¿Por dónde se nos va la energía?

Hace tiempo que me pregunto cómo es posible que los animales domésticos tengan tanta energía, reacciones rápidas, flexibles, un dominio claro de su cuerpo orientado a alcanzar lo que necesitan.

Y me lo pregunto porque no podemos achacarlo a su entrenamiento diario (suelen pasarse el día durmiendo), ni podemos achacarlo a su comida (ese pienso con olor sospechoso deja mucho que desear).

En cambio, para ver a una persona actuar con las mismas reacciones precisas y enérgicas tenemos que asistir a una exhibición de artes marciales, o de algún deporte a nivel profesional.

¿Por qué? ¿No te preguntas por qué? ¿No te gustaría tener la energía de los animales, durmiendo casi todo el día y comiendo lo necesario para estar correctamente alimentado?

Bueno, por aquí van apareciendo pistas… Por ejemplo: estar todo el día durmiendo. Alguno habrá que se apunte ahora mismo a este nuevo estilo de vida que propongo. Aunque pienso que cuando hubiera recuperado el sueño atrasado, no tendría ganas de dormir mientras luce el sol, mientras hay vida y movimiento en las calles, mientras algo sucede. Además, la reacción de un perro o un gato ante un estado de alarma es inmediata, y en la medida justa, pero al minuto siguiente, cuando ven que no era nada, están profundamente dormidos.

Quizá no sería dormir el secreto. Pero sí que tiene que ver con el descanso. El descanso de la actividad mental. Se me ha ocurrido una cosa, a ver si no es un absurdo: convoco a todos aquellos biólogos y biólogas, etólogos y etólogas, neurólogos y neurólogas, y demás sabios sobre el cerebro humano y en su caso animal, a decirme qué opinan.

Creo que el secreto del despliegue de energía que muestran los animales se debe a que no piensan demasiado.

Piénsalo (je, je).

Nuestras mascotas se quedan dormidas en cuanto no hay una actividad interesante o amenazadora ahí fuera, y se duermen porque no se ponen a pensar ni a preocuparse ni a imaginarse cómo sería si… Y es cierto que en esto se pierden cosas interesantes.

Pero lo nuestro es demasiado: nuestro cerebro consume una gran cantidad de energía en todos los procesos mentales, y además está demostrado que consume mucho más cuando se enfrenta a tomas de decisiones y sostiene dos pensamientos contradictorios al tiempo (hasta llegar a enfermar). Y consume mucho más cuando tiene que fingir u ocultar emociones. Esto conlleva un desgaste exagerado de energía.

Si sumamos a nuestros numerosos años sentados en sillas duras e incómodas que pudieran haberse dedicado a corretear cazando bichos los años que además hemos dedicado a pensar sobre cosas muy sesudas, ¿qué energía nos va a quedar? La suficiente para apretar teclas con nuestros deditos, de diferentes teclados, mandos y controles, y para mirar a unas pequeñas pantallas…
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