ya no podemos traducir alegremente ni emitir un texto al que le sobran partes, o que tiene erratas. Lo escrito en piedra queda.

Tras unos 30 años queriendo rendir mis respetos, por fin encuentro la tumba de don Benito Pérez Galdós, cuyo Episodio Nacional El abrazo de Vergara, inspiró uno de los post más leídos de este blog. La tumba de Galdós pasa totalmente desapercibida en el cementerio de la Almudena, en Madrid. Es una tumba más, sin nada destacado y, además, es una tumba de muchas personas, donde él es «uno más».

Tumba de Galdós en el cementerio de la Almudena, donde hay otras siete personas enterradas.

Pensaba que, al ver la tumba del escritor que más admiro y desde hace más años (desde que a los quince años leí Doña perfecta), me vendría abajo de la tristeza por su pérdida, por tener delante la prueba de que el admirado se fue hace mucho, no está presente y no se le puede conocer. Pero no sentí absolutamente nada. La lápida era fría y expedita. Ni siquiera había una breve mención, tipo «escritor», o «autor de los Episodios Nacionales» o «gran autor español», etc.

Me pregunto, como este escritor, si es esta la tumba que merece Galdós. Si entráis en el enlace, veréis que en la foto que he tomado yo la tumba está limpia, lo que muestra un mantenimiento, y además trae un QR acompañando un clavel fresco. El QR da acceso a este otro enlace sobre el autor. Por cierto, ¿qué pensaría don Benito sobre esto del QR?

La impermanencia

Quizá en el futuro, cuando otras civilizaciones excaven en busca de evidencias de los avances de nuestra civilización, no encuentren demasiado. Quizá saquen conclusiones equivocadas, porque no tendrán evidencia del alcance de aquello que se inscribió en el espacio digital. Tal vez, los servidores ya no funcionen, internet no exista y la IA quede en el olvido. Entonces, aquella gente ¿repetirá lo que ya se ha hecho?

Lo que no se ve

Alguno de mis seguidores más constantes ha advertido que le llegan menos envíos de este blog. En efecto, de recibir uno a la semana pasó a recibir uno cada quince días y luego a no recibir nada.

Igual has notado algo parecido en cuentas que sigues en redes sociales o en canales de vídeo, que, de repente, desaparecen.

Pues bien, puede haber razones buenas y malas por las que esto ocurre y, en mi caso, puedo decir que son excepcionales: tengo muchas cosas cociéndose en estos momentos, lo que hace que la mayoría de mi tiempo sea productivo y pueda reflexionar poco sobre los temas que se tratan en este blog.

¿En qué estoy?

Cuando un potencial cliente me pide que le muestre trabajos anteriores, me remito a mi escaso y tal vez algo desactualizado portafolio. Esto se debe a que la mayoría del trabajo que hago es confidencial, a veces por siempre, otras veces hasta que se publica. Por ello, os puedo contar poco de lo que estoy haciendo, pero sí puedo compartir mi felicidad y absoluto agradecimiento por todo el trabajo que estoy pudiendo realizar como autora de formación. Así, por encima, estoy:

  • Escribiendo varios libros para el certificado de profesionalidad de Gestión de residuos urbanos e industriales.
  • Coordinando y escribiendo contenidos relacionados con Dependencia.
  • Escribiendo cursos online muy completos y exhaustivos basados en las Competencias digitales DigComp 2.2.
  • Escribiendo un curso online para la especialidad formativa de Inteligencia artificial aplicada a RR. HH.
  • Retomando una novela que escribí y dándole un ángulo completamente distinto, lo que hará que tenga que descartar muchas páginas y añadir otras nuevas. Confío en que el nuevo enfoque haga la novela más dinámica y publicable.

Sigo a la zaga de las distintas herramientas de IA (no es posible estar al día, como reconoce el propio Ethan Mollick, profesor de la Universidad de Wharton, que se ha erigido como un experto en el tema por el tiempo que le dedica y la profundidad con la que trabaja).

¿Sabías que Darwin guardó su teoría de la evolución en un cajón durante diez años? Eso, al menos, según el libro The Moral Animal. Ahora no se lleva esto, se lleva comunicar a cada minuto en qué se está y qué se ha logrado. Pero él vio que aquello era gordo, porque iba en contra de las creencias católicas extendidas y que él mismo compartía.

Otro caso que me viene a la mente es el de Orison Swett Marden, que estaba finalizando el manuscrito de Pushing to the front cuando se le quemó por completo… y lo reescribió de nuevo, de pe a pa. Personas en sus despachos, haciendo un trabajo profundo y detallista. La exhibición constante, al menos para algun@s de nosotros, especialmente personas introvertidas, es un desgaste que impide la calma y el silencio necesarios para crear un trabajo de estas características.

Una mujer en algún lugar, elaborando una teoría muy interesante e innovadora. Generado con IA.

Las fotos que no se hacen, los momentos que no se comparten

Desde hace algún tiempo, cada día salgo para ver la luz del amanecer. Camino unos veinte minutos y vuelvo. Doy gracias a que puedo hacer esto: soy una privilegiada. Si el día está bonito o veo algo que me llama la atención, hago una foto y la comparto en mi estado de WhatsApp, reservado para personas cercanas. Celebro así el nuevo día. Pero las fotos que comparto palidecen ante los momentos que no comparto, simplemente, porque son privados, no son fotogénicos o un poco de todo.

Nos hacemos una idea de cómo es el mundo a través de lo que encontramos en redes sociales. Pero se nos olvida todo aquello que no está ahí, todos los momentos de intimidad, de privacidad, que aún algunas personas se guardan, los momentos de trabajo duro, de elaborar un proyecto, de concebir una teoría y dejarla reposar, o, simplemente, de disfrutar de la vida. Se nos olvida también que lo que se nos muestra es, cada vez más, una especie de espejo reducido de nuestros intereses: una red social te muestra solo unas diez cuentas de todas las que sigues, siempre las mismas, y tienes que buscar manualmente otras si quieres saber qué publican. Inadvertidamente, los algoritmos ocultan a las personas aquello a lo que no reaccionan, mostrando solo lo que les gusta mucho y lo que no les gusta nada.

Los algoritmos empequeñecen el mundo de las personas.

Como el ser humano es ombliguista, es decir, centra su interés en su ombligo, suele creer que, cuando no sabe de una cuenta, o de una persona, es porque esa persona se ha alejado o enfadado con el ombliguista, si le conoce, o porque ya «no está haciendo nada». No se plantea que la persona puede tener mucho trabajo, estar en un momento de cambio vital, no desear o no poder compartir, sin que esto signifique que odie a la gente. Si pasa mucho tiempo, lo que no está desaparece de la conciencia.

Así, ten en cuenta que el blog sigue vivo y te seguirán llegando reflexiones que espero que te interesen. Hablando de esto: se admiten sugerencias de temas que tratar o extender más. Comenta o escribe, ¡y gracias por leer!