Descuentos: atajos para no solucionar problemas

En los últimos posts hemos hablado de caricias y de cómo a veces nos negamos a recibirlas, “descontando” o filtrando la información recibida. También hicimos una distinción entre una caricia negativa y un descuento: la caricia negativa es objetiva y constructiva, puedo hacer algo con la información que se me ofrece. Con el descuento no puedo hacer nada, ya que conlleva una distorsión de la realidad.

El descuento ignora la realidad y no resuelve problemas

¿Qué es un descuento?

Un descuento es ignorar inconscientemente parte de la realidad con el fin de no resolver un problema. Es una reacción de pasividad, tal como definieron los Schiffs (la familia Schiff desarrolló esta área de conocimiento del Análisis Transaccional).

¿Por qué ignoramos información relevante? Porque seguimos las decisiones tomadas en nuestro guion de vida, a muy temprana edad, por lo que son decisiones de “pensamiento mágico”, que no tienen en cuenta lo que está ocurriendo, pero sí nuestras creencias, los mandatos recibidos, etc.

La manera en la que se instrumenta un descuento es siempre la de darse un exceso de importancia, incluso de forma negativa: hacer una montaña de un grano de arena, viviéndonos con dramatismo (y egocentrismo).

Esta manera de no resolver problemas se instrumenta según alguna de las siguientes conductas pasivas:

No hacer nada

Se trata de evitar actuar. La persona no reacciona, simplemente se queda paralizada y en silencio, como si no pudiera pensar. Es como si su inconsciente bloquease toda la información que está recibiendo y que le puede permitir resolver la situación. Lo que se descuenta aquí es la propia capacidad de actuar.

Sobreadaptación

Es una reacción a lo que se cree que son los deseos de los demás, sin comprobarlos y sin valorar tampoco los propios deseos. Así, una respuesta de sobreadaptación es decir lo que se piensa que la otra persona quiere oír, sin valorar realmente la información que nos ha proporcionado. Otra opción es escuchar algo que no nos gusta y hacer como si no pasara nada, pero quedarse con un gran enfado que quedará apuntado para tomarse la revancha más adelante.

Una respuesta sobreadaptada es muy valorada en sociedad:

“Mira qué persona tan amable, qué complaciente, todo le va bien, es que no da una queja”.

Por ello, también es difícil de detectar y de modificar.

La persona que se sobreadapta descuenta sus propias opciones, asumiendo las de los demás.

Agitación

¿Eres de esas personas que mientras escuchan hablar no pueden parar de mover sus piernas o sus pies? ¿O de las que tamborilean con los dedos sobre una mesa, o de las que se muerden las uñas?

Con estas conductas, lo que hacemos es desviar la necesidad de actuar hacia una actividad improductiva, que es esa repetición compulsiva de un hábito. En lugar de decir a la persona lo que estamos pensando, o de pedirle que hable más despacio, más bajo o lo que sea que ha disparado la conducta, descontamos nuestra capacidad para responder.

Violencia

Se trata de un grado alto de agitación que resulta en una acción agresiva, pero que no soluciona el problema que se ha planteado. Por ejemplo, dos personas tienen una discusión, y una de ellas sale airada de la sala, da un portazo, y después encuentra un cubo de basura y lo vuelca, o se lía a palos con un coche, o rompe una ventana con una piedra.

Es una conducta “pasiva” porque ha desviado toda la energía a una salida que no solo no soluciona el problema original, sino que tal vez provoca otros.

Para saber más:

STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS

BERNE, E. ¿Qué dice usted después de decir hola? Editorial Mondadori

My time with Jacqui Lee Schiff

 

El triángulo del amor

Puedes elegir dejar de jugar al juego que justifica tu rol victimista, salvador, o perseguidor.

En el anterior post describimos la forma en la que los tres roles no adultos se relacionan en un juego dramático que nunca termina bien, que hace sentir mal a los que lo juegan. Pues bien:

“Dos no juegan si uno no quiere”

Es lo que dice el refrán, y desde luego es el “truco” para salir del triángulo dramático de Karpman, y comenzar a vivir otra forma de relación, consciente y desde el adulto: solo depende de ti continuar en una relación de juego con los demás, o dejar de jugar y comunicarte desde otra posición.

Salir de un rol no adulto

Como vimos, cada rol individualmente puede decidir dejar de actuar según el guion que se había marcado y responder realmente al aquí y ahora que está viviendo, moviéndose desde el rol que desempeñaba a una posición de adulto:

  • El victimista puede: actuar por sí mismo/a, encontrar su fortaleza interna y su poder, responsabilizarse y amarse a sí mismo/a.
  • El salvador puede: conectar con sus necesidades y sentimientos, permitir a los demás hacerse cargo de sí mismos, conectar con su enfado y sacarlo y divertirse más.
  • El perseguidor puede: gestionar su ira y ser más asertivo, permitir que cada uno piense y actúe como quiera, trabajar su lado más vulnerable y liberarlo.

Entrar en el estado adulto

Sea cual sea tu rol predominante, dar “un paso hacia afuera” del triángulo dramático te acerca a una forma de relación de verdadera intimidad, en un “triángulo del amor”.

Esta forma de relación es totalmente ajena a los mecanismos automatizados que utilizabas. En ella, las relaciones no te dejan una sensación de pérdida y malestar, y tú eres una persona más auténtica, más parecida a quien eres internamente, detrás de la máscara. Así, te relacionas con los demás sin perder tu individualidad y sin invadir el espacio del otro.

Digamos que los tres aspectos negativos que hemos analizado en los últimos posts y que todos tenemos en alguna medida, tienen su lado positivo y de energía:

  • Frente al perseguidor, un lado más racional y movido por la búsqueda de eficiencia.
  • Frente al salvador, un lado más emocional, intuitivo y cariñoso.
  • Frente al victimista, un lado más niño, movido por la curiosidad, la imaginación y el juego sano.

La idea es reconocer desde dónde estás actuando y salir del automatismo, volver a conectar con lo que tienes delante y abandonar el campo de batalla. Se trata de dejar de actuar desde el miedo, la obligación o la culpa.

Entrenamiento en el triángulo del amor

El triángulo del amor, relacionarse desde el adulto

Puedes entrenarte a vivir fuera del triángulo dramático de varias formas:

1) Relacionándote con otras personas

Cuando eres más consciente y te comunicas de una forma más conectada con tu interior, puede que otra persona en un rol del triángulo dramático te invite a salir de tu equilibrio: ¡bienvenida sea! Esta persona te está dando una oportunidad de crecimiento, al permitirte darte cuenta de que has caído en una conducta antigua, y al reforzar tu nueva forma de ver el mundo. Por ello, en cualquier interacción con los demás, puedes elegir entre el automatismo anterior y una experiencia nueva, probar tu adulto. Es como un entrenamiento, como una gimnasia. Puede que tú ya te relaciones desde una posición más adulta, y que la respuesta del otro siga enganchada al juego anterior: no es asunto tuyo. Un ejemplo:

– Gracias por fregar los platos.

– Pues me he cortado con el cuchillo y me sigue sangrando la herida (respuesta Victimista).

2) Leyendo novelas y viendo la tele

Este entrenamiento puede lograrse no solo con las relaciones con otras personas, también al leer novelas y ver la televisión: continuamente te invitarán a entrar en el juego dramático, a identificarte con los Perseguidores, los Salvadores o los Victimistas del mundo. A veces, entras en el triángulo de una forma tan simple como unirte a una queja de “cómo está el mundo”.

3) Con técnicas de relajación

Otra forma de entrenamiento es cualquier forma de relajación. Si estás relajado, si estás conectado con tu respiración, con el momento presente, es más difícil que entres en juegos que están fuera del aquí y ahora.

Recuerda: todo esto se trata de ti. En el momento que decides que los demás están equivocados y son los demás los que deberían salir del triángulo dramático, estás provocando un nuevo juego dramático.

Fuentes:

EDWARDS, G. El triángulo dramático de Karpman. Editorial Gaia

STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS

BERNE, E. ¿Qué dice usted después de decir hola? Editorial Mondadori

El paternalismo del rol Salvador

Soy bueno con tod@s, me lo deben todo

Otra manera de mantener un guion de vida es adoptar un rol salvador, una especie de madre buena que adivina las necesidades de todos los que le rodean y se apresura a satisfacerlas. Lo que aparentemente son buenas intenciones, empiedran un camino al infierno de la manipulación.

El salvador no permite a los demás que resuelvan sus problemas por sí mismos, ni tampoco se permite a sí mismo tener necesidades, de manera que los demás tampoco las pueden percibir. Además, el rol salvador encaja a la perfección con el rol victimista, por lo que los radares de ambos estarán en busca de su complementario.

El rol del salvador nos recuerda a la Madre Teresa
Foto de Manfredo Ferrari (Own work) [CC BY-SA 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)%5D, via Wikimedia Commons

Características del rol salvador

  • Se siente responsable del bienestar ajeno, poniéndose por encima de la otra persona en cuanto a lo que le conviene: cae en el paternalismo.
  • Busca complacer a los demás al precio de perder sus propios objetivos.
  • Evita el conflicto para potencialmente evitar el rechazo.
  • Se mantiene alejado de la profundidad emocional.
  • Busca su valoración fuera de sí mismo.
  • Puede caer en comportamientos de mártir.
  • Pueden ser encubridores pasivos de conductas que les desagradan.

 

¿Cuáles son esos beneficios secundarios que obtiene?

  • Una gran sensación de poder sobre los demás: “yo sé lo que les conviene”.
  • Manipula abiertamente a otros para mantener un equilibrio sin conflictos.
  • No necesita averiguar qué siente.
  • Evita el dolor emocional al no profundizar en las relaciones.
  • La sociedad puede percibirle como un espíritu caritativo que se sacrifica.

 

Se puede salir del rol salvador

El salvador es un rol que parece alimentarse de ayudar a los demás, sin embargo, se pierde la comunicación de igual a igual (de adulto a adulto), la verdadera intimidad, y el crecimiento que resulta de las situaciones de conflicto. Se pierde, sobre todo, la comunicación con sus propios sentimientos, de manera que puede pasar por la vida definido por valoraciones externas y no por su conciencia interna. La buena noticia es que se puede abandonar este rol en pos de una posición más adulta.

Pasos para salir del rol salvador:

  1. Deja de preguntarte qué necesitan los que están a su alrededor, y empieza a tener en cuenta qué necesitas y qué sientes tú.
  2. La felicidad ajena no es asunto tuyo: cada persona adulta es quien ha de satisfacer sus propias necesidades. Acepta que los demás necesitan buscar su camino por sí mismos.
  3. No hagas ver que todo va bien cuando no es así. Si un conflicto subyace a una relación, es mejor sacarlo, enfrentarlo y resolverlo.
  4. Los demás no son tan susceptibles al dolor como piensas. Di claramente lo que necesitas, lo que te molesta o lo que te gustaría que cambiara.
  5. Diviértete más. Una vez te liberes de la responsabilidad de ayudar a otros, tendrás un espacio libre y ligero para disfrutar de la vida. Puede que además necesites desahogar tu ira. Hazlo.

 

No es fácil salir de un rol que socialmente está tan bien visto. Sin embargo, no deja de ser un rol manipulador. Tu vida va a ser mucho más rica si sales de él, si te haces consciente de cuántas veces caes en estas conductas. Te vas a quitar un gran peso de encima.

Tempus fugit, pero hay vida más allá de los cuarenta

En realidad el título podría ser: “Hay vida más allá de los cuarenta, por tanto, carpe diem”.

Sin embargo, mi reflexión sobre haber pasado con éxito (esto es, viva) los cuarenta, va más en línea con la noción de que el tiempo vuela, y las cosas no siempre van a estar ahí; las cosas desaparecen. Hace poco se destruyó un monumento natural llamado La Ventana Azul de Malta. Nunca he ido a Malta, pero ahora sé que, aunque vaya, nunca podré ver la Ventana Azul.

Otro ejemplo: la mayoría de las empresas para las que he trabajado ya no existen. Sí, has leído bien, la mayoría. Hay que decir que también la mayoría de ellas han desaparecido absorbidas por un holding o un grupo empresarial, y no se han hundido sin más (pero algunas sí).

Los famosos achaques de los cuarenta

Los cuarenta y la acumulación de musgo en tu vidaLos cuarenta te traen vivencias en las que no habías pensado. Por ejemplo, empiezas a tener problemas con la dentadura, con la vista, con el colesterol… y equivalentes. En mi caso, con la dentadura. Sí, han conseguido que vivamos hasta los cien años, perfecto, pero ¿sin piños? Cuando pienso en otros cuarenta años masticando, me vienen a la cabeza imágenes de los anuncios sobre dentaduras postizas que se mueven… ¿Postizas? Pero la gente que lleva dientes postizos es de la tercera edad… Sí, ciertamente el tiempo vuela y se lleva dientes y grados de visión, se lleva la frescura y se lleva energía vital.

Cómo se proyectan los cuarenta cuando se es pequeño/a

Cuando era pequeña, los cuarenta era la frontera entre ser pequeño y ser mayor. Cuando era pequeña para mí no había edades intermedias como “los jóvenes”, sencillamente, o se era pequeño, o se era mayor, y también se podía ser muy mayor: los abuelos. Así que no tenía ni la menor idea de lo que iba a ser de mí a partir de esta frontera tan marcada en mi imaginario.

Más adelante, pensaba que solo las personas a partir de los cuarenta pueden dedicarse a “cosas serias” como escribir literatura, ejercer un cargo político o ser médico. Así que diseñé un plan para rellenar el tiempo que quedaba hasta esa lejana frontera: hacer siempre cualquier otra cosa distinta  a la que realmente deseaba hacer.

Yo pensaba que la vida iba a estar totalmente definida y cerrada a los cuarenta. Es como si se fuese a quedar impresa en un bonito cuadro: ya has llegado a todas las metas. Entonces, se supone que te has casado, que has tenido hijos, que has ido ascendiendo en tu carrera profesional y que ahora solo dejas que pasen otros cuarenta años, sin más. Así, puede que no tengas tanta energía (ni tantos dientes) pero parece como si diera un poco igual…

Cómo se vive realmente la vida a los cuarenta

Paseando a los cuarenta y captando detallesLo que he descubierto es que la vida vuelve a comenzar, no a los cuarenta, sino cada día. Nunca es tarde para comenzar algo nuevo, si bien el cuerpo te va avisando de nuevos límites. Pero el mayor límite es la creencia de lo que “no se puede” hacer a partir de cierta edad.

Gracias a este texto de Louis Hay, confirmé la idea de que pueden pasar aún muchas cosas en tu vida a partir de los cuarenta, e incluso algunas de ellas pueden ser las más importantes para ti y para tu misión. Puedes tener nuevas aficiones, puedes emprender un camino profesional distinto, puedes conocer a una persona especial, puedes tomar consciencia de la importancia de disfrutar el presente…

Además, hay premios. Uno de ellos responde al refrán:

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Puedes coincidir con personas mucho más jóvenes (incluso algunas podrían ser tus hijos, por edad) en trabajos, cursos, actividades, etc. y observar que la experiencia de la vida es un grado. Puede que sobre esa actividad concreta sepas lo mismo que ellos/as, sin embargo, has vivido situaciones en empresas, en otras actividades, en diferentes momentos de tu vida, que hacen que te sea más fácil manejar la incertidumbre.

A los cuarenta, más que nunca, es importante abrirse a lo desconocido y a lo nuevo, empezar cada día de cero, observando el presente, abriendo la mente a todo lo que te rodea. También puedes encasillarte en el bonito cuadro que pintaste cuando eras pequeño/a, la foto perfecta de familia. Es otra forma de plantearse el resto de tu vida, tus otros cuarenta años o más.

Yo elijo vivir el presente intensamente, decir sí a lo que va llegando, abrirme a evoluciones inesperadas, a tomas de conciencia que no sabía que iban a darse. Elijo no sumar años a una foto estática. Elijo vivir años en una imagen siempre renovada.

¿Y tú? ¿Qué eliges?

Puro teatro: imitación de la vida

Vista de las ruinas del teatro de MéridaAnte las ruinas romanas del teatro de Mérida, el teatro se siente vivo y eterno, como si siempre hubiese estado ahí, como si siempre hubiese sido necesario, y como si no pudiese evitar revivir cada verano en el Festival de Mérida. El teatro de Mérida se construyó en el año 15 antes de Cristo, y unos años después, en el 7 a. C., el anfiteatro.

La guía del Consorcio de Mérida explica con detalle qué zona del graderío ocupaba cada clase social: patricios, plebeyos, esclavos… y mujeres. Había un espacio “VIP”, reservado justo frente a la orchesta, para las autoridades.

Teatro romano de Mérida, vista desde las gradasEl espacio de escena es enorme, tanto, que cabe imaginar a muchos artistas entrando y saliendo: actores, músicos, danzarines, mimos y pantomimos. Situarse en este espacio, ahora de arena pero en su día de tablas de madera, y mirar hacia las gradas, sentir cinco mil miradas sobre ti… La máscara te cubre, pero al tiempo te separa del público, obligándote a proyectar la voz más alto, más fuerte.

En el anfiteatro, la guía relata los juegos que llevaban a cabo los gladiadores luchando entre sí o con fieras, y comenta que eran esclavos, esclavos muy deseados e incluso envidiados por los plebeyos, que eran hombres libres pero con muy pocos medios.

Entonces, surge la pregunta: ¿también eran esclavos los actores del teatro?

En ocasiones, sí. Cuando había que matar a alguien en escena, se sustituía al actor por un preso condenado a muerte, ya que los actores que intervenían en las obras llevaban siempre una máscara, e incluso el mismo actor hacía varios personajes, masculinos y femeninos: las mujeres todavía no subían a escena, y posteriormente solo hacían pantomimas (no hablaban).

Relieve de escena teatral con máscarasDe pronto, puedo visualizar el desasosiego de ese “no actor” al que sacan a escena a la fuerza, enmascarado, del que todos saben que no es un actor, sino un condenado, y quien va a morir en directo, y en público. Hay excitación entre los asistentes, van a ver un espectáculo de realidad del que “produce la catarsis de las pasiones trágicas”.

Siempre es difícil manejar la muerte en escena: ¿qué se hace con el muerto, aunque sea fingido? ¿Se queda en el suelo el resto de la escena? Por eso las muertes se dan al final…

Estos juegos de escena me evocan el primer texto que describe por qué a los humanos nos es tan agradable ver representar escenas “como si” fuesen reales. Aristóteles nos dice que las actuaciones son imitaciones, mímesis de la vida real. Lo explica en la Poética (siglo IV a. C.), que ahora es un clásico de obligada referencia en la teoría de la Literatura.

Esos artistas romanos imitaban individuos en la acción, haciendo cosas, ante un público de más de cinco mil personas, que acudían de día y sin pagar precio para contemplar a otros imitar la vida.

¿Qué es lo que hace que viendo imitar la vida disfrutemos tanto?

Es una pregunta que también trató de contestar Aristóteles. Según él, dos causas han generado el arte poético:

  • La actividad imitativa es connatural al ser humano desde la infancia: aprendemos imitando.
  • Todos los seres humanos disfrutan de las imitaciones.

Es importante puntualizar que Aristóteles incluye en las imitaciones las que se realizan mediante el ritmo, el lenguaje y la música, incluyendo entonces danzarines y músicos.

Además, la tragedia produce la catarsis de las pasiones trágicas: compasión y miedo. Y la compasión surge de la conciencia de que los males que suceden a otros podrían sucederle a uno mismo/a, como en el caso de ese condenado que muere en escena ante un público sobrecogido.

Hay una pregunta que me interesa más, sobre todo desde que recibo clases de improvisación en la Escuela de Jamming:

¿Qué es lo que hace que disfrutemos imitando la vida? ¿Qué nos empuja a (ex)ponernos delante de un público, incluso (sin) con máscara?

Máscara del teatro en Augusta EméritaParte de la respuesta ya nos la ha dado Aristóteles arriba: todos los seres humanos disfrutan de las imitaciones, y esto incluye tanto a los que imitan como a los que ven las imitaciones.

Existe una magia en hacerse pasar por otra persona, en llevar una máscara que crea en sí misma un personaje siempre distinto a uno mismo, incluso si es muy parecido. La magia de ser otro, de vivir realidades que no podemos vivir siendo la persona real, pero sí siendo el personaje, la excitación de saberse observado y precisamente por ello crecer en el escenario y entregar algo de dentro que momentos antes no sabemos ni lo que es, ni si va a poder salir o va a quedar encerrado bajo la capa del miedo.

Ante las ruinas del teatro de Mérida, ante mí revivieron aquellos artistas con máscara, haciendo juegos de escena (ludi scaenici), jugando a ser otros siendo ellos mismos.

Paz Castelló: Adopta a una autora

Desde finales de enero de 2017 pertenezco a la iniciativa Adopta una autora.

¿En qué consiste el proyecto Adopta una autora?

Logotipo de Adopta una autora

Supe del proyecto a través de Twitter, y me ilusionó: me pareció que mi idea de impulsar el reconocimiento de las mujeres en el mundo de la literatura encontraba un espacio. Y de esto es de lo que trata la iniciativa, de dar a conocer a mujeres que han pasado desapercibidas, o que necesitan promoción porque todavía no han llegado a consagrarse como escritoras profesionales.

En seguida tuve en mente a dos autoras que merecen reconocimiento y que no estaban en la lista de autoras ya adoptadas. Se trata de dos autoras que pertenecen al grupo de las que no han llegado a consagrarse, pero que sí han publicado varios libros y pueden dar cuenta de su solvencia.

De momento, me centré, siguiendo las instrucciones de Adopta una autora, en la primera de ellas: Paz Castelló.

¿Por qué adopto a Paz Castelló?

Supe de Paz a través de la agencia literaria Sandra Bruna, una de las agencias que sigo en Facebook. Desde el principio, el argumento de la última novela de Paz, Mi nombre escrito en la puerta de un váter, me llamó la atención por su combinación entre la denuncia de las dificultades que enfrentamos los escritores no conocidos y una trama de suspense muy atrayente. En palabras de la propia autora:

Surge tras ocho años dedicándome a escribir y vivir en primera persona la falta de oportunidades que los escritores poco conocidos tienen para publicar sus obras, mientras que los personajes mediáticos se encuentran todas las puertas abiertas. Decidí que era un tema que merecía ser contado y por qué no, hacerlo utilizando el mismo canal que denuncia, la literatura…

La autora Paz Castelló
Imagen: Página web de la autora

Desde el principio, recomendé en Facebook y Twitter el libro de Paz, porque me parecía un trabajo muy interesante. Me resultó muy agradable que ella en seguida reaccionara, me agregara como amiga y diera un “Me gusta” a mi propia página profesional en Facebook. Me di cuenta así de que Paz Castelló es una persona cercana y agradecida, y esto me animó más a continuar con este proyecto tan interesante.

Esta primera entrada es únicamente para explicaros quién es Paz Castelló y qué es el proyecto Adopta una autora.

En la siguiente entrada sobre Paz, encontrarás la reseña de su última novela. Iremos publicando con cierta frecuencia referencias a Paz Castelló que seguro serán de tu interés.

Una leyenda de amor torturado

Si te cuentan una leyenda de amor torturado el día de San Valentín, piensas que merece la pena difundirla, recordarla, rescatarla del siglo en que ocurrió.

Es el caso de la relación de amor que hubo entre José Cadalso y María Ignacia Ibáñez, que debido a esto sería llamada “la musa del Romanticismo“.

José Cadalso y su amor torturado
José Cadalso

María Ignacia Ibáñez era actriz en el teatro de la Cruz, el único abierto en la época, pues el Conde de Aranda había ordenado cerrar el resto de teatros, considerando demasiado vulgar su existencia en un siglo de Ilustración.

José Cadalso la vio actuar y se enamoró “en el acto” (pobre juego de palabras que me ha salido). Testimonio del gran amor que sintió él por ella, pero también ella por él, son sus cartas.

El proyecto conjunto era casarse en la iglesia de San Sebastián (en Atocha). Ya vivían juntos, sin embargo, el matrimonio no pudo celebrarse porque ella murió antes, de tifus.

José Cadalso cayó en una fuerte depresión y locura absoluta, y así, cuenta la leyenda (una leyenda que él mismo pudo difundir) trató de desenterrar su cadáver, que yacía en el cementerio de esta misma iglesia, y que hoy es un bonito vivero que da a la Plaza del Ángel. El Conde de Aranda habría sabido de este proyecto y consiguió frustrar el intento de desenterrar a María Ignacia.

José Cadalso se trasladó a Salamanca, quizá por ver si dejaba de hacer locuras de amor siniestro, y a la vuelta escribe la obra Noches lúgubres, donde refleja toda esta historia tan maravillosa y espeluznante de la exhumación del cadáver de su amada, más propia del Romanticismo que de la época en que se escribió, el Neoclasicismo.

Iglesia de San Sebastián
Iglesia de San Sebastián

Así que cuando paseéis cerca del vivero de la iglesia de San Sebastián, recordad que allí estuvo enterrada aquella mujer madrileña, tan magnética que volvió loco a uno de nuestros grandes escritores.

Hoy Blanca Hernández, una gran conocedora de Madrid y guía turística en nuestra ciudad, nos ha contado varias de estas historias y leyendas en el curso de Mujeres de Madrid del de la Concejalía de la Mujer del Ayuntamiento de Tres Cantos. Yo me he quedado con esta, porque me ha parecido la más bella y torturada, pero ya os hablaré de alguna que otra más.