¿Comprendes realmente a los demás?

La empatía es ese adecuado equilibrio en el grado de identificación con los demás. En un extremo se encuentran la antipatía y la apatía, caracterizadas por que la otra persona no nos hace sentir ningún tipo de compasión, ni tenemos deseo de comprenderla. En el otro extremo está la sobre-empatía, que es cuando nos hemos identificado tanto con el otro que podemos llegar a sufrir más que él. Lo cierto es que sobre-empatizar incluye cierta empatía, pero no permite ayudar a los demás. Hay personas que llegan a empatizar tanto con las emociones de alguien que ha perdido a un ser querido que en el entierro manifiestan mucho más dolor, lágrimas y malestar. A los allegados del difunto es claro que esto no les sirve como apoyo y sostén.

Por naturaleza, poseemos un sistema automático de neuronas que hacen de espejo de lo que observan. Este sistema, descubierto por Giacomo Rizzolatti, se dispara cuando se observa una acción y se adivina el por qué, la intención de la acción. Cuando lo que ocurre después es inesperado, surge la sorpresa, como en un truco de magia.

El hecho de que poseamos neuronas espejo no significa que seamos capaces de mostrar empatía a otras personas. Puede muy bien ocurrir que el sistema esté diseñado para poder protegernos de intenciones negativas de otros, como un ataque. Y de cualquier forma, el hecho de que nuestras neuronas modelen lo que perciben puede llevarnos precisamente a sobre-empatizar, y a alejarnos de la persona que sufre para no sufrir nosotros/as también.

Es el caso de las personas con enfermedades. Es un sentimiento bastante humano huir de la enfermedad. Identificamos el sufrimiento y automáticamente escapamos de él. No se trata tanto de evitar un contagio de bacterias o virus como de evitar un contagio emocional.

Otro tipo de personas a las que huimos son personas muy negativas, o que siempre están de mal humor. El estado emocional se pega, y no nos sirve de ningún aliento ser capaces de empatizar con el negativismo. En cambio, nos encanta estar rodeados de personas positivas, alegres, optimistas, que se ríen mucho, con sentido del humor.

En el título te preguntaba: ¿comprendes realmente a los demás? Puede que adivines sus intenciones, que te contagies de su estado emocional, pero, ¿has escuchado, de corazón, lo que te dice el otro?

Lo cierto es que para llegar realmente a lo más profundo de lo que una persona quiere expresar, se necesita un interés sincero, de corazón. Sin este interés, las respuestas que damos suelen ser autobiográficas: «Sí, a mí me ha pasado. Te cuento» Pero cuando la situación es la contraria y otra persona te responde así, te quedas un poco frustrado, con la sensación de que pretende contarte tu propio viaje a Granada.

¿Comprendes realmente a los demás?

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