Simbiosis, la base de la dependencia

Cuando escucho la palabra simbiosis, me viene a la mente esa relación entre dos organismos que se benefician mutuamente:

El musgo y los líquenes viven en simbiosis con las plantas

La simbiosis en el ser humano no es tan beneficiosa.

Dos mitades que se unen

En muchas parejas se da un tipo de relación basada en que “dos mitades” se unen, y por tanto, cada uno de los individuos era un ser incompleto antes de entrar en esa relación. Estas dos mitades han ido emitiendo señales verbales y no verbales sobre lo que tienen y lo que les falta. En general, uno de los dos es un niño/a que busca a una madre o padre que se haga cargo de él. Si ambos lucharan por el mismo puesto, por ejemplo el de padre/madre, uno de los dos acabaría por rendirse.

En Análisis Transaccional, esto se llama simbiosis, una relación de dependencia en la que uno de los miembros de la pareja solo se permite ser el Padre y en ocasiones el Adulto y el otro solo consigue ser el Niño, formando entre ambos un ser “completo”.

Cuando el niño crece

Conozco casos en que la persona que hacía de hijo “creció”, y entonces se buscó una igual, es decir, una nueva pareja. La que hacía de madre, despechada, me explicaba o bien que su ex pareja no sabe lo que es el amor, pero ella sí, o bien que no sabe lo que hace, o que no va a estar bien (fuera de su magnánima protección), o que ya volverá (pero no vuelve). Por supuesto, también existe lo contrario: niñas en busca de padres. Igualmente, una mujer se muestra desvalida, insegura, o bien se dedica a jugar y divertirse, mientras el hombre se responsabiliza por los dos, haciendo de padre protector o de padre crítico.

¡Doctor, doctor! ¿Qué tengo?

Otro caso habitual es el modelo doctor-enfermo. Uno de los dos en la pareja hace de médico: prescribe medicamentos y cambios en los hábitos, los supervisa, y los corrige si ve desviaciones. El enfermo se limita a pedir su medicamento, tomarlo o tratar de burlar al médico, seguir las órdenes y supervisiones, y seguir estando enfermo para poder disfrutar de este trato, a poder ser de por vida.

Ambas partes necesitan cambiar

Ocurre en estos binomios que ninguna de las dos personas está bien desarrollada. Por un lado, parece obvio que quien hace de hijo tiene que madurar y necesita responsabilizarse, crecer, ser autónomo, etc. Sin embargo, es menos evidente, pero igual de importante, el hecho de que, quien hace de padre o madre tiene totalmente reprimido su estado niño, es incapaz de disfrutar, reírse, aflojar, tener aficiones, ilusionarse. Ambas personas son “cojas” y buscan el apoyo complementario. Socialmente es maravilloso: “¡Oh, cómo se complementan!”. Lo ideal sería que cada uno de ellos fuese capaz de desarrollar sus tres estados del yo, y de mantenerse el mayor tiempo posible en el Adulto. Ni lo hace el que va de niño, ni lo hace el que va de padre.

¿Qué hacer entonces?

La solución siempre es la misma, aparentemente fácil, pero que lleva una vida:

  1. Tomar conciencia del rol que se está jugando.
  2. Dejar de jugarlo. Dos no juegan si uno no quiere.

Cuando esta toma de conciencia y renuncia al juego ocurre en una pareja de este tipo, se dan grandes inestabilidades, ambos tienen un miedo infantil a perder al otro. Pierden así el equilibrio que les proporciona no tener que desarrollar la parte de sí mismos que rechazan o que tanto les pesa. Es probable que la pareja se rompa.

A veces, no es posible mantenerse consciente mucho tiempo, y se acaba en una relación exactamente igual, con el mismo rol. Bueno, tampoco hay que dramatizar. Como en el final de Con faldas y a lo loco, te diría: “Nadie es perfecto”.

 

Sobrevivir en sociedad: más caricias

¿Pero te gusto o no te gusto?

La semana pasada hicimos una introducción al tema de las caricias, utilizando como ejemplo el uso de “Me gusta” en redes sociales.

Quedan pendientes algunas facetas interesantes de las caricias, así como ampliar otras que mencionamos solo de pasada.

"Me encanta", una caricia más intensa que "Me gusta"

 

Adaptando tu conducta a las caricias que recibes

Lo cierto es que las caricias refuerzan nuestras conductas: amoldamos nuestro comportamiento para recibir más caricias. Esto puede ser una trampa en varios sentidos:

  • No ser capaz de tener un comportamiento autónomo. Ser un Adulto autónomo es la meta de todo el desarrollo personal. Depender de las caricias puede llevarnos a una conducta del Niño adaptado.
  • Preferir la caricia ajena a la propia. Sobre todo es peligroso olvidar el propio juicio, la propia intuición, la personal manera de ver las cosas, para superponer la opinión ajena.
  • Buscar caricias negativas para justificar nuestro guion. Muchos comportamientos aparentemente autodestructivos buscan justificar unas decisiones inconscientes y desde el pensamiento mágico del niño, cuando por primera vez construimos nuestro guion de vida.

 

Caricias que no son tales

A veces recibimos un reconocimiento aparentemente positivo pero que encierra una trampa, y se convierte en negativo o no útil. Hay caricias falsas y caricias de plástico. Veamos en qué consisten:

Caricias falsas

Comienzan con un mensaje positivo y terminan con una picadura:

“¡Qué camisa más bonita! ¿La has comprado en el mercadillo?”

Caricias de plástico

Según Berne, es como dar un caramelo a un niño para luego quitárselo. Son personas que reparten caricias positivas no sinceras, muy exageradas, como una gran sonrisa, un fuerte abrazo y luego un:

“¡La sala se ha iluminado cuando has entrado! Es que todo lo que haces es perfecto, ¡es maravilloso! ¡Es ideal! ¡Es lo máximo!”

Caricias que ya no nos dicen nada

Ya mencionábamos en el anterior post que la calidad e intensidad de las caricias es variable. Podemos estar acostumbrados a recibir una serie de reconocimientos, y estos ya no nos dicen nada. Podemos además desear recibir otro tipo de caricias, pero no atrevernos a manifestarlo. Podemos incluso negarnos a nosotros mismos/as que deseamos un cierto tipo de caricias.

El banco de caricias

Las unidades mínimas de reconocimiento las vamos atesorando en un banco de caricias. Este banco puede mantenerse con “depósitos antiguos”, esto es, con recuerdos de caricias, y con auto caricias, pero no durante mucho tiempo. A la larga, los depósitos antiguos ya no nos dicen nada, y las auto caricias no son suficientes: necesitamos reponer provisiones en el entorno social. Por eso a veces, tras un aislamiento más o menos elegido, volvemos a la sociedad, al grupo. Necesitamos caricias tanto positivas como negativas, ambos tipos son una forma de aprendizaje.

Caricias negativas vs. descuentos

En el anterior post también apuntábamos la posibilidad de que una persona filtre las caricias que recibe porque no coinciden con lo que esperaba. Esto se llama hacer “descuentos”. Hay un matiz que diferencia los descuentos de las caricias negativas: el descuento conlleva una distorsión de la realidad. Veamos algunos ejemplos:

Caricia negativa: Has escrito mal esa palabra.

Descuento: No sabes escribir.

Caricia negativa: Me siento insegura cuando dices eso.

Descuento: Me haces sentir insegura diciendo eso.

Caricia negativa: No te soporto.

Descuento: Eres insoportable.

Como vemos, no podemos hacer nada con la información que recibimos de los descuentos, pero sí con la que nos dan las caricias negativas.

El peor descuento es el que nos hacemos a nosotros mismos/as:

Te dicen: “Has estado muy bien en tu presentación, ¡enhorabuena!”

Respondes: “Qué va, sólo he dicho chorradas”

En los siguientes posts veremos por qué “nos descontamos” las caricias de los demás.

 

“Me gusta”, caricia estándar en las redes

"Me gusta", la caricia estándar de las redes sociales

En este post analizamos las redes sociales desde el punto de vista del Análisis Transaccional, el campo que venimos trabajando en artículos como los de proceso de guion o los del triángulo dramático de Karpman.

Eric Berne definió el concepto de “caricia” como unidad mínima de reconocimiento que responde a nuestra hambre de estímulos. Necesitamos caricias, y si no las obtenemos, sentimos su carencia.

La palabra caricia proviene del tipo de reconocimiento que obtenemos en la etapa infantil, que es normalmente físico y no verbal: besos y abrazos. Pero también una sonrisa o un saludo con la mano son caricias, y también lo son las palabras que intercambiamos.

Trasladado a las redes sociales, una caricia es un “Me gusta”.

La ausencia de caricias puede llevar a tener dificultades de crecimiento y emocionales, se han realizado varios estudios en hogares infantiles sobre esto.

Así que todos los seres humanos preferimos tener caricias negativas a no tener ninguna: cuando somos niños, preferimos que los padres se enfaden con nosotros a que nos ignoren del todo.

Tipos de caricias

Hay varios tipos de caricias: verbales y no verbales, como hemos mencionado antes, y condicionales frente a incondicionales.

Las caricias condicionales son las que muestran reconocimiento positivo o negativo por lo que hacemos:

“No me gusta el cuadro que has pintado”

Las caricias incondicionales son las que reconocen lo que somos, sea de forma positiva o negativa:

“Me gusta tenerte a mi lado”

¿Qué tipo de caricias son las que damos y recibimos en las redes sociales? Los emoticonos son imitación de caricias no verbales (gestos), mientras que los comentarios serían las caricias verbales. De nuevo, cualquiera de nosotros prefiere recibir comentarios negativos o “No me gusta” a que nadie muestre haber visto o leído lo que publicamos.

La economía de las caricias

Claude Steiner hizo una aportación bastante interesante a la teoría sobre las caricias, y es que, por diferentes razones, vivimos una escasez de caricias basada en las creencias que nos transmiten de pequeños:

  1. No des caricias cuando tengas para dar.
  2. No pidas caricias cuando las necesites.
  3. No aceptes caricias si las quieres.
  4. No rechaces caricias cuando no las quieras.
  5. No te des caricias a ti mism@.

Observa la lista: ¿cuántas veces te guardas un elogio? ¿Por qué piensas que una caricia que has pedido vale menos que una que te dan sin pedirla?

Si seguimos las creencias de este listado, viviremos en la escasez cuando existe en realidad una abundancia de caricias.

Puedes darle la vuelta al listado y aplicarlo a las redes sociales:

La economía de caricias en las redes sociales

  1. Da “Me gusta” si algo te gusta, los “Me gusta”, “Me encanta”, etc. son gratis.
  2. Si quieres que tus amigos visiten tu blog, díselo, no dejes el enlace ralo esperando a que todos entiendan qué es lo que esperabas.
  3. Si buscas reconocimiento, acéptalo cuando llegue.
  4. Si no quieres caricias en la red, no publiques…
  5. Autocaricias: uno mism@ siempre puede darse caprichos y placeres sin tener que estar esperando el reconocimiento de los demás. Eso sí: esto no puede ocurrir online. Deja el dispositivo a un lado, y date un baño, o cómprate un bollo, o empieza con ese libro que querías leer.

Filtro de caricias

A veces, recibimos una caricia, incluso positiva, que no coincide con lo esperado. Entonces la filtramos, “descontándola”, es decir, no recibiéndola.

Por ejemplo, si lo que esperas en una publicación en Facebook es que tus amigos la comenten, no le darás tanto valor a los “Me gusta”.

O si en Twitter lo que esperas es que retuiteen una noticia que has publicado, tampoco le darás demasiado valor a los comentarios.

La riqueza está en dar valor a cada caricia recibida, ampliando el abanico de opciones que esperamos.

Hablaremos más adelante de los descuentos.

¿En cuánto valoras los “Me gusta”?

Probablemente hay caricias de mucha más calidad que recibir un “Me gusta” en las redes sociales.

Lo cierto es que damos más valor a unas caricias que a otras, según de quién vengan y cuál sea su contenido. La intensidad de las caricias es por tanto variable, tanto en su espectro positivo como en el negativo.

Para reflexionar

  1. Piensa en caricias de más calidad que las que puedas recibir en las redes sociales.
  2. Busca esas caricias, pídelas o proporciónatelas tú: esas siempre están disponibles.

 

El triángulo dramático de Karpman

En las últimas entradas hemos analizado tres roles: víctima, salvador y perseguidor, tres maneras de enfrentar la vida que no responden al aquí y ahora del presente, sino a un guion preestablecido. Si quieres recordar en qué consiste cada rol, aquí tienes los enlaces:

Los tres roles interactúan en un juego psicológico, siguiendo la definición de juego de Eric Berne: los juegos son una forma de relacionarse que se basa en la manipulación abierta del otro, y en los que los jugadores, al final, terminan con una sensación incómoda de pérdida.

Estos juegos psicológicos tienen unas reglas, tal como el resto de juegos: son repetitivos, se juegan desde una posición fuera del Adulto presente, acaban mal para todos los jugadores y suponen intercambios ocultos y contrarios al intercambio que se da a nivel verbal.

El triángulo dramático en acción

Los tres roles comienzan justificando su rol, y van cambiando de uno a otro según se desarrolla la dinámica. Puede que tengas una tendencia clara a actuar según uno de los roles, pero la interacción con otro de ellos puede hacerte pasar a un rol distinto.

La forma en la que victimista, salvador y perseguidor se persiguen fue descrita por Stephen Karpman: los tres roles se posicionan en un triángulo “dramático” y van pasando por los otros roles, “persiguiéndose”:

El triángulo de Karpman describe un juego dramático de Eric Berne

 

Cambio de rol en el victimista

El rol victimista se convierte fácilmente en perseguidor, por ejemplo al final de un juego “sí, pero…”: el victimista habrá ido echando por tierra cada propuesta de solución a un problema, hasta que se dé el giro dramático del juego, en que dirá: “¿Ves? ¡No eres capaz de ayudarme!”.

También puede escabullirse hacia el rol salvador, dedicándose a atender las necesidades de los demás para quizá reforzar su lado débil.

Cambio de rol en el salvador

A veces un salvador puede adoptar el tono victimista cuando se siente mártir: “Después de todo lo que he hecho por ti…”.

Otras veces, puede entrar en la dinámica del perseguidor, con tonos más agresivos: “¡Es la última vez que te ayudo!”

Cambio de rol en el perseguidor

El perseguidor se hace pasar por salvador cuando se presenta como el “ángel vengador” o cuando aparenta haber claudicado, diciendo: “Haz lo que quieras”, pero en un tono en el que se conserva la ira manifiesta de su rol.

También puede justificar su conducta presentándose como víctima de acontecimientos o personas de las que no tiene más remedio que defenderse (porque están equivocados).

No hay solución a este juego

Las interacciones que se dan en el triángulo no acaban en una solución, sino que refuerzan el rol que ha adoptado cada participante:

  • El perseguidor humilla y reduce al victimista.
  • El salvador cede y deja de lado sus necesidades.
  • El victimista se doblega a las órdenes del perseguidor o a la “ayuda” del salvador.

También pueden ocurrir manipulaciones en el sentido contrario:

  • El victimista manipula al salvador para que haga todo por él.
  • El salvador recorta terreno al perseguidor haciendo tareas en su lugar.
  • El perseguidor manipula al salvador presentándose como víctima de la sociedad.

Y es que, en resumen:

  1. Los victimistas buscan seguridad, y se ocultan tras el temor.
  2. Los salvadores buscan la aprobación, y se apoyan en el sacrificio.
  3. Los perseguidores buscan el control, y lo refuerzan con ira.

Uso equivocado de la ira

De alguna manera, los tres roles giran en torno a un uso equivocado de la ira, ya que los victimistas la tienen como emoción negada, a la que no acceden conscientemente, los salvadores no se permiten mostrarla, la reprimen detrás de su fachada de ayuda, y los perseguidores utilizan un exceso de ira para ocultar emociones y sensaciones de vulnerabilidad o debilidad.

El triángulo dramático de Karpman es una manera muy hábil de no entrar en la intimidad. Otras formas de lograrlo están descritas en este artículo de Criteria Literata.

La buena noticia es que se puede dejar de jugar a este juego destructivo, y en el próximo post veremos cómo.

 

Estar siempre en lo correcto: el perseguidor

¡Te pillé!

El rol perseguidor es un tipo de comportamiento que justifica un guion de vida, es un rol que aparenta mucha fuerza y vehemencia. El perseguidor siempre está alerta, en busca de aquellos que no están con él, porque eso significa que están en contra (y equivocados), de manera que puede cebarse con el rol victimista e incluso con el rol salvador.

El perseguidor es muy perfeccionista y tiene muy activo su crítico interno, que no duda en proyectar hacia afuera. Lo que logra es ocultar todo atisbo de debilidad que pudiera poner de manifiesto sus necesidades de relajo y disfrute o sus carencias.

El rol perseguidor puede vivirse como un dictador o tirano
De Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. – Archivo General Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores ([1]), CC BY 2.0 cl, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=27406280

Características del rol perseguidor

  • Ejerce su poder sobre los demás, como si estuviese en un campo de batalla, debido a su complejo de superioridad.
  • Desaprueba conductas, es el juez de los que le rodean, se siente en posesión de la verdad y por tanto el resto pueden ser señalados por su dedo acusador.
  • A veces se presenta como una víctima de aquellos que no se someten a sus indicaciones.
  • Está a la caza de los fallos ajenos para señalárselos rápidamente, y cuando los encuentra, la emoción que manifiesta es la rabia.
  • Vive en un mundo de blanco o negro: o conmigo o contra mí.

 

¿Cuáles son los beneficios secundarios que obtiene?

  • Obtiene una fuerte sensación de poder: “¡Gané la batalla!”
  • Toma su energía de todos los que están equivocados.
  • Oculta su vulnerabilidad, aparece como un ser intachable.
  • Su perfeccionismo le proporciona aceptación de la sociedad.
  • Se reserva un papel de “ángel vengador”.

Se puede salir del rol perseguidor

Un perseguidor que se siente muy imponente en su papel se está perdiendo su propia vulnerabilidad, y está dejando de lado las ocasiones para relajarse y disfrutar que le presenta la vida, por lo que en el fondo hay una parte de la vida que no está viviendo. Es muy difícil que un perseguidor quiera apearse de una posición tan fuerte, sin embargo, puede tomar conciencia de ello, con el fin de buscar una posición más adulta ante la vida.

Pasos para salir del rol perseguidor:

  1. Cálmate antes de reaccionar. Observa si esa ira que sientes realmente viene de la situación actual o de conflictos más antiguos. Piensa en si has de ser tú quien indique a los demás que están equivocados. Una buena pregunta que puedes hacerte: “¿Cómo me sentaría oír lo que estoy a punto de decir?”
  2. Los demás no necesitan ser controlados por ti, cada persona adulta está capacitada para decidir si lo que hace es o no correcto (e incluso para cambiar de opinión).
  3. Analiza qué es lo que más te molesta de los demás. Muchas veces, lo que molesta ver en el exterior no se reconoce que se tiene en el interior, o bien se desearía tenerlo.
  4. Tu lado iracundo es eso, un lado; eres mucho más que esto. Lo que puedes hacer es identificarlo y ser más consciente de él: los demás no tienen por qué aguantarlo.
  5. Hay una serie de emociones que un perseguidor evita tener, como el miedo o la vergüenza. Puedes trabajarlas, darles cabida, darte cuenta de que son emociones que todos tenemos.

El rol perseguidor se percibe como muy poderoso y es difícil por ello salir de él. Sin embargo, las personas de su entorno acaban por huir de él, si pueden, o bien le dan la razón con el fin de evitar el conflicto, o bien se someten a él en una relación desigual. ¿De verdad quieres eso para ti?

“Sí, pero…”: el rol victimista

¿Ves cómo es imposible que yo salga de aquí?

Para mantener el guion de tu vida puede que estés jugando a un juego que aparentemente te reporta lo que necesitas, pero que en realidad te hace sentir mal. Si tu forma de vivir la vida la mayoría del tiempo es la de un ser desamparado que no tiene ningún control sobre lo que sucede, probablemente estás metido en el rol victimista.

A veces los perros ponen cara de victimista

Ser victimista no es ser una víctima

El victimista cree que es víctima de los acontecimientos, de lo que le rodea, de lo que otras personas hacen. Pero solo lo cree. Tomando conciencia de ello puede empezar a ser un Adulto autónomo. ¿Por qué no lo hace? Porque hay muchos beneficios secundarios en seguir pareciendo una víctima…

Características del rol victimista

  • Se posiciona en el niño herido, viviendo la vida desde la posición infantil de no poder hacer nada por cambiar sus circunstancias.
  • Se queja de forma continua.
  • Siente pena de sí mismo/a.
  • Se siente herido, ofendido o manipulado en la mayoría de sus relaciones personales.
  • Es muy dependiente de las personas cercanas.
  • Juega al “sí, pero…” echando por tierra los intentos de ayuda que recibe.

¿Cuáles son esos beneficios secundarios que obtiene?

  • No se responsabiliza.
  • Manipula abiertamente a otros para que le consigan lo que no busca por sí mismo/a.
  • Obtiene la energía de otros (les “chupa la energía” como un vampiro).
  • Es “llevado”, como un bebé.

Se puede salir del rol victimista

A pesar de la comodidad aparente del victimista, lo cierto es que sufre mucho, sobre todo por esa sensación subjetiva de sentirse atacado o controlado por el exterior. Es la persona con este rol la que por sí misma ha de decidir salir de él, si bien es cierto que los que hacen el rol “salvador” le pueden ayudar mucho cuando dejen de ayudarle.

Pasos para salir del rol victimista:

  1. Recupera tu poder, actuando por ti mismo/a en lugar de esperar a que otros lo hagan por ti.
  2. Saca más partido a tus recursos internos: tú también eres fuerte.
  3. Deja de buscar vivir de otros o del Estado: eres capaz de mantenerte a ti mismo/a.
  4. Abandona las justificaciones del pasado, las circunstancias, los genes… Y cuéntate una historia de héroe o heroína triunfadora.
  5. Ámate a ti mismo/a en lugar de buscar constantemente el cariño y la aprobación fuera.

Como puede verse, la vida fuera de este rol puede ser mucho más significativa y enriquecedora. Mientras te abres camino hacia ella, pedimos a los demás un poco de comprensión hacia los victimistas del mundo.

¿Cuál es mi guion y cómo salgo de él?

En los últimos posts hemos analizado los seis tipos de proceso de guion que definió Eric Berne. Si te perdiste alguno, estos son los seis procesos de guion:

Tipos de guion de vida definidos por Eric Berne

¿No sabes cuál es tu guion?

En mayor o menor medida, cada uno de nosotros/as tenemos los seis patrones de conducta, pero la mayoría de nosotros tiene uno que es predominante, o bien uno principal y otro que se combina con el primero. Veamos cómo pueden ser algunas de estas combinaciones:

 

Guion “hasta” + guion “nunca”. Su lema de base sería:

No me puedo divertir hasta que no acabe el trabajo. Pero el trabajo no se acaba nunca, por lo que nunca puedo divertirme.

Guion “hasta” + guion “casi tipo 2”. Esta persona se dirá a sí misma:

No puedo descansar hasta que no llegue a la cima. Realmente, no puedo llegar a la cima: siempre encuentro una más alta. Por ello, nunca puedo descansar.

Guion “siempre” + guion “nunca”. Su creencia será:

Siempre me pasa lo mismo: conozco a una persona que me parece especial y diferente pero al final es lo contrario a lo que yo busco. Nunca podré encontrar a alguien afín a mí.

 

¿Cómo salgo de mi guion?

En una palabra: “desautomatiza“. Es decir, deja de actuar conforme a unas creencias muy arraigadas, tanto, que son inconscientes. ¿Y cómo se hace en la práctica? Dándote permiso:

  1. Guion “hasta”: monta en el pony antes de haber limpiado los establos. Es una frase de Daniel Casriel, explicando cómo darse permiso para disfrutar incluso con las tareas “obligatorias” a medio hacer.
  2. Guion “después”: dosifica tu disfrute, no es necesario quemar hoy todas las naves, el disfrute puede continuar mañana.
  3. Guion “nunca”: decide qué es lo que puedes hacer para lograr tus objetivos y entonces hazlo. Da el paso. No hables de “lo que pudo ser y no fue”, habla de lo que vas a hacer, de acciones.
  4. Guion “siempre”: no necesitas repetir los patrones, ni continuar en una situación insatisfactoria. Puedes darte permiso para abandonar lo que no te gusta, y sobre todo, para buscar lo que sí deseas.
  5. Guion “casi tipo 1”: acaba lo que has empezado, no saltes a otra tarea. En vez de ser multitarea, escoge una y acábala, llega hasta el final.
  6. Guion “casi tipo 2”: cuando alcanzas un objetivo, felicítate por ello, regálate algo, descansa y disfruta. Celebra tus éxitos antes de buscar nuevos objetivos.
  7. Guion “final abierto”: una vez llegas al final de una etapa, puedes llenar el vacío haciendo lo que te plazca: viajar, aprender fotografía, ir a exposiciones, bucear…

 

Para saber más…

El proceso de guion forma parte del Análisis Transaccional, creado por Eric Berne, una teoría de la personalidad y una psicoterapia para el crecimiento y el cambio personal. Puedes leer:

BERNE, E. ¿Qué dice usted después de decir hola? Editorial Mondadori.

HARRIS, T. A. Yo estoy bien, tú estás bien. Editorial Sirio.

STEWART, I., JOINES, V. AT Hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional. Editorial CCS.

BERNE, E. Juegos en que participamos. Editorial Diana.